A la sombra de Vox (III)
Que bailen otros
![[Img #31371]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/4597_screenshot-2026-10-25-at-14-22-13-abascal-acusa-a-sanchez-de-utilizar-la-violencia-contra-vox-esta-desesperado-y-por-eso-nos-ha-mandado-a-sus-milicias-vox.png)
I. FIN DE TEMPORADA
¡Ibiza! ¡Ibiza en octubre! Hay que imaginárselo: la isla después del verano, cuando las grandes discotecas, como cada otoño, ya han celebrado sus fiestas de cierre y bajado la persiana; cuando los DJ con gafas de sol a medianoche han vuelto a Berlín, a Londres, a Ámsterdam; cuando los yates se han ido a invernar a otros puertos y en el aire de Dalt Vila queda solo el eco, el recuerdo, la resaca de cuatro meses de bombo a ciento veintiocho pulsaciones por minuto. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Y luego, silencio.
Ese es el escenario que eligió el candidato de Vox el sábado 24 de octubre para un mitin de precampaña. Y en ese escenario, en la isla mundial del baile, Santiago Abascal hizo algo que solo puede describirse como una ironía perfectamente calibrada, involuntaria o no: arremeter contra los bailes. Los de Sánchez, claro. Los bailes y las camisetas. Las camisetas de "orgullo zurdo" que se vieron en Burgos, la música, la escenografía de un presidente en campaña que ha descubierto el merchandising. Mientras ellos están a lo suyo, vino a decir Abascal, intentando ganar de cualquier manera, la gente lo está pasando mal. Solo que no lo dijo así. Lo dijo de otra forma, de una forma que no aparece en los manuales de comunicación política ni en los argumentarios que se reparten por la mañana en las sedes: dijo que la gente está "jodida".
II. EL TACO COMO PROGRAMA
Hay que detenerse en esa palabra. Porque un taco en boca de un candidato a la Presidencia del Gobierno nunca es un accidente: es una declaración de clase. Es la forma de decir "yo no hablo como ellos, yo hablo como vosotros". La semana pasada fue la "puñetera casa" que nadie construyó; esta semana, la gente "jodida". El vocabulario de Abascal se va acercando, mitin a mitin, al de la barra del bar, al de la conversación de sobremesa, al del taxista que lleva veinte años escuchando la radio y ya no se cree a nadie. Es un registro calculado: el de quien quiere hablar del (imposible) precio de la compra y no de la arquitectura constitucional.
Y detrás del taco, la tesis: que los españoles están peor de lo que han estado en muchos años. Que pagan cada vez más impuestos y reciben cada vez peores servicios. Que si se bajan los impuestos, habrá más empleo y más cotizaciones. Y que las pensiones —la gran acusación que persigue a Vox en cada campaña— no corren ningún riesgo con ellos. Ni un solo derecho pisoteado, prometió.
Completó el repertorio con los clásicos de la casa: prioridad para los españoles en las ayudas sociales, en las ayudas al alquiler y en las plazas de guardería, y una respuesta sobre las repatriaciones que, según él, debe ser justa con los españoles, que no tienen por qué soportar lo que está pasando en el país.
III. LA CALMA
Pero el momento más serio de la noche fue otro. Abascal acusó a Sánchez de recurrir a la violencia para tapar sus responsabilidades y para impedir que los españoles escuchen el mensaje de Vox. Habló de "milicias" enviadas a muchos lugares. Es una acusación grave, y el candidato la formuló sin matices, con el recuerdo todavía fresco de lo ocurrido en La Coruña y de las agresiones a la Policía que su partido denunció en Avilés.
Y aquí viene el giro, el detalle que conviene no perder. Después de la acusación, el candidato no pidió respuesta. Pidió lo contrario. Pidió calma. Que nadie cayera en provocaciones. Que los suyos siguieran defendiendo sus ideas en paz y en libertad, porque eso, según él, es precisamente lo que no quieren quienes intentan impedir que se celebren sus actos.
Es la escena que se repite, mitin tras mitin, en esta precampaña: los de fuera intentando que no se hable; los de dentro, instruidos para no responder; y en medio, cuando hace falta, los agentes que garantizan algo tan sencillo y tan frágil como que en una plaza española cualquiera pueda decir lo que piensa. Que eso haya que recordarlo en 2026 dice mucho de la temperatura moral de esta campaña.
IV. EL DÍA 30
Y al final, otra vez los deberes. Como en Segovia, Abascal pidió a los asistentes que convencieran a su entorno. Que el 29 de noviembre lo primero que hicieran todos, antes del café, antes del periódico, antes de nada, fuera ir a votar.
Y una última frase, la de cierre, construida como se construyen los finales de las buenas películas, con una pausa antes de la coletilla: el 30 de noviembre empieza el cambio verdadero en España. "Si vosotros queréis".
Si vosotros queréis. Tres palabras que cargan la responsabilidad sobre el público, que convierten la victoria en una decisión de cada asistente, que devuelven el balón al otro lado de la red. Es la misma idea que la lista de Segovia, dicha ahora en forma de condicional. En Ibiza, la temporada de baile ha terminado. La otra temporada, la de las urnas, acaba de empezar. Quedan treinta y cinco días.
![[Img #31371]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/10_2026/4597_screenshot-2026-10-25-at-14-22-13-abascal-acusa-a-sanchez-de-utilizar-la-violencia-contra-vox-esta-desesperado-y-por-eso-nos-ha-mandado-a-sus-milicias-vox.png)
I. FIN DE TEMPORADA
¡Ibiza! ¡Ibiza en octubre! Hay que imaginárselo: la isla después del verano, cuando las grandes discotecas, como cada otoño, ya han celebrado sus fiestas de cierre y bajado la persiana; cuando los DJ con gafas de sol a medianoche han vuelto a Berlín, a Londres, a Ámsterdam; cuando los yates se han ido a invernar a otros puertos y en el aire de Dalt Vila queda solo el eco, el recuerdo, la resaca de cuatro meses de bombo a ciento veintiocho pulsaciones por minuto. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Y luego, silencio.
Ese es el escenario que eligió el candidato de Vox el sábado 24 de octubre para un mitin de precampaña. Y en ese escenario, en la isla mundial del baile, Santiago Abascal hizo algo que solo puede describirse como una ironía perfectamente calibrada, involuntaria o no: arremeter contra los bailes. Los de Sánchez, claro. Los bailes y las camisetas. Las camisetas de "orgullo zurdo" que se vieron en Burgos, la música, la escenografía de un presidente en campaña que ha descubierto el merchandising. Mientras ellos están a lo suyo, vino a decir Abascal, intentando ganar de cualquier manera, la gente lo está pasando mal. Solo que no lo dijo así. Lo dijo de otra forma, de una forma que no aparece en los manuales de comunicación política ni en los argumentarios que se reparten por la mañana en las sedes: dijo que la gente está "jodida".
II. EL TACO COMO PROGRAMA
Hay que detenerse en esa palabra. Porque un taco en boca de un candidato a la Presidencia del Gobierno nunca es un accidente: es una declaración de clase. Es la forma de decir "yo no hablo como ellos, yo hablo como vosotros". La semana pasada fue la "puñetera casa" que nadie construyó; esta semana, la gente "jodida". El vocabulario de Abascal se va acercando, mitin a mitin, al de la barra del bar, al de la conversación de sobremesa, al del taxista que lleva veinte años escuchando la radio y ya no se cree a nadie. Es un registro calculado: el de quien quiere hablar del (imposible) precio de la compra y no de la arquitectura constitucional.
Y detrás del taco, la tesis: que los españoles están peor de lo que han estado en muchos años. Que pagan cada vez más impuestos y reciben cada vez peores servicios. Que si se bajan los impuestos, habrá más empleo y más cotizaciones. Y que las pensiones —la gran acusación que persigue a Vox en cada campaña— no corren ningún riesgo con ellos. Ni un solo derecho pisoteado, prometió.
Completó el repertorio con los clásicos de la casa: prioridad para los españoles en las ayudas sociales, en las ayudas al alquiler y en las plazas de guardería, y una respuesta sobre las repatriaciones que, según él, debe ser justa con los españoles, que no tienen por qué soportar lo que está pasando en el país.
III. LA CALMA
Pero el momento más serio de la noche fue otro. Abascal acusó a Sánchez de recurrir a la violencia para tapar sus responsabilidades y para impedir que los españoles escuchen el mensaje de Vox. Habló de "milicias" enviadas a muchos lugares. Es una acusación grave, y el candidato la formuló sin matices, con el recuerdo todavía fresco de lo ocurrido en La Coruña y de las agresiones a la Policía que su partido denunció en Avilés.
Y aquí viene el giro, el detalle que conviene no perder. Después de la acusación, el candidato no pidió respuesta. Pidió lo contrario. Pidió calma. Que nadie cayera en provocaciones. Que los suyos siguieran defendiendo sus ideas en paz y en libertad, porque eso, según él, es precisamente lo que no quieren quienes intentan impedir que se celebren sus actos.
Es la escena que se repite, mitin tras mitin, en esta precampaña: los de fuera intentando que no se hable; los de dentro, instruidos para no responder; y en medio, cuando hace falta, los agentes que garantizan algo tan sencillo y tan frágil como que en una plaza española cualquiera pueda decir lo que piensa. Que eso haya que recordarlo en 2026 dice mucho de la temperatura moral de esta campaña.
IV. EL DÍA 30
Y al final, otra vez los deberes. Como en Segovia, Abascal pidió a los asistentes que convencieran a su entorno. Que el 29 de noviembre lo primero que hicieran todos, antes del café, antes del periódico, antes de nada, fuera ir a votar.
Y una última frase, la de cierre, construida como se construyen los finales de las buenas películas, con una pausa antes de la coletilla: el 30 de noviembre empieza el cambio verdadero en España. "Si vosotros queréis".
Si vosotros queréis. Tres palabras que cargan la responsabilidad sobre el público, que convierten la victoria en una decisión de cada asistente, que devuelven el balón al otro lado de la red. Es la misma idea que la lista de Segovia, dicha ahora en forma de condicional. En Ibiza, la temporada de baile ha terminado. La otra temporada, la de las urnas, acaba de empezar. Quedan treinta y cinco días.





















