Que gane Bildu todas las elecciones en el País Vasco: generales, forales y locales
Pienso que tal como están las cosas es lo mejor que nos puede pasar. Es decir, no hay nada peor que esto. El País Vasco está tan enfermo que ese sería justo el gobierno que nos mereceríamos, sin duda alguna, como sociedad.
Cuando empezó a verse la posibilidad de que Bildu acabara llevándose un buen bocado de la representación en los diferentes niveles administrativos y políticos de la Comunidad Autónoma Vasca, además de ese montón de ayuntamientos pequeños que gracias al terror han pasado a ser de su dominio absoluto, principalmente en el País Vasco profundo, y sobre todo en Guipúzcoa, yo caí en una especie de terror-pánico porque pensé que no podía ser que una organización que ha sido y sigue siendo la justificadora, explicadora y en su día también colaboradora necesaria del terrorismo pudiera alcanzar el poder político en el País Vasco.
Pero puestos a pensar, quién podría impedir que eso fuera así. Pues solo teníamos una posibilidad que consistía en la coalición formada por el PNV y el PSE que son los que se arrogan la representación histórica de los partidos vascos, algo así como la alianza que configuró el País Vasco autónomo actual, desde que Indalecio Prieto y José Antonio Aguirre acordaron el primer Estatuto Vasco, un 1 de octubre de 1936 en unas Cortes Generales diezmadas por el inicio de la sublevación militar y por la desbandada consiguiente de todos los representantes de la derecha española que veían en riesgo cierto sus vidas a partir de la implantación del régimen de chekas en Madrid, una vez iniciada la Guerra Civil y una vez repartidas por el gobierno republicano las armas entre los sindicatos y las fuerzas revolucionarias que así se lo exigieron en aquellos momentos aciagos.
El PNV y el PSE, por medio de sus historiadores y comentaristas de cabecera, se consideran a sí mismos la encarnación de la democracia en el País Vasco, despreciando a la tercera fuerza, en Guipúzcoa la primera, de la época republicana, como fue la derecha, tanto liberal como conservadora y tradicionalista. Estos PNV y PSE hicieron todo lo posible por excluir a esa tercera fuerza política entonces. Y no solo esto, sino que sus fuerzas revolucionarias de choque se dedicaron a eliminar a las mejores cabezas de la derecha de entonces. Así fueron fusilados o ejecutados personajes eminentes de la derecha como: Gregorio Balparda, Pedro Eguillor, Juan Olazabal y Ramery, José María Urquijo Ybarra, Víctor Pradera, Ramiro de Maeztu, Fernando de la Quadra Salcedo, Fernando Ybarra, Joaquín Beunza, Adolfo González de Careaga. Es decir, la derecha vasca de la época de la Segunda República fue prácticamente descabezada, eliminada, suprimida. Es decir, con este panorama verdaderamente terrorífico es con el que los defensores actuales del gobierno bipartito entre PNV y PSE hablan de Aguirre y Prieto como los padres fundadores del País Vasco actual (ellos dicen “de la Euskadi actual”) prescindiendo así de la otra gran fuerza política de entonces.
Unos fueron los que acabaron con cualquier futuro para la derecha vasca en el primer tercio del siglo XX, acabando sistemáticamente con todos sus líderes de opinión y jefes políticos, y otros fueron los que quisieron convertir entonces y después a Aguirre y Prieto en los padres fundadores de la Euscadi actual. ¿Cómo se le llama a esto? ¿Sincronización de objetivos? ¿O algo más?
Pero esa alianza entre el nacionalismo y el socialismo no consideró suficiente la sarracina practicada en los años treinta del siglo XX, sino que al inicio de la Transición la volvieron a emprender con lo que quedaba de derecha vasca y asesinaron a Javier Ybarra Bergé, a Juan María Araluce o a Augusto Unceta-Barrenechea, entre otros dirigentes, como concejales y alcaldes asesinados (Víctor Legorburu, de Galdácano fue el primero), verdaderos líderes de la derecha vasca del fin del franquismo, que podrían haber encabezado el protagonismo de ese sector ideológico en un periodo decisivo de construcción de la democracia en España y en el País Vasco.
Cuando se habla de genocidio de la izquierda o del nacionalismo o del pueblo vasco en general, con motivo de la Guerra Civil y del franquismo, nunca se tiene en cuenta la verdadera eliminación de las principales cabezas de la derecha vasca en la época contemporánea. Ningún sector ideológico vasco experimentó semejante ataque a su verdadera existencia como el sufrido por la derecha, tanto conservadora como liberal.
Así que ante la posibilidad de que el PNV y el PSE se eternicen en el poder en el País Vasco, como si fueran esa entente bipartidista que construyó la democracia vasca sobre los cadáveres de sus oponentes de la derecha, y que emprendieron la materialización de su poder político tanto en sus ayuntamientos como sobre todo en sus diputaciones (empezando por la de Vizcaya, verdadero bastión del PNV), así como en el gobierno vasco, no tengo ninguna duda de que lo mejor que puede pasar, o lo menos malo, o lo verdadera y fatalmente necesario (sin que eso quiera decir de ninguna de las maneras que a mí me parezca bien, ni muchísimo menos, pero este es el lamentable estado de la situación política vasca que padecemos) es que Bildu gane las elecciones y el PSE tenga que pactar con ellos y de esa manera el verdadero causante de todos los males del País Vasco contemporáneo, origen de la ideología nacionalista que luego asumió la izquierda averchale como propia, que es el PNV, pierda el poder que ha venido disfrutando hasta ahora y que hemos tenido que padecer como la principal lacra, junto con el terrorismo (pero al mismo nivel de ignominia las dos, terrorismo y peneuvismo).
De esa manera generaciones enteras de peneuvistas, amamantados de la teta púbica, tendrán que buscarse por fin un trabajo por su cuenta, como hemos tenido que hacer todos lo que no hemos formado parte de ese club de aprovechados y ventajistas que ha sido durante los últimos cincuenta años el partido fundado por Sabino Arana.
Pienso que tal como están las cosas es lo mejor que nos puede pasar. Es decir, no hay nada peor que esto. El País Vasco está tan enfermo que ese sería justo el gobierno que nos mereceríamos, sin duda alguna, como sociedad.
Cuando empezó a verse la posibilidad de que Bildu acabara llevándose un buen bocado de la representación en los diferentes niveles administrativos y políticos de la Comunidad Autónoma Vasca, además de ese montón de ayuntamientos pequeños que gracias al terror han pasado a ser de su dominio absoluto, principalmente en el País Vasco profundo, y sobre todo en Guipúzcoa, yo caí en una especie de terror-pánico porque pensé que no podía ser que una organización que ha sido y sigue siendo la justificadora, explicadora y en su día también colaboradora necesaria del terrorismo pudiera alcanzar el poder político en el País Vasco.
Pero puestos a pensar, quién podría impedir que eso fuera así. Pues solo teníamos una posibilidad que consistía en la coalición formada por el PNV y el PSE que son los que se arrogan la representación histórica de los partidos vascos, algo así como la alianza que configuró el País Vasco autónomo actual, desde que Indalecio Prieto y José Antonio Aguirre acordaron el primer Estatuto Vasco, un 1 de octubre de 1936 en unas Cortes Generales diezmadas por el inicio de la sublevación militar y por la desbandada consiguiente de todos los representantes de la derecha española que veían en riesgo cierto sus vidas a partir de la implantación del régimen de chekas en Madrid, una vez iniciada la Guerra Civil y una vez repartidas por el gobierno republicano las armas entre los sindicatos y las fuerzas revolucionarias que así se lo exigieron en aquellos momentos aciagos.
El PNV y el PSE, por medio de sus historiadores y comentaristas de cabecera, se consideran a sí mismos la encarnación de la democracia en el País Vasco, despreciando a la tercera fuerza, en Guipúzcoa la primera, de la época republicana, como fue la derecha, tanto liberal como conservadora y tradicionalista. Estos PNV y PSE hicieron todo lo posible por excluir a esa tercera fuerza política entonces. Y no solo esto, sino que sus fuerzas revolucionarias de choque se dedicaron a eliminar a las mejores cabezas de la derecha de entonces. Así fueron fusilados o ejecutados personajes eminentes de la derecha como: Gregorio Balparda, Pedro Eguillor, Juan Olazabal y Ramery, José María Urquijo Ybarra, Víctor Pradera, Ramiro de Maeztu, Fernando de la Quadra Salcedo, Fernando Ybarra, Joaquín Beunza, Adolfo González de Careaga. Es decir, la derecha vasca de la época de la Segunda República fue prácticamente descabezada, eliminada, suprimida. Es decir, con este panorama verdaderamente terrorífico es con el que los defensores actuales del gobierno bipartito entre PNV y PSE hablan de Aguirre y Prieto como los padres fundadores del País Vasco actual (ellos dicen “de la Euskadi actual”) prescindiendo así de la otra gran fuerza política de entonces.
Unos fueron los que acabaron con cualquier futuro para la derecha vasca en el primer tercio del siglo XX, acabando sistemáticamente con todos sus líderes de opinión y jefes políticos, y otros fueron los que quisieron convertir entonces y después a Aguirre y Prieto en los padres fundadores de la Euscadi actual. ¿Cómo se le llama a esto? ¿Sincronización de objetivos? ¿O algo más?
Pero esa alianza entre el nacionalismo y el socialismo no consideró suficiente la sarracina practicada en los años treinta del siglo XX, sino que al inicio de la Transición la volvieron a emprender con lo que quedaba de derecha vasca y asesinaron a Javier Ybarra Bergé, a Juan María Araluce o a Augusto Unceta-Barrenechea, entre otros dirigentes, como concejales y alcaldes asesinados (Víctor Legorburu, de Galdácano fue el primero), verdaderos líderes de la derecha vasca del fin del franquismo, que podrían haber encabezado el protagonismo de ese sector ideológico en un periodo decisivo de construcción de la democracia en España y en el País Vasco.
Cuando se habla de genocidio de la izquierda o del nacionalismo o del pueblo vasco en general, con motivo de la Guerra Civil y del franquismo, nunca se tiene en cuenta la verdadera eliminación de las principales cabezas de la derecha vasca en la época contemporánea. Ningún sector ideológico vasco experimentó semejante ataque a su verdadera existencia como el sufrido por la derecha, tanto conservadora como liberal.
Así que ante la posibilidad de que el PNV y el PSE se eternicen en el poder en el País Vasco, como si fueran esa entente bipartidista que construyó la democracia vasca sobre los cadáveres de sus oponentes de la derecha, y que emprendieron la materialización de su poder político tanto en sus ayuntamientos como sobre todo en sus diputaciones (empezando por la de Vizcaya, verdadero bastión del PNV), así como en el gobierno vasco, no tengo ninguna duda de que lo mejor que puede pasar, o lo menos malo, o lo verdadera y fatalmente necesario (sin que eso quiera decir de ninguna de las maneras que a mí me parezca bien, ni muchísimo menos, pero este es el lamentable estado de la situación política vasca que padecemos) es que Bildu gane las elecciones y el PSE tenga que pactar con ellos y de esa manera el verdadero causante de todos los males del País Vasco contemporáneo, origen de la ideología nacionalista que luego asumió la izquierda averchale como propia, que es el PNV, pierda el poder que ha venido disfrutando hasta ahora y que hemos tenido que padecer como la principal lacra, junto con el terrorismo (pero al mismo nivel de ignominia las dos, terrorismo y peneuvismo).
De esa manera generaciones enteras de peneuvistas, amamantados de la teta púbica, tendrán que buscarse por fin un trabajo por su cuenta, como hemos tenido que hacer todos lo que no hemos formado parte de ese club de aprovechados y ventajistas que ha sido durante los últimos cincuenta años el partido fundado por Sabino Arana.



















