La demonización de Bildu por parte del PNV
Ahora que se ven con el agua al cuello, que comprueban cómo es muy posible que Bildu les gane no ya las próximas generales sino sobre todo, y ahí es donde más les duele, las próximas municipales y forales, incluyendo la posibilidad de que pierdan su tesoro más preciado, la joya de la corona, la vaca nutricia de todos sus cuadros, de su red de vachoquis y de toda su estructura provincial durante cincuenta años (hablo de la Diputación Foral de Vizcaya), ahora es cuando se ponen a demonizar a Bildu haciéndonos creer que son muy malos, que siempre fueron muy malos, pero que ahora lo son más todavía porque les pueden ganar por fin las elecciones, todas las elecciones, y desplazarlos de la posición de privilegio en la que han vivido y parasitado al Estado y sus instituciones durante medio siglo.
A otro ratón con ese queso.
El PNV, dicen sus fanáticos sostenedores, nunca pegó un tiro en democracia, nunca asesinó a nadie, nunca hizo nada malo, solo se dedicó a defender un proyecto político. Sí, muy bien, pero siempre se alió con el demonio para llevarlo a cabo y no le importó la alianza si con ello conseguía beneficios y los daños colaterales, esto es, las consecuencias de aliarse con el demonio, para ellos no eran cosa suya ni tenían que ver en ello ni les afectaba ni se lo podían reprochar.
Ya vale, hombre, ya vale.
El PNV se alió cuando estalló la Guerra Civil en 1936 con todo lo peor de la política vasca de entonces, con todas las izquierdas revolucionarias, las republicanas, las socialistas, las comunistas y las anarquistas. Unas izquierdas que en San Sebastián asesinaron a todo lo que se movía y que en Bilbao hicieron una escabechina con los presos en las cárceles y en los barcos-prisión fondeados en la ría. En aquellas escabechinas fueron asesinados todos los líderes de la derecha vasca: Víctor Pradera y su hijo, Joaquín Beunza, José María Urquijo Ibarra, Fernando Ibarra, Adolfo González de Careaga, Fernando de la Quadra Salcedo, Pedro Eguillor, Juan Olazábal Ramery, Ramiro de Maeztu, por citar a los más conocidos. Una derecha vasca completamente descabezada que a duras penas pudo iniciar su andadura durante el nuevo régimen, de modo que tuvieron que venir muchos jerifaltes del Ebro para abajo a cubrir el hueco que dejaron. Y el PNV no se consideraba responsable de nada. Ni siquiera su consejero de Gobernación de entonces, responsable del orden público, Telesforo de Monzón, a quien Aguirre mantuvo en su cargo. Ni siquiera Jesús María Leizaola, consejero de Justicia y Cultura, que tenía a su cargo las prisiones. Aquellos asesinatos fueron cometidos por delincuentes aislados, ajenos a las organizaciones políticas, como marcianos caídos de no se sabe dónde que se pusieron a matar sin pedirle permiso a nadie.
Un poco de por favor.
Durante la época del terrorismo ocurrió lo mismo. El PNV, de cuyas juventudes habían salido los primeros militantes de ETA, de cuya historia la izquierda averchale se hacía partícipe, porque asumían todos sus símbolos, empezando por el Aberri Eguna y la icurriña. Pero el PNV nunca tuvo nada que ver con el terrorismo. A pesar de que siempre salían en defensa de los terroristas cuando caían en sus enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. A pesar de que siempre les defendían a la mínima sospecha de torturas o de abusos de autoridad. A pesar de que se aliaron con ellos en el Pacto de Lizarra cuando el clamor popular estuvo a punto de darle la vuelta a la tortilla, tras el asesinato cobarde de Miguel Ángel Blanco. A pesar de que participaron festivamente en todas las iniciativas de la izquierda averchale para blanquear y para darle una pista de aterrizaje a la banda terrorista cuando decidió dejar de matar.
No cuela. Ya está bien.
El PNV siempre estuvo de parte de todo lo peor de esta sociedad, cuando esa parte infecta decidió cargarse la convivencia, bien fuera durante la Guerra Civil, bien fuera durante la Transición. Así que ya no convencen a nadie con eso de que ellos nunca pegaron un tiro. Porque si no lo pegaron estuvieron siempre de parte, dando cobijo y protección a los que los pegaban.
Así que ahora, cuando cabe la posibilidad cierta de que los cuervos que criaron les saquen los ojos, cuando cabe la posibilidad cierta de que pierdan sus grandes feudos de poder de los que se han estado alimentando durante generaciones, singularmente la Diputación de Vizcaya, nos vienen, ellos y sus voceros y paniaguados a decir que qué malos que son los de la izquierda averchale, que qué poco se han arrepentido de todo lo malo que hicieron.
Pues no. Con su pan que se lo coman.
Ahí os quedáis con vuestros lamentos. Os estará muy bien empleado. Nos iremos todos a la mierda, sí, pero vosotros por delante. Dicho de otro modo: preferimos mil veces que vengan todos los malos, porque sí, fueron muy terribles y nos hicieron la vida imposible, pero fue siempre gracias a vosotros, a que vosotros les disteis siempre el motivo y la comprensión y vosotros sois los primeros que tenéis que pagar por todo lo que hicisteis. Desde siempre.
Así que ahora los que más lo pagaréis seréis vosotros, que sois los que más tendréis que perder, porque sois los que más os aprovechasteis durante todo este tiempo.
Que os den.
Ahora que se ven con el agua al cuello, que comprueban cómo es muy posible que Bildu les gane no ya las próximas generales sino sobre todo, y ahí es donde más les duele, las próximas municipales y forales, incluyendo la posibilidad de que pierdan su tesoro más preciado, la joya de la corona, la vaca nutricia de todos sus cuadros, de su red de vachoquis y de toda su estructura provincial durante cincuenta años (hablo de la Diputación Foral de Vizcaya), ahora es cuando se ponen a demonizar a Bildu haciéndonos creer que son muy malos, que siempre fueron muy malos, pero que ahora lo son más todavía porque les pueden ganar por fin las elecciones, todas las elecciones, y desplazarlos de la posición de privilegio en la que han vivido y parasitado al Estado y sus instituciones durante medio siglo.
A otro ratón con ese queso.
El PNV, dicen sus fanáticos sostenedores, nunca pegó un tiro en democracia, nunca asesinó a nadie, nunca hizo nada malo, solo se dedicó a defender un proyecto político. Sí, muy bien, pero siempre se alió con el demonio para llevarlo a cabo y no le importó la alianza si con ello conseguía beneficios y los daños colaterales, esto es, las consecuencias de aliarse con el demonio, para ellos no eran cosa suya ni tenían que ver en ello ni les afectaba ni se lo podían reprochar.
Ya vale, hombre, ya vale.
El PNV se alió cuando estalló la Guerra Civil en 1936 con todo lo peor de la política vasca de entonces, con todas las izquierdas revolucionarias, las republicanas, las socialistas, las comunistas y las anarquistas. Unas izquierdas que en San Sebastián asesinaron a todo lo que se movía y que en Bilbao hicieron una escabechina con los presos en las cárceles y en los barcos-prisión fondeados en la ría. En aquellas escabechinas fueron asesinados todos los líderes de la derecha vasca: Víctor Pradera y su hijo, Joaquín Beunza, José María Urquijo Ibarra, Fernando Ibarra, Adolfo González de Careaga, Fernando de la Quadra Salcedo, Pedro Eguillor, Juan Olazábal Ramery, Ramiro de Maeztu, por citar a los más conocidos. Una derecha vasca completamente descabezada que a duras penas pudo iniciar su andadura durante el nuevo régimen, de modo que tuvieron que venir muchos jerifaltes del Ebro para abajo a cubrir el hueco que dejaron. Y el PNV no se consideraba responsable de nada. Ni siquiera su consejero de Gobernación de entonces, responsable del orden público, Telesforo de Monzón, a quien Aguirre mantuvo en su cargo. Ni siquiera Jesús María Leizaola, consejero de Justicia y Cultura, que tenía a su cargo las prisiones. Aquellos asesinatos fueron cometidos por delincuentes aislados, ajenos a las organizaciones políticas, como marcianos caídos de no se sabe dónde que se pusieron a matar sin pedirle permiso a nadie.
Un poco de por favor.
Durante la época del terrorismo ocurrió lo mismo. El PNV, de cuyas juventudes habían salido los primeros militantes de ETA, de cuya historia la izquierda averchale se hacía partícipe, porque asumían todos sus símbolos, empezando por el Aberri Eguna y la icurriña. Pero el PNV nunca tuvo nada que ver con el terrorismo. A pesar de que siempre salían en defensa de los terroristas cuando caían en sus enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. A pesar de que siempre les defendían a la mínima sospecha de torturas o de abusos de autoridad. A pesar de que se aliaron con ellos en el Pacto de Lizarra cuando el clamor popular estuvo a punto de darle la vuelta a la tortilla, tras el asesinato cobarde de Miguel Ángel Blanco. A pesar de que participaron festivamente en todas las iniciativas de la izquierda averchale para blanquear y para darle una pista de aterrizaje a la banda terrorista cuando decidió dejar de matar.
No cuela. Ya está bien.
El PNV siempre estuvo de parte de todo lo peor de esta sociedad, cuando esa parte infecta decidió cargarse la convivencia, bien fuera durante la Guerra Civil, bien fuera durante la Transición. Así que ya no convencen a nadie con eso de que ellos nunca pegaron un tiro. Porque si no lo pegaron estuvieron siempre de parte, dando cobijo y protección a los que los pegaban.
Así que ahora, cuando cabe la posibilidad cierta de que los cuervos que criaron les saquen los ojos, cuando cabe la posibilidad cierta de que pierdan sus grandes feudos de poder de los que se han estado alimentando durante generaciones, singularmente la Diputación de Vizcaya, nos vienen, ellos y sus voceros y paniaguados a decir que qué malos que son los de la izquierda averchale, que qué poco se han arrepentido de todo lo malo que hicieron.
Pues no. Con su pan que se lo coman.
Ahí os quedáis con vuestros lamentos. Os estará muy bien empleado. Nos iremos todos a la mierda, sí, pero vosotros por delante. Dicho de otro modo: preferimos mil veces que vengan todos los malos, porque sí, fueron muy terribles y nos hicieron la vida imposible, pero fue siempre gracias a vosotros, a que vosotros les disteis siempre el motivo y la comprensión y vosotros sois los primeros que tenéis que pagar por todo lo que hicisteis. Desde siempre.
Así que ahora los que más lo pagaréis seréis vosotros, que sois los que más tendréis que perder, porque sois los que más os aprovechasteis durante todo este tiempo.
Que os den.



















