Juan Pérez-Foncea: "En España tenemos un desconocimiento abrumador de nuestra historia"
![[Img #31337]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/8536_astig-sonrisa.jpeg)
Nacido en San Sebastián, Juan Pérez-Foncea se licenció en Derecho y se especializó en Derecho Internacional y Europeo en las universidades de Lovaina y Lieja. Durante catorce años trabajó como abogado de empresas en España y Francia, hasta que en 2002 comenzó, casi por casualidad, una trayectoria literaria que arrancó con la fantasía épica. Su paso a la novela histórica llegó en 2012, género en el que ha publicado títulos como Los Tercios no se rinden, El héroe del Caribe, Venced al corsario inglés, Los primeros de Filipinas e Invencibles. Ahora, recién publicada, en Recaredo, el rey que forjó Spania, vuelve la mirada a un episodio poco frecuentado por la ficción: la sucesión de Leovigildo y el reinado de un monarca que tuvo que gobernar un reino atravesado por las rivalidades nobiliarias, las luchas dinásticas y el enfrentamiento entre arrianos y católicos.
En esta entrevista, el escritor explica cómo ha reconstruido aquel mundo y cómo combina la documentación histórica con las necesidades narrativas de una novela. También aborda el significado político y religioso de las decisiones de Recaredo, las tensiones que amenazaban la continuidad del reino y la posibilidad de encontrar un principio de unidad en medio de la división. ¿Qué sabemos del hombre que ocupó el trono tras Leovigildo? ¿Cómo se convierte un episodio del siglo VI en materia literaria y qué puede revelar hoy sobre el poder, la convivencia y la construcción de una comunidad política en la península?
¿Por qué eligió a Recaredo como protagonista de su nueva novela? ¿Qué encontró en él que no había encontrado en otros personajes históricos?
Llevo escritas ya un buen número de novelas históricas, la mayoría acerca de gestas olvidadas de la historia de España, como por ejemplo El Héroe del Caribe, en donde cuento las hazañas de Blas de Lezo, o Fuego en el Misisipi, en la que explico cómo fue España quien realmente hizo posible la independencia de los Estados Unidos.
Sin embargo, últimamente he querido tratar episodios “fundacionales” de la historia de nuestro país, y que han sido también olvidados o incluso atacados, como es el caso de la Reconquista (en mi penúltima novela, España no se rinde, narro la historia de don Pelayo y de Covadonga, añadiendo por cierto algunos datos aportados por los últimos descubrimientos arqueológicos e historiográficos, que no hacen más que confirmar la importancia, así como la gesta absolutamente heroica, que supuso aquella batalla).
En este sentido, he querido rescatar la figura de los godos, que son en gran medida nuestros “padres fundadores”, y a quienes, además de desconocer, hemos denigrado y despachado de un plumazo con la manida “lista de los reyes godos”.
El título habla de un rey que “forjó Spania”. ¿Qué significa exactamente esa idea en el contexto de la época? ¿Hasta qué punto es posible hablar de una conciencia política común en el reino visigodo?
No se puede juzgar épocas históricas pasadas con esquemas mentales del presente. Eso conduce siempre a malentendidos y a injusticias. El concepto de “nación” o de “patriotismo”, no era el actual. Pero el hombre es un ser esencialmente social, y la vinculación o pertenencia a un ente político superior ha existido siempre. En ese sentido, la España visigoda, el reino visigodo de Toledo, llamado “Spania” en aquel entonces, fue una entidad política de un rango por lo menos igual a los Estados actuales.
Es verdad que hasta Recaredo había dos sociedades: la Goda-germánica-arriana y la Hispanorromana-latina-católica, con leyes diferentes para cada grupo. Conviene recordar que el arrianismo era una herejía del cristianismo. Pero precisamente por eso fue importante Recaredo, porque él fue quien abatió el muro que separaba a las dos comunidades. Lo hizo con su conversión y la conversión de su pueblo godo al catolicismo, de manera que, a partir de la promulgación solemne de esta conversión, que tuvo lugar el día 8 de mayo de 589, “fecha fundacional de España”, en el marco del III Concilio de Toledo, tenemos un solo reino, con un mismo territorio, una misma fe, y una misma lengua, y ese reino se llama “Spania”.
Durante toda la Edad Media y toda la Reconquista, la añoranza de esta España primigenia pervivirá en el ideario mental de todos los españoles, ya fueran aragoneses, castellanos, leoneses o navarros, y pervivirá como el ideal a recuperar: constantemente se habla, durante toda la Reconquista, sin solución de continuidad, desde el siglo VIII hasta el XV, de la pérdida de España, que hay que recuperar. De hecho, podemos decir que éste fue el lema de la Reconquista.
La conversión de Recaredo al catolicismo ocupa un lugar central en su reinado. ¿La interpreta ante todo como una convicción religiosa, como una decisión política o como la combinación de ambas?
Yo diría que es una combinación de ambas, si bien concedería un mayor peso a la parte estrictamente religiosa. Los cristianos siempre hemos dicho que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Pues bien, aquí hubo un mártir, que fue Hermenegildo, hermano de Recaredo, que fue asesinado por orden del padre de ambos, de Leovigildo. Como se ve, la cuestión no era tan fácil como el mero hecho de decir: “me convierto”. Había que pagar un precio bastante alto. Pero hasta el propio Leovigildo se hizo católico en el lecho de muerte y Recaredo, que era un hombre más reflexivo que su padre y por tanto más inclinado a tomarse en serio la cuestión religiosa, a mi parecer tuvo una verdadera y auténtica conversión.
La sinopsis del libro destaca la alternativa entre gobernar “por la fuerza de la espada o por la inteligencia política”. ¿Fue esa la disyuntiva real de Recaredo? ¿Qué decisiones concretas le permitieron consolidar su autoridad?
Bueno, como ya ha quedado claro en la anterior respuesta, las decisiones importantes tenían sus consecuencias y sus reacciones, a veces muy peligrosas. Ya que no siempre contentaban a todos.
Por eso, Recaredo hubo de emplear ambas líneas de gobierno: la inteligencia y, cuando la oposición llegó a ser violenta, también la espada.
En una novela histórica, ¿dónde traza la frontera entre lo que permiten afirmar las fuentes y lo que debe imaginar el escritor? ¿Qué aspectos de la vida de Recaredo están documentados y cuáles ha tenido que reconstruir narrativamente?
En todas mis novelas incluyo siempre una introducción, en la que trato de situar al lector en el contexto histórico de la época, y un epílogo, en el que respondo lo mejor que puedo a esta pregunta.
En el caso de Recaredo yo diría que se conocen razonablemente bien los aspectos principales de su vida: cómo llegó al poder, su proceso de conversión, las conspiraciones que hubo en contra de este proceso, quién fue su mujer, los hijos que tuvo, las batallas que libró, y el resultado de éstas. Lógicamente, en un personaje de hace casi quince siglos, hay también lagunas, pero que no son tantas como para entorpecer la elaboración de una novela.
El pasado visigodo suele aparecer menos en la conversación pública que otros periodos de la historia de España. ¿A qué cree que se debe ese relativo desconocimiento y qué puede aportar la novela para acercar esa época a los lectores?
En general, en España, en la actualidad, tenemos un grave problema. Y es precisamente éste: el desconocimiento abrumador, a veces auténtico desprecio, de nuestra historia. Lo que se estudia en los colegios es muy insuficiente, y a veces sesgado. Por no decir que en algunos casos se estudia historia de España en inglés. Es surrealista…
Pero hay que insistir en este problema las veces que haga falta, para que tomemos conciencia de él, y para que los que tienen responsabilidades en la educación hagan algo.
Tenemos una historia absolutamente grandiosa, y sin embargo, estamos acomplejados, por desconocimiento y por habernos creído las mentiras que sobre ella han propagado durante siglos los enemigos de la monarquía hispánica.
Viene muy bien a este respecto una cita de Milan Kundera, que resume bien lo que quiero decir:
"El primer paso para liquidar a un pueblo es borrar su memoria. Destruir sus libros, su cultura, su historia. Luego hacer que alguien escriba nuevos libros, manufacture una nueva cultura, invente una nueva historia. Pronto la nación empezará a olvidar lo que es y lo que fue. Y el mundo a su alrededor lo olvidará todavía más deprisa."
En este sentido, el periodo visigodo, que es apasionante, pero que es esencial por su condición de fundacional, ha sido tal vez especialmente denigrado. Y por eso he escrito esta novela, para reivindicar la figura de un rey al que le debemos, a pesar de los pesares, casi 1500 años unidos, y una historia absolutamente admirable, que llevó la civilización a medio mundo, sobre todo a Hispanoamérica.
A este respecto, ¿qué cree que aportó la Hispanidad frente a otras culturas?
La Hispanidad, tan desconocida y tan denigrada por los que odian a España, supuso un caso de éxito único en la historia de la humanidad: consistió en nada menos que llevar la civilización a unas culturas que desconocían la rueda y la escritura, y que en muchos casos practicaban ritos inhumanos y degradantes contra los pueblos vecinos, a los que estaban exterminando.
Por ilustrar lo que digo, baste recordar que Alexander von Humboldt, prusiano y protestante, nada sospechoso de hispanofilia, al visitar en profundidad la América española entre 1799 y 1804, manifestó que no conocía ningún lugar más feliz ni más próspero en toda la tierra. Se asombró al comprobar que, por ejemplo, un minero mexicano cobraba ocho veces más que un minero alemán. Pero claro, esto no se estudia en los colegios.
![[Img #31337]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/8536_astig-sonrisa.jpeg)
Nacido en San Sebastián, Juan Pérez-Foncea se licenció en Derecho y se especializó en Derecho Internacional y Europeo en las universidades de Lovaina y Lieja. Durante catorce años trabajó como abogado de empresas en España y Francia, hasta que en 2002 comenzó, casi por casualidad, una trayectoria literaria que arrancó con la fantasía épica. Su paso a la novela histórica llegó en 2012, género en el que ha publicado títulos como Los Tercios no se rinden, El héroe del Caribe, Venced al corsario inglés, Los primeros de Filipinas e Invencibles. Ahora, recién publicada, en Recaredo, el rey que forjó Spania, vuelve la mirada a un episodio poco frecuentado por la ficción: la sucesión de Leovigildo y el reinado de un monarca que tuvo que gobernar un reino atravesado por las rivalidades nobiliarias, las luchas dinásticas y el enfrentamiento entre arrianos y católicos.
En esta entrevista, el escritor explica cómo ha reconstruido aquel mundo y cómo combina la documentación histórica con las necesidades narrativas de una novela. También aborda el significado político y religioso de las decisiones de Recaredo, las tensiones que amenazaban la continuidad del reino y la posibilidad de encontrar un principio de unidad en medio de la división. ¿Qué sabemos del hombre que ocupó el trono tras Leovigildo? ¿Cómo se convierte un episodio del siglo VI en materia literaria y qué puede revelar hoy sobre el poder, la convivencia y la construcción de una comunidad política en la península?
¿Por qué eligió a Recaredo como protagonista de su nueva novela? ¿Qué encontró en él que no había encontrado en otros personajes históricos?
Llevo escritas ya un buen número de novelas históricas, la mayoría acerca de gestas olvidadas de la historia de España, como por ejemplo El Héroe del Caribe, en donde cuento las hazañas de Blas de Lezo, o Fuego en el Misisipi, en la que explico cómo fue España quien realmente hizo posible la independencia de los Estados Unidos.
Sin embargo, últimamente he querido tratar episodios “fundacionales” de la historia de nuestro país, y que han sido también olvidados o incluso atacados, como es el caso de la Reconquista (en mi penúltima novela, España no se rinde, narro la historia de don Pelayo y de Covadonga, añadiendo por cierto algunos datos aportados por los últimos descubrimientos arqueológicos e historiográficos, que no hacen más que confirmar la importancia, así como la gesta absolutamente heroica, que supuso aquella batalla).
En este sentido, he querido rescatar la figura de los godos, que son en gran medida nuestros “padres fundadores”, y a quienes, además de desconocer, hemos denigrado y despachado de un plumazo con la manida “lista de los reyes godos”.
El título habla de un rey que “forjó Spania”. ¿Qué significa exactamente esa idea en el contexto de la época? ¿Hasta qué punto es posible hablar de una conciencia política común en el reino visigodo?
No se puede juzgar épocas históricas pasadas con esquemas mentales del presente. Eso conduce siempre a malentendidos y a injusticias. El concepto de “nación” o de “patriotismo”, no era el actual. Pero el hombre es un ser esencialmente social, y la vinculación o pertenencia a un ente político superior ha existido siempre. En ese sentido, la España visigoda, el reino visigodo de Toledo, llamado “Spania” en aquel entonces, fue una entidad política de un rango por lo menos igual a los Estados actuales.
Es verdad que hasta Recaredo había dos sociedades: la Goda-germánica-arriana y la Hispanorromana-latina-católica, con leyes diferentes para cada grupo. Conviene recordar que el arrianismo era una herejía del cristianismo. Pero precisamente por eso fue importante Recaredo, porque él fue quien abatió el muro que separaba a las dos comunidades. Lo hizo con su conversión y la conversión de su pueblo godo al catolicismo, de manera que, a partir de la promulgación solemne de esta conversión, que tuvo lugar el día 8 de mayo de 589, “fecha fundacional de España”, en el marco del III Concilio de Toledo, tenemos un solo reino, con un mismo territorio, una misma fe, y una misma lengua, y ese reino se llama “Spania”.
Durante toda la Edad Media y toda la Reconquista, la añoranza de esta España primigenia pervivirá en el ideario mental de todos los españoles, ya fueran aragoneses, castellanos, leoneses o navarros, y pervivirá como el ideal a recuperar: constantemente se habla, durante toda la Reconquista, sin solución de continuidad, desde el siglo VIII hasta el XV, de la pérdida de España, que hay que recuperar. De hecho, podemos decir que éste fue el lema de la Reconquista.
La conversión de Recaredo al catolicismo ocupa un lugar central en su reinado. ¿La interpreta ante todo como una convicción religiosa, como una decisión política o como la combinación de ambas?
Yo diría que es una combinación de ambas, si bien concedería un mayor peso a la parte estrictamente religiosa. Los cristianos siempre hemos dicho que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Pues bien, aquí hubo un mártir, que fue Hermenegildo, hermano de Recaredo, que fue asesinado por orden del padre de ambos, de Leovigildo. Como se ve, la cuestión no era tan fácil como el mero hecho de decir: “me convierto”. Había que pagar un precio bastante alto. Pero hasta el propio Leovigildo se hizo católico en el lecho de muerte y Recaredo, que era un hombre más reflexivo que su padre y por tanto más inclinado a tomarse en serio la cuestión religiosa, a mi parecer tuvo una verdadera y auténtica conversión.
La sinopsis del libro destaca la alternativa entre gobernar “por la fuerza de la espada o por la inteligencia política”. ¿Fue esa la disyuntiva real de Recaredo? ¿Qué decisiones concretas le permitieron consolidar su autoridad?
Bueno, como ya ha quedado claro en la anterior respuesta, las decisiones importantes tenían sus consecuencias y sus reacciones, a veces muy peligrosas. Ya que no siempre contentaban a todos.
Por eso, Recaredo hubo de emplear ambas líneas de gobierno: la inteligencia y, cuando la oposición llegó a ser violenta, también la espada.
En una novela histórica, ¿dónde traza la frontera entre lo que permiten afirmar las fuentes y lo que debe imaginar el escritor? ¿Qué aspectos de la vida de Recaredo están documentados y cuáles ha tenido que reconstruir narrativamente?
En todas mis novelas incluyo siempre una introducción, en la que trato de situar al lector en el contexto histórico de la época, y un epílogo, en el que respondo lo mejor que puedo a esta pregunta.
En el caso de Recaredo yo diría que se conocen razonablemente bien los aspectos principales de su vida: cómo llegó al poder, su proceso de conversión, las conspiraciones que hubo en contra de este proceso, quién fue su mujer, los hijos que tuvo, las batallas que libró, y el resultado de éstas. Lógicamente, en un personaje de hace casi quince siglos, hay también lagunas, pero que no son tantas como para entorpecer la elaboración de una novela.
El pasado visigodo suele aparecer menos en la conversación pública que otros periodos de la historia de España. ¿A qué cree que se debe ese relativo desconocimiento y qué puede aportar la novela para acercar esa época a los lectores?
En general, en España, en la actualidad, tenemos un grave problema. Y es precisamente éste: el desconocimiento abrumador, a veces auténtico desprecio, de nuestra historia. Lo que se estudia en los colegios es muy insuficiente, y a veces sesgado. Por no decir que en algunos casos se estudia historia de España en inglés. Es surrealista…
Pero hay que insistir en este problema las veces que haga falta, para que tomemos conciencia de él, y para que los que tienen responsabilidades en la educación hagan algo.
Tenemos una historia absolutamente grandiosa, y sin embargo, estamos acomplejados, por desconocimiento y por habernos creído las mentiras que sobre ella han propagado durante siglos los enemigos de la monarquía hispánica.
Viene muy bien a este respecto una cita de Milan Kundera, que resume bien lo que quiero decir:
"El primer paso para liquidar a un pueblo es borrar su memoria. Destruir sus libros, su cultura, su historia. Luego hacer que alguien escriba nuevos libros, manufacture una nueva cultura, invente una nueva historia. Pronto la nación empezará a olvidar lo que es y lo que fue. Y el mundo a su alrededor lo olvidará todavía más deprisa."
En este sentido, el periodo visigodo, que es apasionante, pero que es esencial por su condición de fundacional, ha sido tal vez especialmente denigrado. Y por eso he escrito esta novela, para reivindicar la figura de un rey al que le debemos, a pesar de los pesares, casi 1500 años unidos, y una historia absolutamente admirable, que llevó la civilización a medio mundo, sobre todo a Hispanoamérica.
A este respecto, ¿qué cree que aportó la Hispanidad frente a otras culturas?
La Hispanidad, tan desconocida y tan denigrada por los que odian a España, supuso un caso de éxito único en la historia de la humanidad: consistió en nada menos que llevar la civilización a unas culturas que desconocían la rueda y la escritura, y que en muchos casos practicaban ritos inhumanos y degradantes contra los pueblos vecinos, a los que estaban exterminando.
Por ilustrar lo que digo, baste recordar que Alexander von Humboldt, prusiano y protestante, nada sospechoso de hispanofilia, al visitar en profundidad la América española entre 1799 y 1804, manifestó que no conocía ningún lugar más feliz ni más próspero en toda la tierra. Se asombró al comprobar que, por ejemplo, un minero mexicano cobraba ocho veces más que un minero alemán. Pero claro, esto no se estudia en los colegios.



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