Crimen en la Costa del Sol
Asesinan a tiros a Alexander Aslani, famoso cirujano plástico de Marbella
El asesinato a tiros del cirujano Alexander Aslani en su propia clínica de Marbella sacude una Costa del Sol que llevaba semanas contando casquillos. La policía no descarta nada; la principal pista, aún sin confirmar oficialmente, no apunta al narco sino a una venganza nacida en un quirófano.
![[Img #31282]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/2455_screenshot-2026-10-08-at-10-41-02-alexander-aslani-buscar-con-google.png)
I. Una sonrisa a destiempo
La última imagen que Alexander Aslani dejó al mundo es una fotografía alegre. Unos minutos antes de morir, el cirujano subió a Instagram una instantánea junto a varios compañeros, con una sonrisa amplia, la de un hombre que no tiene nada que temer. Más de doscientas mil personas seguían aquella cuenta, un escaparate de cuerpos rediseñados y pacientes llegados de decenas de países. Aquella tarde del miércoles 7 de octubre, la foto se convirtió sin pretenderlo en otra cosa: en la última hora de una vida.
La clínica Cirumed ocupa un local en el edificio Panorama, en la urbanización Real Panorama de Marbella. Allí, en su despacho, estaba Aslani con su pareja cuando alguien cruzó la puerta para matarle.
II. El visitante de negro
Llegó en moto. La dejó sobre la acera, frente a las instalaciones, como quien no piensa quedarse mucho. Vestía de negro de la cabeza a los pies y llevaba el rostro cubierto por el casco y una capucha. Entró, caminó hasta el despacho del médico y disparó a la cabeza.
No fue un disparo. Según la agencia EFE, el tirador vació el cargador contra el cirujano; el diario SUR contó cerca de una decena de casquillos percutidos en el lugar. Luego se marchó tan deprisa como había llegado.
Varios testigos alertaron al 112 hacia las 17.40, según 101TV; otras crónicas sitúan el ataque poco antes de las seis. Acudieron la Policía Nacional, la Policía Local y los sanitarios, que intentaron estabilizar a Aslani. No pudieron. Tenía 57 años.
En las horas siguientes, los grupos de vecinos de Marbella en Facebook hicieron lo que las redes hacen ahora antes que nadie. Difundieron su cara y la noticia en caliente («acaban de matar a Alexander Aslani»), junto a un dato que ya flotaba en el aire: fueron dos, en moto.
Dos o uno. Las primeras versiones describen a un único tirador vestido de negro; fuentes policiales consultadas por El Español hablan de dos encapuchados llegados en motocicleta. Es una de las piezas que la investigación aún tiene que encajar.
III. Del Tirol a la Milla de Oro
Aslani había nacido en Alemania y era hijo de otro cirujano plástico, según 101TV; El Debate lo describe como de origen turco-alemán. Su trayectoria es la de un médico itinerante que fue sumando quirófanos en tres continentes. Estudió en la Universidad de Innsbruck e hizo sus primeras rotaciones en Salzburgo y Hallein. En los años noventa se formó como especialista en el King Edward VIII de Durban, en Sudáfrica, y en la unidad de cirugía plástica, de la mano y de quemados de la RWTH de Aquisgrán. Entre 2003 y 2007 fue médico adjunto de cirugía plástica en el hospital Barmherzige Brüder de Salzburgo.
En 2007 se instaló en España. Durante una década dirigió los servicios de cirugía plástica de los hospitales Quirón de Málaga y de Marbella, y después consolidó su propia marca, Cirumed. En 2016 fue reconocido como mejor cirujano plástico de España. Las crónicas le atribuyen más de treinta años de oficio y unas 14.000 operaciones.
Su especialidad tenía nombre propio. En el circuito internacional le llamaban The Buttman: el maestro del levantamiento de glúteos brasileño, la lipoescultura y el contorno corporal, el hombre que prometía siluetas de reloj de arena. La Sociedad Rumana de Cirugía Estética lo presentaba como pionero de un procedimiento exclusivo. Su clientela incluía rostros conocidos del espectáculo y de las redes. Era, en suma, una celebridad de un sector que vive de la imagen, en una ciudad que también vive de ella.
IV. La hipótesis de la camilla
La Policía Nacional asumió la investigación desde el primer minuto y, por ahora, no hay detenidos. Oficialmente, todas las hipótesis siguen abiertas.
Pero el método habla. Llegar en moto, entrar a plena luz del día en un centro sanitario, ir directo al despacho, disparar a la cabeza y huir: es la gramática del sicariato. La pregunta es quién encargó el crimen.
La pista que más ha circulado no procede del narcotráfico. Según ha publicado 101TV, los investigadores trabajan como línea principal con una represalia: la familia adinerada de un paciente sudamericano que habría fallecido durante una intervención habría contratado a dos sicarios. El Debate menciona también la posibilidad de una venganza de un cliente insatisfecho. Ninguna fuente oficial ha confirmado públicamente esa línea ni la existencia de ese fallecimiento. Conviene tratarla como lo que es por ahora: una hipótesis de trabajo filtrada.
Hay un detalle que la refuerza, según el mismo medio: Aslani no parecía preocupado por su seguridad. Atendía en un lugar público, sin escolta aparente. No era el perfil de quien sabe que debe algo a una organización criminal.
V. Una costa que cuenta casquillos
El crimen llega en el peor momento posible para una provincia con los nervios a flor de piel. En septiembre, Málaga capital sufrió dos tiroteos en cinco días, en Barcenillas y en el Muelle Uno, el paseo comercial del puerto, con un muerto y un herido grave. El fallecido, un joven de 20 años, fue confundido con otro por sus atacantes, según confirmó la investigación. Los investigadores atribuyen esos episodios a ajustes de cuentas entre bandas del narcotráfico.
La respuesta del Gobierno fue extender a la capital el Plan Costa del Sol, el dispositivo de la Policía Nacional contra los episodios con armas de fuego que hasta entonces se concentraba en los municipios del litoral occidental. Supuso más agentes en la calle y controles aleatorios. Al frente de la Policía Nacional en la provincia tomó posesión un nuevo comisario principal, Roberto Rodríguez Velasco, que ha dedicado buena parte de su carrera a la lucha contra el narco en Andalucía. El subdelegado del Gobierno, Javier Salas, defendió que el plan esclarece casi el cien por cien de los casos. Desde la Junta de Andalucía, el consejero Antonio Sanz acusó al Ejecutivo central de abandono, y Salas le replicó recordando los recortes de plantilla de etapas anteriores.
Los expertos consultados por la prensa local advierten de lo que suele ocurrir con estos refuerzos temporales: reducen la violencia visible, pero no desmantelan las estructuras. Lo que de verdad medirá su eficacia, sostienen, son las detenciones de cabecillas, las incautaciones en el mar y la persecución del blanqueo.
El asesinato de Aslani no encaja, en principio, en esa guerra. Y precisamente ahí está lo inquietante. Si la principal hipótesis se confirma, lo que se ha extendido por la Costa del Sol no es solo el negocio de la droga, sino un servicio: la posibilidad de encargar una muerte con la misma logística, la misma moto y el mismo casco que usan las bandas. El sicario como proveedor. La venganza privada, subcontratada.
VI. El bisturí y el gatillo
Marbella lleva décadas conviviendo con su doble: la ciudad del lujo y la de los sumarios, la del glamour de Puerto Banús y la de las crónicas de sucesos. Aslani pertenecía a la primera. Había construido una reputación esculpiendo cuerpos para una clientela global que llegaba a la Costa del Sol buscando una versión mejorada de sí misma.
Le mató la segunda, o algo que se le parece mucho. Un hombre de negro, sin rostro, que tardó menos en hacer su "trabajo" de lo que tarda una anestesia en surtir efecto.
Esta mañana, la clínica sigue cerrada, la investigación abierta y la fotografía de Instagram en su sitio, con su sonrisa intacta. Es lo único de aquella tarde que no ha cambiado.
El asesinato a tiros del cirujano Alexander Aslani en su propia clínica de Marbella sacude una Costa del Sol que llevaba semanas contando casquillos. La policía no descarta nada; la principal pista, aún sin confirmar oficialmente, no apunta al narco sino a una venganza nacida en un quirófano.
![[Img #31282]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/2455_screenshot-2026-10-08-at-10-41-02-alexander-aslani-buscar-con-google.png)
I. Una sonrisa a destiempo
La última imagen que Alexander Aslani dejó al mundo es una fotografía alegre. Unos minutos antes de morir, el cirujano subió a Instagram una instantánea junto a varios compañeros, con una sonrisa amplia, la de un hombre que no tiene nada que temer. Más de doscientas mil personas seguían aquella cuenta, un escaparate de cuerpos rediseñados y pacientes llegados de decenas de países. Aquella tarde del miércoles 7 de octubre, la foto se convirtió sin pretenderlo en otra cosa: en la última hora de una vida.
La clínica Cirumed ocupa un local en el edificio Panorama, en la urbanización Real Panorama de Marbella. Allí, en su despacho, estaba Aslani con su pareja cuando alguien cruzó la puerta para matarle.
II. El visitante de negro
Llegó en moto. La dejó sobre la acera, frente a las instalaciones, como quien no piensa quedarse mucho. Vestía de negro de la cabeza a los pies y llevaba el rostro cubierto por el casco y una capucha. Entró, caminó hasta el despacho del médico y disparó a la cabeza.
No fue un disparo. Según la agencia EFE, el tirador vació el cargador contra el cirujano; el diario SUR contó cerca de una decena de casquillos percutidos en el lugar. Luego se marchó tan deprisa como había llegado.
Varios testigos alertaron al 112 hacia las 17.40, según 101TV; otras crónicas sitúan el ataque poco antes de las seis. Acudieron la Policía Nacional, la Policía Local y los sanitarios, que intentaron estabilizar a Aslani. No pudieron. Tenía 57 años.
En las horas siguientes, los grupos de vecinos de Marbella en Facebook hicieron lo que las redes hacen ahora antes que nadie. Difundieron su cara y la noticia en caliente («acaban de matar a Alexander Aslani»), junto a un dato que ya flotaba en el aire: fueron dos, en moto.
Dos o uno. Las primeras versiones describen a un único tirador vestido de negro; fuentes policiales consultadas por El Español hablan de dos encapuchados llegados en motocicleta. Es una de las piezas que la investigación aún tiene que encajar.
III. Del Tirol a la Milla de Oro
Aslani había nacido en Alemania y era hijo de otro cirujano plástico, según 101TV; El Debate lo describe como de origen turco-alemán. Su trayectoria es la de un médico itinerante que fue sumando quirófanos en tres continentes. Estudió en la Universidad de Innsbruck e hizo sus primeras rotaciones en Salzburgo y Hallein. En los años noventa se formó como especialista en el King Edward VIII de Durban, en Sudáfrica, y en la unidad de cirugía plástica, de la mano y de quemados de la RWTH de Aquisgrán. Entre 2003 y 2007 fue médico adjunto de cirugía plástica en el hospital Barmherzige Brüder de Salzburgo.
En 2007 se instaló en España. Durante una década dirigió los servicios de cirugía plástica de los hospitales Quirón de Málaga y de Marbella, y después consolidó su propia marca, Cirumed. En 2016 fue reconocido como mejor cirujano plástico de España. Las crónicas le atribuyen más de treinta años de oficio y unas 14.000 operaciones.
Su especialidad tenía nombre propio. En el circuito internacional le llamaban The Buttman: el maestro del levantamiento de glúteos brasileño, la lipoescultura y el contorno corporal, el hombre que prometía siluetas de reloj de arena. La Sociedad Rumana de Cirugía Estética lo presentaba como pionero de un procedimiento exclusivo. Su clientela incluía rostros conocidos del espectáculo y de las redes. Era, en suma, una celebridad de un sector que vive de la imagen, en una ciudad que también vive de ella.
IV. La hipótesis de la camilla
La Policía Nacional asumió la investigación desde el primer minuto y, por ahora, no hay detenidos. Oficialmente, todas las hipótesis siguen abiertas.
Pero el método habla. Llegar en moto, entrar a plena luz del día en un centro sanitario, ir directo al despacho, disparar a la cabeza y huir: es la gramática del sicariato. La pregunta es quién encargó el crimen.
La pista que más ha circulado no procede del narcotráfico. Según ha publicado 101TV, los investigadores trabajan como línea principal con una represalia: la familia adinerada de un paciente sudamericano que habría fallecido durante una intervención habría contratado a dos sicarios. El Debate menciona también la posibilidad de una venganza de un cliente insatisfecho. Ninguna fuente oficial ha confirmado públicamente esa línea ni la existencia de ese fallecimiento. Conviene tratarla como lo que es por ahora: una hipótesis de trabajo filtrada.
Hay un detalle que la refuerza, según el mismo medio: Aslani no parecía preocupado por su seguridad. Atendía en un lugar público, sin escolta aparente. No era el perfil de quien sabe que debe algo a una organización criminal.
V. Una costa que cuenta casquillos
El crimen llega en el peor momento posible para una provincia con los nervios a flor de piel. En septiembre, Málaga capital sufrió dos tiroteos en cinco días, en Barcenillas y en el Muelle Uno, el paseo comercial del puerto, con un muerto y un herido grave. El fallecido, un joven de 20 años, fue confundido con otro por sus atacantes, según confirmó la investigación. Los investigadores atribuyen esos episodios a ajustes de cuentas entre bandas del narcotráfico.
La respuesta del Gobierno fue extender a la capital el Plan Costa del Sol, el dispositivo de la Policía Nacional contra los episodios con armas de fuego que hasta entonces se concentraba en los municipios del litoral occidental. Supuso más agentes en la calle y controles aleatorios. Al frente de la Policía Nacional en la provincia tomó posesión un nuevo comisario principal, Roberto Rodríguez Velasco, que ha dedicado buena parte de su carrera a la lucha contra el narco en Andalucía. El subdelegado del Gobierno, Javier Salas, defendió que el plan esclarece casi el cien por cien de los casos. Desde la Junta de Andalucía, el consejero Antonio Sanz acusó al Ejecutivo central de abandono, y Salas le replicó recordando los recortes de plantilla de etapas anteriores.
Los expertos consultados por la prensa local advierten de lo que suele ocurrir con estos refuerzos temporales: reducen la violencia visible, pero no desmantelan las estructuras. Lo que de verdad medirá su eficacia, sostienen, son las detenciones de cabecillas, las incautaciones en el mar y la persecución del blanqueo.
El asesinato de Aslani no encaja, en principio, en esa guerra. Y precisamente ahí está lo inquietante. Si la principal hipótesis se confirma, lo que se ha extendido por la Costa del Sol no es solo el negocio de la droga, sino un servicio: la posibilidad de encargar una muerte con la misma logística, la misma moto y el mismo casco que usan las bandas. El sicario como proveedor. La venganza privada, subcontratada.
VI. El bisturí y el gatillo
Marbella lleva décadas conviviendo con su doble: la ciudad del lujo y la de los sumarios, la del glamour de Puerto Banús y la de las crónicas de sucesos. Aslani pertenecía a la primera. Había construido una reputación esculpiendo cuerpos para una clientela global que llegaba a la Costa del Sol buscando una versión mejorada de sí misma.
Le mató la segunda, o algo que se le parece mucho. Un hombre de negro, sin rostro, que tardó menos en hacer su "trabajo" de lo que tarda una anestesia en surtir efecto.
Esta mañana, la clínica sigue cerrada, la investigación abierta y la fotografía de Instagram en su sitio, con su sonrisa intacta. Es lo único de aquella tarde que no ha cambiado.





