Las "Mari Carmen" y el Estado
Hay muchas Mari Carmen y cada día más. Por los años que tiene la Mari Carmen famosa hay que pensar que no encontró a ningún hombre con quien compartir su vida y que, por tanto, no tuvo hijos. Estaba sola como muchas otras en su circunstancia. En otros tiempos la mujer soltera se iba con algún hermano o hermana casados y era la tía “solterona” que cuidaba a los niños de la familia. Desde hace varias décadas en que las mujeres se incorporaron al trabajo ni siquiera hay tiempo para atender a los propios padres, no digamos ya para atender a tías.
Estas mujeres solitarias –y también hombres– en su día no tuvieron tiempo para ahorrar, ni tampoco para prever el futuro. El caso de estas mujeres– y de estos hombres–se multiplicará en tiempos venideros porque las feministas radicales animan continuamente a la mujer a no tener “ataduras”, a no dejarse “atrapar” por una familia. Es más “liberador” tener animales de compañía. Pero esto tiene sus limitaciones, y muchas.
Si la población disminuye, entre otras cosas porque se alienta a las mujeres a no tener hijos o a abortar, que es más cómodo, con el argumento de que es muy difícil enfrentarse a la vivienda y los bajos salarios – tener hijos será para las ricas, por lo visto–, díganme quién trabajará en el futuro para pagar pensiones y residencias a tantos jubilados y ancianos dependientes, porque la deuda de las pensiones tiene límites que pronto se harán notar. En Gran Bretaña se han anunciado bajadas en las pensiones y en España ya no hay suficiente dinero para pagarlas y hay que transferir fondos de otras partidas.
Creemos que el Estado es el Dios omnipotente que todo lo solucionará, que bastará con montar algaradas en la calle para que nos dé todo lo que deseamos. Mientras tanto, los ciudadanos, en su mundo feliz. Los jóvenes, a viajar por el mundo y tomar sus cañitas y los jubilados con sus viajes del Inserso o para mayores. No hace falta ahorrar, no hace falta mirar al futuro, las previsiones son algo del pasado. Nos hemos sometido a “una servidumbre voluntaria” en que el Estado nos quita lo que quiere a través de los impuestos para “devolvérnoslo” según su criterio o sus prioridades y las de sus clientes y afines en ideología. Aceptamos más o menos encantados cualquier impuesto nuevo pensando que todos nuestros deseos o necesidades serán atendidos como si el dinero fuese ilimitado. La alternativa sería que el Estado nos quitase menos y nosotros ahorrásemos o gastásemos lo que no nos quite en nuestro auténtico interés. Pero hemos confundido las cosas o nos han confundido. Hemos perdido la libertad de administrar nuestro dinero y nos hemos conformado con que lo administren pícaros, ladrones, incompetentes y gentes interesadas en mantenerse en el poder. Nos hemos abandonado en manos del Estado de Benefactor.
De todas maneras, cuando los ancianos sean demasiado gravosos, cuando no sirvan, estos “tiernos/as” y “compasivos/as” activistas con las Mari Carmen de turno, a las que instrumentalizan para sus fines, pasarán a ofrecer, sin tardar, la eutanasia, como se la ofrecieron a Noelia y otros. Y no solo a ofrecer sino a imponer.
Hay muchas Mari Carmen y cada día más. Por los años que tiene la Mari Carmen famosa hay que pensar que no encontró a ningún hombre con quien compartir su vida y que, por tanto, no tuvo hijos. Estaba sola como muchas otras en su circunstancia. En otros tiempos la mujer soltera se iba con algún hermano o hermana casados y era la tía “solterona” que cuidaba a los niños de la familia. Desde hace varias décadas en que las mujeres se incorporaron al trabajo ni siquiera hay tiempo para atender a los propios padres, no digamos ya para atender a tías.
Estas mujeres solitarias –y también hombres– en su día no tuvieron tiempo para ahorrar, ni tampoco para prever el futuro. El caso de estas mujeres– y de estos hombres–se multiplicará en tiempos venideros porque las feministas radicales animan continuamente a la mujer a no tener “ataduras”, a no dejarse “atrapar” por una familia. Es más “liberador” tener animales de compañía. Pero esto tiene sus limitaciones, y muchas.
Si la población disminuye, entre otras cosas porque se alienta a las mujeres a no tener hijos o a abortar, que es más cómodo, con el argumento de que es muy difícil enfrentarse a la vivienda y los bajos salarios – tener hijos será para las ricas, por lo visto–, díganme quién trabajará en el futuro para pagar pensiones y residencias a tantos jubilados y ancianos dependientes, porque la deuda de las pensiones tiene límites que pronto se harán notar. En Gran Bretaña se han anunciado bajadas en las pensiones y en España ya no hay suficiente dinero para pagarlas y hay que transferir fondos de otras partidas.
Creemos que el Estado es el Dios omnipotente que todo lo solucionará, que bastará con montar algaradas en la calle para que nos dé todo lo que deseamos. Mientras tanto, los ciudadanos, en su mundo feliz. Los jóvenes, a viajar por el mundo y tomar sus cañitas y los jubilados con sus viajes del Inserso o para mayores. No hace falta ahorrar, no hace falta mirar al futuro, las previsiones son algo del pasado. Nos hemos sometido a “una servidumbre voluntaria” en que el Estado nos quita lo que quiere a través de los impuestos para “devolvérnoslo” según su criterio o sus prioridades y las de sus clientes y afines en ideología. Aceptamos más o menos encantados cualquier impuesto nuevo pensando que todos nuestros deseos o necesidades serán atendidos como si el dinero fuese ilimitado. La alternativa sería que el Estado nos quitase menos y nosotros ahorrásemos o gastásemos lo que no nos quite en nuestro auténtico interés. Pero hemos confundido las cosas o nos han confundido. Hemos perdido la libertad de administrar nuestro dinero y nos hemos conformado con que lo administren pícaros, ladrones, incompetentes y gentes interesadas en mantenerse en el poder. Nos hemos abandonado en manos del Estado de Benefactor.
De todas maneras, cuando los ancianos sean demasiado gravosos, cuando no sirvan, estos “tiernos/as” y “compasivos/as” activistas con las Mari Carmen de turno, a las que instrumentalizan para sus fines, pasarán a ofrecer, sin tardar, la eutanasia, como se la ofrecieron a Noelia y otros. Y no solo a ofrecer sino a imponer.



















