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Enrique Arias Vega
Martes, 06 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

Las elecciones más tensionadas

Desde hace tiempo, en España los votantes no se decantan en favor de las tesis de un partido político, sino contra el otro. Son unas elecciones en clave negativa, para evitar que gobierne quien está contra tus ideas, no apostar por el que las defienda.


Si eso ha venido sucediendo hasta ahora, digo, en la actualidad este hecho ha alcanzado caracteres de paroxismo. Está claro en el caso del PSOE, que pretende evitar que, según él, llegue al poder la ultraderecha, con todo tipo de recortes de derechos ciudadanos. Lo mismo le sucede al PP, que no hace hasta ahora una campaña propositiva, sino más bien queriendo criticar al partido socialista por todo tipo de desmanes, desde la corrupción de Koldo y Ábalos, a las imputaciones de Begoña Gómez, Santos Cerdán y Leire Díez, pasando por las joyas de Rodríguez Zapatero, el caso Plus Ultra, la invasión de Ceuta y decenas de casos más, cuya enumeración sobrepasaría el espacio de este artículo.


Así que ya estamos, con las elecciones convocadas y la intuición de Pedro Sánchez de que las acampadas en pro de la vivienda le favorecerán electoralmente porque en el fondo van contra el PP. Para sazonar esa tesis tenemos la actitud de los sindicatos, que convocan una huelga electoral que calculan que le hará más daño a la oposición que al Gobierno.


Sin haber llegado la fecha, ha comenzado, pues, una campaña electoral a cara de perro, en la que la tensión llegará al límite de lo razonable. De nada sirve el que la absoluta mayoría de las encuestas vaticinen una victoria amplia del Partido Popular en coalición con Vox. Al margen de los siempre partidistas sondeos de Tezanos, la bronca política alcanzará tales decibelios que nada estará decidido hasta el final de la votación. Por eso, haría muy bien Núñez Feijóo en no dejarse llevar por el optimismo.


Por eso, y porque son de sobre conocidas las argucias del actual Presidente, para convertir en negro lo que es blanco y para hacer todo tipo de chanchullos para someter la realidad a sus propósitos. Así que nos encontramos frente a una campaña y unas elecciones en las que los oponentes se dirán de todo menos bonito y en que la tensión puede alcanzar cotas antes nunca previstas.

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