Nueva explosión de violencia en Francia
Islamistas y la extrema-izquierda prenden fuego a los centros de enseñanza franceses
Bajo la disculpa de la falta de profesores y la existencia de aulas en ruinas, jóvenes islamistas y de extrema-izquierda han provocado numerosos estallidos violentos que han degenerado en incendios, explosiones y destrozos. Un director ha sido rociado con gasolina y un camión de bomberos calcinado. El Gobierno de Macron, el peor valorado por los franceses en las últimas décadas, convoca un gabinete de crisis el mismo día en que presenta un presupuesto de recortes
![[Img #31244]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/3908_screenshot-2026-10-01-at-15-41-48-le-figaro-actualite-en-direct-et-informations-en-continu.png)
Empezó con pupitres apilados ante una verja y ha acabado con humo saliendo de los vestíbulos. Lo que nació la semana pasada en la periferia de París como una presunta protesta de adolescentes por la falta de profesores, las clases abarrotadas y las aulas convertidas en hornos tras el verano se ha transformado, en apenas siete días y con el apoyo de islamistas y movimientos extrema izquierdistas, en el mayor desafío al orden público que afronta el Gobierno de Sébastien Lecornu.
Este jueves, 1 de octubre, Francia amaneció con fuego en sus escuelas. En Marsella, unos asaltantes rociaron con gasolina al director de un instituto y una turba islamoizquierdista incendió el camión de los bomberos que acudían a sofocar otro foco. En Nantes, las llamas devoraron el vestíbulo del liceo Nelson-Mandela. Y la ola violenta, que ya había sumergido a más de 350 institutos, empezó a lamer los campus universitarios y hasta algunos colegios.
El primer ministro reunió a mediodía una célula interministerial de crisis. Lo hizo, además, el mismo día en que su Gobierno presentaba unos presupuestos para 2027 cargados de recortes impopulares: gasolina para un incendio que, de momento, nadie sabe cómo apagar.
El episodio más grave se vivió en los barrios del norte de Marsella. Cuando un camión de bomberos llegó al liceo Saint-Exupéry para apagar un fuego, cientos de jóvenes lo rodearon, obligaron a la dotación a abandonarlo y le prendieron fuego, según la policía citada por Reuters. Imágenes difundidas por Le Figaro muestran el vehículo saqueado y en llamas. En la misma ciudad, en el liceo Victor-Hugo, unos atacantes rociaron con gasolina al director, que resultó herido. La fiscalía confirmó la agresión sin dar más detalles sobre su estado ni sobre los autores.
En Nantes, el fuego prendió por la mañana en el vestíbulo del liceo Nelson-Mandela y trepó por la fachada antes de ser controlado. La subdirectora, Gaëlle Cordier, lo describió a la AFP como un incendio provocado. El teniente de alcalde Olivier Chateau precisó que el edificio fue evacuado, que no hubo heridos y que los alumnos que llegaban fueron enviados a casa.
No fue un hecho aislado. La prefectura de Loire-Atlantique contabilizó nueve centros dañados en la ciudad y fuegos en tres de ellos, y atribuyó la violencia a individuos ajenos que se mezclaron con los estudiantes para atacar los edificios.
El mapa del jueves dibuja un país en tensión de punta a punta: Lyon, Grenoble, Besançon, Nîmes, París, Estrasburgo. En Île-de-France, más de 200 liceos sufrieron alteraciones y en medio centenar hubo violencia, choques o destrozos. Un detalle anticipaba la escalada: el lunes 28 ya había ardido el liceo Aimé-Césaire de Lille.
Detrás del humo hay un pliego de quejas muy prosaico. Los alumnos de secundaria protestan desde la semana pasada por los horarios, el tamaño de las clases, la falta de profesores sustitutos y unas aulas que se recalentaron con las olas de calor. Algunos describen barracones prefabricados con cucarachas, ratas y temperaturas extremas.
El movimiento arrancó en la región de París y se propagó por todo el país en cuestión de días. En los campus, la lista se alarga: los universitarios piden acabar con la congelación de las ayudas a la vivienda (APL), más medios para la enseñanza superior y frenar la supresión de plazas docentes y los recortes de becas.
El contexto social es inflamable. Los funcionarios están en la calle contra la congelación de su salario de referencia, los bomberos llegan exhaustos tras un verano de incendios y el Gobierno ha presentado este jueves unos presupuestos de 2027 con recortes muy impopulares.
Las cifras oficiales suben cada jornada: de 180 centros afectados el lunes a 356 institutos el miércoles, con 625 detenidos —la mayoría adolescentes— y 83 agentes heridos. El jueves, el contagio saltó a una treintena de campus.
![[Img #31243]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/7296_captura-de-pantalla-2026-10-01-154740.png)
La portavoz de la Union étudiante, Sabrine Kharbach, subrayó la magnitud con una comparación: el primer día de la protesta contra la reforma de las pensiones solo hubo siete universidades bloqueadas. Ya antes del jueves habían amanecido cerradas Lyon II, Sciences Po Lyon, Clermont-Ferrand, Poitiers y dos campus de Toulouse.
Sebastien Lecornu, primer ministro de Francia, presidió a las 13.00 una célula interministerial de crisis en el Ministerio del Interior. Al salir, pidió a sus ministros que cancelaran sus desplazamientos de los próximos días para dejar el terreno a los prefectos.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, convocó por videoconferencia a los 36 fiscales generales a las 17.30 para exigir una "respuesta penal firme". Su colega de Interior, Laurent Núñez, habla de violencia urbana, sostiene que hay alborotadores islamoizquierdistas que saltan de un instituto a otro para prender la mecha y defiende que la policía ha actuado con proporcionalidad.
El titular de Educación, Édouard Geffray, ha pedido pasar a clases a distancia allí donde haya bloqueos y ha trazado la frontera en redes: "Golpear, amenazar, quemar o impedir que los demás estudien no lo es". El Gobierno ha ofrecido una plataforma de concertación, pero los sindicatos estudiantiles llaman a mantener los bloqueos.
La protesta ha caído, además, en plena precampaña de unas presidenciales que se celebrarán dentro de siete meses. El impresentable islamo-izquierdistaJean-Luc Mélenchon se ha plantado ante los liceos y dice estar orgulloso de defender a "nuestros hijos de la salvajada policial". El diputado Louis Boyard ha pedido que el movimiento se extienda, y el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, llegó a justificar la violencia en determinadas circunstancias, palabras que Núñez calificó de muy graves.
El resto del arco político ha cargado contra los rojifascistas de La Francia Insumisa. Gabriel Attal le exigió que deje de usar a los jóvenes como "carne de cañón", y Édouard Philippe recordó que se puede reivindicar sin bloquear un instituto. Geffray habla abiertamente de instrumentalización política de la juventud.
Nada apunta a una tregua. La Union Étudiante, primer sindicato estudiantil del país, atribuye la amplitud del movimiento a la intensidad de la rabia y ha convocado una nueva jornada de bloqueos el martes 6 de octubre, aunque las protestas pueden no esperar a esa fecha.
Marine Le Pen, diputada y máxima responsable de la formación RN, explica que "Marsella, Lyon, Grenoble, Besanzón, Nîmes, Estrasburgo: en todas partes de Francia, la situación se degrada. Profesores son atacados, el mobiliario urbano es incendiado, los autobuses son apedreados. Al presentarse personalmente frente a los liceos para arengar a los jóvenes, al llamar a sus militantes a la insurrección, al enviar a sus diputados frente a los establecimientos, Jean-Luc Mélenchon lleva una pesada responsabilidad en la situación que vive hoy nuestro país. El orden debe ser restablecido y el acceso a los liceos asegurado. La seguridad de los alumnos y de los profesores debe ser garantizada. Nada puede justificar que estos desmanes, cometidos desde hace varios días y que se intensifican, perduren".
Bajo la disculpa de la falta de profesores y la existencia de aulas en ruinas, jóvenes islamistas y de extrema-izquierda han provocado numerosos estallidos violentos que han degenerado en incendios, explosiones y destrozos. Un director ha sido rociado con gasolina y un camión de bomberos calcinado. El Gobierno de Macron, el peor valorado por los franceses en las últimas décadas, convoca un gabinete de crisis el mismo día en que presenta un presupuesto de recortes
![[Img #31244]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/3908_screenshot-2026-10-01-at-15-41-48-le-figaro-actualite-en-direct-et-informations-en-continu.png)
Empezó con pupitres apilados ante una verja y ha acabado con humo saliendo de los vestíbulos. Lo que nació la semana pasada en la periferia de París como una presunta protesta de adolescentes por la falta de profesores, las clases abarrotadas y las aulas convertidas en hornos tras el verano se ha transformado, en apenas siete días y con el apoyo de islamistas y movimientos extrema izquierdistas, en el mayor desafío al orden público que afronta el Gobierno de Sébastien Lecornu.
Este jueves, 1 de octubre, Francia amaneció con fuego en sus escuelas. En Marsella, unos asaltantes rociaron con gasolina al director de un instituto y una turba islamoizquierdista incendió el camión de los bomberos que acudían a sofocar otro foco. En Nantes, las llamas devoraron el vestíbulo del liceo Nelson-Mandela. Y la ola violenta, que ya había sumergido a más de 350 institutos, empezó a lamer los campus universitarios y hasta algunos colegios.
El primer ministro reunió a mediodía una célula interministerial de crisis. Lo hizo, además, el mismo día en que su Gobierno presentaba unos presupuestos para 2027 cargados de recortes impopulares: gasolina para un incendio que, de momento, nadie sabe cómo apagar.
El episodio más grave se vivió en los barrios del norte de Marsella. Cuando un camión de bomberos llegó al liceo Saint-Exupéry para apagar un fuego, cientos de jóvenes lo rodearon, obligaron a la dotación a abandonarlo y le prendieron fuego, según la policía citada por Reuters. Imágenes difundidas por Le Figaro muestran el vehículo saqueado y en llamas. En la misma ciudad, en el liceo Victor-Hugo, unos atacantes rociaron con gasolina al director, que resultó herido. La fiscalía confirmó la agresión sin dar más detalles sobre su estado ni sobre los autores.
En Nantes, el fuego prendió por la mañana en el vestíbulo del liceo Nelson-Mandela y trepó por la fachada antes de ser controlado. La subdirectora, Gaëlle Cordier, lo describió a la AFP como un incendio provocado. El teniente de alcalde Olivier Chateau precisó que el edificio fue evacuado, que no hubo heridos y que los alumnos que llegaban fueron enviados a casa.
No fue un hecho aislado. La prefectura de Loire-Atlantique contabilizó nueve centros dañados en la ciudad y fuegos en tres de ellos, y atribuyó la violencia a individuos ajenos que se mezclaron con los estudiantes para atacar los edificios.
El mapa del jueves dibuja un país en tensión de punta a punta: Lyon, Grenoble, Besançon, Nîmes, París, Estrasburgo. En Île-de-France, más de 200 liceos sufrieron alteraciones y en medio centenar hubo violencia, choques o destrozos. Un detalle anticipaba la escalada: el lunes 28 ya había ardido el liceo Aimé-Césaire de Lille.
Detrás del humo hay un pliego de quejas muy prosaico. Los alumnos de secundaria protestan desde la semana pasada por los horarios, el tamaño de las clases, la falta de profesores sustitutos y unas aulas que se recalentaron con las olas de calor. Algunos describen barracones prefabricados con cucarachas, ratas y temperaturas extremas.
El movimiento arrancó en la región de París y se propagó por todo el país en cuestión de días. En los campus, la lista se alarga: los universitarios piden acabar con la congelación de las ayudas a la vivienda (APL), más medios para la enseñanza superior y frenar la supresión de plazas docentes y los recortes de becas.
El contexto social es inflamable. Los funcionarios están en la calle contra la congelación de su salario de referencia, los bomberos llegan exhaustos tras un verano de incendios y el Gobierno ha presentado este jueves unos presupuestos de 2027 con recortes muy impopulares.
Las cifras oficiales suben cada jornada: de 180 centros afectados el lunes a 356 institutos el miércoles, con 625 detenidos —la mayoría adolescentes— y 83 agentes heridos. El jueves, el contagio saltó a una treintena de campus.
![[Img #31243]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/7296_captura-de-pantalla-2026-10-01-154740.png)
La portavoz de la Union étudiante, Sabrine Kharbach, subrayó la magnitud con una comparación: el primer día de la protesta contra la reforma de las pensiones solo hubo siete universidades bloqueadas. Ya antes del jueves habían amanecido cerradas Lyon II, Sciences Po Lyon, Clermont-Ferrand, Poitiers y dos campus de Toulouse.
Sebastien Lecornu, primer ministro de Francia, presidió a las 13.00 una célula interministerial de crisis en el Ministerio del Interior. Al salir, pidió a sus ministros que cancelaran sus desplazamientos de los próximos días para dejar el terreno a los prefectos.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, convocó por videoconferencia a los 36 fiscales generales a las 17.30 para exigir una "respuesta penal firme". Su colega de Interior, Laurent Núñez, habla de violencia urbana, sostiene que hay alborotadores islamoizquierdistas que saltan de un instituto a otro para prender la mecha y defiende que la policía ha actuado con proporcionalidad.
El titular de Educación, Édouard Geffray, ha pedido pasar a clases a distancia allí donde haya bloqueos y ha trazado la frontera en redes: "Golpear, amenazar, quemar o impedir que los demás estudien no lo es". El Gobierno ha ofrecido una plataforma de concertación, pero los sindicatos estudiantiles llaman a mantener los bloqueos.
La protesta ha caído, además, en plena precampaña de unas presidenciales que se celebrarán dentro de siete meses. El impresentable islamo-izquierdistaJean-Luc Mélenchon se ha plantado ante los liceos y dice estar orgulloso de defender a "nuestros hijos de la salvajada policial". El diputado Louis Boyard ha pedido que el movimiento se extienda, y el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, llegó a justificar la violencia en determinadas circunstancias, palabras que Núñez calificó de muy graves.
El resto del arco político ha cargado contra los rojifascistas de La Francia Insumisa. Gabriel Attal le exigió que deje de usar a los jóvenes como "carne de cañón", y Édouard Philippe recordó que se puede reivindicar sin bloquear un instituto. Geffray habla abiertamente de instrumentalización política de la juventud.
Nada apunta a una tregua. La Union Étudiante, primer sindicato estudiantil del país, atribuye la amplitud del movimiento a la intensidad de la rabia y ha convocado una nueva jornada de bloqueos el martes 6 de octubre, aunque las protestas pueden no esperar a esa fecha.
Marine Le Pen, diputada y máxima responsable de la formación RN, explica que "Marsella, Lyon, Grenoble, Besanzón, Nîmes, Estrasburgo: en todas partes de Francia, la situación se degrada. Profesores son atacados, el mobiliario urbano es incendiado, los autobuses son apedreados. Al presentarse personalmente frente a los liceos para arengar a los jóvenes, al llamar a sus militantes a la insurrección, al enviar a sus diputados frente a los establecimientos, Jean-Luc Mélenchon lleva una pesada responsabilidad en la situación que vive hoy nuestro país. El orden debe ser restablecido y el acceso a los liceos asegurado. La seguridad de los alumnos y de los profesores debe ser garantizada. Nada puede justificar que estos desmanes, cometidos desde hace varios días y que se intensifican, perduren".











