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Domingo, 25 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:
Bigelow Institute for Consciousness Studies Bigelow Institute for Consciousness Studies

¿Sobrevive la conciencia a la muerte? Tres investigaciones sobre la frontera final

Jeffrey Mishlove, Pim van Lommel y Leo Ruickbie ganaron el concurso internacional convocado por el Bigelow Institute for Consciousness Studies bajo el título de "Juzgar la evidencia de la vida después de la muerte". El contenido de los trabajos ganadores, ahora publicados, porta argumentos muy distintos: experiencias cercanas a la muerte, comunicaciones atribuidas a los fallecidos y testimonios que desafían nuestra idea del tiempo.

 

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En 1969, un paciente ingresó en una unidad coronaria neerlandesa con un infarto agudo de miocardio. Sufrió una parada cardiaca. El médico que lo atendía, Pim van Lommel, participó en su reanimación: dos descargas eléctricas y unos minutos de inconsciencia bastaron para que el corazón volviera a latir. El equipo celebró que el hombre hubiera sobrevivido. El paciente, sin embargo, no parecía compartir el alivio de quienes le rodeaban. Cuando pudo hablar, relató un túnel, colores, una luz, un paisaje hermoso y música. Van Lommel no había oído hablar entonces de las experiencias cercanas a la muerte. Tampoco esperaba que alguien pudiera recordar algo ocurrido durante una parada cardiaca.

 

La escena quedó en la memoria del cardiólogo. Durante años no supo qué hacer con aquel relato. En 1986, tras leer un libro sobre la experiencia de un estudiante de medicina que había sido declarado muerto y reanimado, empezó a preguntar sistemáticamente a sus pacientes supervivientes de una parada cardiaca si recordaban algo del periodo de inconsciencia. En poco tiempo escuchó doce relatos entre poco más de cincuenta pacientes. La pregunta que había dejado en suspenso volvió con fuerza: ¿qué sucede con la conciencia cuando el cerebro y el corazón atraviesan una crisis extrema? 

 

Van Lommel regresaría a esa pregunta en uno de los tres ensayos ganadores del concurso que el Bigelow Institute for Consciousness Studies (BICS) convocó hace un tiempo. La institución pidió a los participantes que reunieran las mejores pruebas disponibles sobre la supervivencia de la conciencia humana tras la muerte corporal permanente. El certamen recibió 204 ensayos y terminó distribuyendo 1,8 millones de dólares entre 29 trabajos. Jeffrey Mishlove obtuvo el primer premio, dotado con 500.000 dólares; Van Lommel, el segundo, con 350.000; y Leo Ruickbie, el tercero, con 150.000. El jurado afirmó que valoró la fuerza acumulada de los argumentos y su capacidad para sostener el caso «más allá de toda duda razonable».

 

Los tres textos se ocupan de la misma pregunta, pero no avanzan por el mismo camino. Van Lommel parte de la investigación médica sobre las experiencias cercanas a la muerte; Mishlove reúne indicios procedentes de campos muy diversos; Ruickbie organiza relatos, documentos y testimonios como si presentara un expediente ante un tribunal. Leídos en conjunto, dibujan un panorama amplio de la investigación sobre la supervivencia de la conciencia y, al mismo tiempo, exponen el problema central de esa búsqueda: cómo pasar de una experiencia intensa o un testimonio sorprendente a una conclusión que pueda sostenerse ante quienes no la han vivido.

 

La experiencia que regresa de una parada cardiaca

 

El ensayo de Van Lommel lleva por título The Continuity of Consciousness. Su punto de partida son los estudios prospectivos realizados con pacientes que sobrevivieron a una parada cardiaca. En uno de ellos, llevado a cabo en diez hospitales de los Países Bajos entre 1988 y 1992, se entrevistó a 344 pacientes. Sesenta y dos —un 18 por ciento— comunicaron una experiencia cercana a la muerte. El cardiólogo destaca que los relatos incluían elementos reconocibles: la percepción de abandonar el cuerpo, la visión de una luz, una revisión de la propia vida o el encuentro con familiares fallecidos.

 

La importancia que concede a esos datos no reside únicamente en que algunas personas recuerden una vivencia extraordinaria. Van Lommel subraya que los recuerdos aparecieron en pacientes cuya circulación se había detenido y que, según el conocimiento médico empleado en su ensayo, la actividad cerebral se encuentra gravemente comprometida durante una parada cardiaca. A partir de ahí plantea una hipótesis más amplia: quizá el cerebro no produzca la conciencia, sino que actúe como un instrumento que la recibe o la hace posible durante la vida corporal. En su propuesta, la conciencia podría existir de forma no local y no quedar limitada al funcionamiento cerebral.

 

Esa interpretación da unidad a los distintos materiales que presenta. El autor examina experiencias extracorporales, recuerdos de pacientes reanimados, episodios de lucidez terminal y relatos de contacto con familiares muertos. También incorpora casos en los que personas ciegas de nacimiento dijeron haber percibido el entorno durante una experiencia cercana a la muerte. Para Van Lommel, la variedad de estos testimonios apunta hacia una continuidad de la conciencia que no se explica solo por el cerebro.

 

Pero el paso entre el relato y la hipótesis es decisivo. El estudio registra las experiencias que los pacientes recuerdan después de haber sido reanimados; no observa directamente cada percepción en el instante en que, según quien la cuenta, se produjo. El propio ensayo se enfrenta a esa dificultad: establecer cuándo apareció el recuerdo y qué actividad cerebral acompañaba a ese momento. La investigación ofrece un conjunto de testimonios recogidos de manera sistemática y datos clínicos sobre los pacientes; la conclusión de que la conciencia puede separarse del cerebro pertenece al marco interpretativo que Van Lommel construye a partir de ellos. lommel-continuity-consciousness

 

El mérito narrativo del ensayo está en mantener un pie en la sala de reanimación y otro en una pregunta filosófica que desborda la medicina. Su límite está en que las experiencias se conocen a través de la memoria posterior de quienes sobrevivieron, y que la explicación de esa memoria sigue abierta. El lector encuentra una investigación clínica y, a continuación, una lectura de lo que esos datos podrían significar para nuestra comprensión de la conciencia.

 

Las nueve flechas de Mishlove

 

Jeffrey Mishlove comienza Beyond the Brain con una experiencia propia. En marzo de 1972, cuando tenía 25 años y dormía en California, soñó que su tío abuelo Harry había muerto y que se le aparecía para hablarle de asuntos personales. Mishlove escribió a su familia para preguntar por él. Dos días después, su madre lo llamó: Harry había fallecido en Wisconsin aquella misma mañana. El autor describe el sueño como una comunicación con el muerto y afirma que cambió su vida. Aquel episodio lo llevó a abandonar su trayectoria inicial en criminología y a dedicar su carrera a la parapsicología.

 

El relato es íntimo y constituye la puerta de entrada a un ensayo que no depende de una sola clase de prueba. Mishlove propone reunir evidencias como un conjunto de flechas que apuntan en una misma dirección. Enumera nueve áreas: experiencias cercanas a la muerte; comunicaciones atribuidas a los fallecidos; casos de reencarnación; encuentros con personas fallecidas que no se sabía que habían muerto; comunicaciones instrumentales mediante grabaciones o aparatos electrónicos; xenoglosia, es decir, el supuesto uso de idiomas que la persona no habría aprendido; casos de posesión; mediumnidad mental y mediumnidad física.

 

El autor despliega ese repertorio mediante historias individuales y trabajos de investigadores. Recorre, entre otros materiales, los casos de niños que dicen recordar vidas anteriores estudiados por Ian Stevenson, la mediumnidad de Leonora Piper y los relatos de personas que aseguran haber recibido mensajes de familiares fallecidos. También aborda las experiencias de comunicación instrumental, las sesiones mediúmnicas y episodios en los que aparecen datos que los participantes interpretan como imposibles de obtener por vías ordinarias.

 

La estrategia de Mishlove es acumulativa. Un caso aislado, admite su propia estructura, puede ser rechazado como coincidencia, error de memoria o engaño. Pero, sostiene, la reiteración de ejemplos procedentes de ámbitos diferentes debería obligar a considerar una explicación más amplia. Examina además dos interpretaciones alternativas dentro de la parapsicología —la percepción extrasensorial de personas vivas y la resonancia arquetípica— y concluye que ninguna explica, a su juicio, el volumen y la variedad del conjunto.

 

El ensayo tiene la amplitud de un archivo y el riesgo de cualquier gran recopilación: la calidad de las pruebas no es necesariamente uniforme. Una experiencia personal, un relato familiar, un caso histórico, un experimento controlado y una comunicación obtenida en una sesión mediúmnica no ofrecen el mismo tipo de información ni permiten las mismas comprobaciones. Mishlove los integra en una tesis común; el lector ha de valorar cuánto peso puede soportar cada pieza y qué fuerza adquieren cuando se presentan juntas. 

 

Ruickbie convoca a Scrooge

 

Leo Ruickbie decide plantear el problema desde la desconfianza. The Ghost in the Time Machine comienza con el diálogo de Cuento de Navidad, de Charles Dickens: el fantasma de Marley pregunta a Scrooge qué prueba tendría de su realidad; Scrooge responde que no lo sabe y atribuye las apariciones posibles a una mala digestión. Ruickbie adopta esa figura como interlocutor. No quiere dirigirse solo a quien ya cree en fantasmas, sino también a quien sospecha de sus sentidos y exige razones para tomar en serio un testimonio.

 

El ensayo se organiza en tres tiempos: fantasmas del pasado, del presente y del futuro. Ruickbie revisa apariciones históricas, experiencias cercanas a la muerte, visiones en el lecho de muerte, comunicaciones atribuidas a los fallecidos y relatos de precognición. En lugar de detenerse en una sola categoría, pregunta qué relación tienen las apariciones con la memoria, con el tiempo y con la posibilidad de que una conciencia actúe fuera del cuerpo.

 

Una de las escenas más personales ocurrió en 2017. La esposa de Ruickbie le contó una mañana que había soñado, hacia las cinco, que él intentaba comunicarle que alguien había muerto. Más tarde llamó el padre del autor para comunicarle la muerte de su madre. Ruickbie explica que, según supieron después, la muerte se habría producido aproximadamente a esa hora. El episodio no se presenta como una prueba experimental: forma parte del problema que el ensayo intenta resolver. ¿Qué hacemos con una coincidencia que quienes la viven consideran significativa, pero que llega a nosotros a través de un recuerdo y de una reconstrucción posterior?

 

Ruickbie busca respuestas en la corroboración y en la acumulación de testimonios. Uno de los casos históricos que analiza es el del capitán Eldred Bowyer-Bower, aviador británico abatido durante la Primera Guerra Mundial. El ensayo reúne relatos de varias personas vinculadas a él: una aparición comunicada por su media hermana en la India, una niña que dijo haberlo visto y experiencias posteriores atribuidas a su madre y a su prometida. La fuerza narrativa del episodio está en esa dispersión geográfica y temporal. Su dificultad probatoria también: el lector depende de testimonios transmitidos, cartas y registros reunidos con posterioridad, y debe preguntarse cuánto permiten concluir sobre la explicación de lo ocurrido. ruickbie-ghost-time-machine

 

Ruickbie no evita las objeciones. Recuerda que los sentidos pueden engañarnos, que la memoria se reconstruye y que la expectativa puede moldear una experiencia. También describe el censo de alucinaciones de la Society for Psychical Research, realizado a finales del siglo XIX mediante una encuesta postal a 17.000 personas. Cerca del diez por ciento informó haber tenido alguna impresión vívida de ver, oír o sentir algo que no parecía tener una causa física externa. Para el autor, la frecuencia de esos relatos exige investigarlos; por sí sola, no establece qué los provoca.

 

El título del ensayo anuncia su movimiento más ambicioso. Ruickbie relaciona testimonios sobre apariciones, premoniciones y experiencias cercanas a la muerte con alteraciones en la percepción del tiempo. Desde ahí propone que la conciencia podría existir fuera del espacio y el tiempo ordinarios, y enlaza esa posibilidad con ideas de la física cuántica. Esta última conexión es una hipótesis especulativa del autor, no un resultado demostrado por la física. El ensayo funciona mejor cuando reconstruye casos, compara testimonios y examina la calidad de los testigos; se vuelve más arriesgado cuando intenta convertir esas historias en una teoría general del tiempo.

 

Una pregunta y tres criterios

 

La decisión de BICS de utilizar la expresión «más allá de toda duda razonable» trasladó al concurso una fórmula del derecho penal. El instituto explicó que quería animar a los autores a reunir pruebas de muchas clases, incluidos testimonios y experiencias personales. Esa elección define el marco de lectura de los ensayos: el jurado valoró el poder persuasivo y la fuerza acumulada de los argumentos conforme al criterio establecido por el certamen.

 

Un análisis publicado en 2022 examinó los 29 trabajos premiados con una jerarquía de evidencia centrada en la calidad científica, la reproducibilidad y la replicabilidad. Sus autores clasificaron seis ensayos en el nivel más alto, cuatro en el intermedio y diecinueve en el bajo; la coincidencia entre su sistema y la valoración de BICS fue del 44,8 por ciento. El estudio no resuelve si la conciencia sobrevive a la muerte, pero muestra que dos evaluaciones pueden discrepar cuando aplican criterios distintos a un mismo conjunto de trabajos.

 

Ahí se encuentra el interés principal de reunir los tres ensayos. Van Lommel ofrece la vía clínica de las experiencias cercanas a la muerte; Mishlove defiende una lectura acumulativa de fenómenos distintos; Ruickbie intenta que el testimonio, la corroboración y las anomalías temporales superen la resistencia de un lector escéptico. Sus argumentos no son intercambiables y tampoco se apoyan siempre en la misma clase de prueba. La comparación permite ver qué gana y qué arriesga cada enfoque.

 

El paciente de 1969 volvió de una parada cardiaca con un recuerdo que desconcertó a su médico. El tío abuelo de Mishlove apareció en un sueño que el autor relacionó con la hora de su muerte. Ruickbie, que escribe para un lector semejante a Scrooge, reúne historias que se repiten a lo largo de siglos y culturas, aunque ninguna obligue por sí sola a aceptar su interpretación. Al final de los tres recorridos queda una pregunta más precisa que la promesa de una respuesta definitiva: qué pruebas podrían demostrar que la conciencia es algo más que una función del cerebro y cuánto puede sostenerse sobre testimonios, casos clínicos y experiencias que solo conocemos porque alguien regresó para contarlas.

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