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Martes, 27 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:
A la sombra de Vox (IV)

La argamasa

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En Plasencia, Santiago Abascal habla de persianas que se cierran, de reglamentos que asfixian y de un campo que pide socorro. Pero la gran noticia de la semana no estaba en el atril: Vox y el PP ya han puesto la primera argamasa entre sus piedras. En el Senado. Y solo en el Senado.

 

I. LA PERSIANA

 

Hay una imagen que Abascal ha empezado a repetir y que conviene retener, porque es la mejor que ha encontrado en toda la precampaña. La del autónomo que baja la persiana por la noche. ¡Rrrrraaaac! El ruido metálico, el candado, la calle vacía. Y el hombre —o la mujer— que vuelve a casa casi llorando, convencido de que el Estado se va a llevar una parte enorme de lo que ha ganado ese día. La contó el lunes en Talavera de la Reina, en la presentación de sus candidatos, ante un recinto ferial que, según las crónicas de los medios afines, se quedó pequeño y obligó al candidato a improvisar un segundo discurso para los que se quedaron fuera.

 

Y el martes 27, en Plasencia, ante los periodistas, el candidato volvió sobre la misma idea con una enumeración que suena a letanía: en todas partes, dice, escucha lo mismo. El grito de socorro del campo. La ruina de las pymes. La ruina de los autónomos. Una sanidad colapsada, una vivienda inaccesible, la rabia por la inmigración ilegal. Es el inventario de los agravios, recitado con la cadencia de quien lleva semanas de carretera y ha oído la misma queja en cien bares distintos.

 

El grito del campo, además, tiene fecha: mañana, miércoles 28, está anunciada una tractorada en Madrid. Tractores en la Castellana. El decorado perfecto para un candidato que habla de socorro rural y que, a estas alturas, ya sabe que en política las imágenes llegan solas cuando uno ha elegido bien las palabras.

 

II. ASFIXIANTE

 

Lo que propone Abascal cabe en cuatro palabras, y él mismo las repite como quien recita un credo: prioridad nacional, bajada fiscal, desregulación, remigración. Que los españoles no sigan, dice, discriminados en su propia patria a la hora de pedir una ayuda, un alquiler o una plaza de guardería. Que se acabe el "acoso fiscal" a trabajadores, pymes y autónomos. Que se revise una normativa que califica de "absolutamente asfixiante", sobre todo en el campo, en la industria y en la educación.

 

Los cronistas más puntillosos anotaron que no concretó qué impuestos bajaría ni cuánto. Es la ley no escrita de toda precampaña: el diagnóstico se da con detalle; la receta, con la dosis en blanco. Lo que sí concretó fue el culpable. No solo Sánchez: también Bruselas, donde, según él, PP y PSOE forman una "coalición oculta" responsable de la sobrerregulación que pesa sobre los agricultores, la energía y la industria.

 

Y ahí, en esa frase, asoma el asunto de la semana.

 

III. LA ARGAMASA

 

Porque hace cinco días, en Segovia, esta serie se preguntaba cómo se sostiene en pie una mayoría sin argamasa, como el acueducto. Pues bien: ya hay argamasa. Poca, medida al milímetro, aplicada solo en un ala del edificio. Pero la hay.

 

El viernes, el PSOE, IU, Sumar y otras fuerzas de izquierda registraron en el último momento candidaturas conjuntas al Senado. Y PP y Vox respondieron a contrarreloj, antes de que el lunes 26 venciera el plazo para retocar las listas, con un acuerdo de coordinación en 23 provincias. La letra pequeña es un pequeño tratado de ingeniería electoral. En seis provincias —Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Valencia, Castellón y Baleares— Vox no presenta candidatura propia y seis de sus aspirantes irán como independientes en las listas del PP. A cambio, el PP renuncia a concurrir en Guipúzcoapuzkoa, Girona y Tarragona. Y en otras catorce provincias, Vox presentará un solo candidato.

 

¡Seis nombres de Vox bajo el logotipo azul! Hay que imaginárselo: el militante que lleva diez años con la pulsera rojigualda y la gorra verde, entrando en el colegio electoral y buscando a su candidato en la papeleta de otro partido. Es el tipo de detalle que dice más de una época que cien editoriales.

 

Y aun así, Abascal se apresuró a levantar el muro. La autonomía de Vox, dijo en Plasencia, permanece "intacta". Vox es un partido muy distinto al PP, insistió, y los populares no comparten ni la prioridad nacional, ni la remigración, ni la desregulación. Es la coreografía clásica de los matrimonios de conveniencia: firmar los papeles por la mañana y explicar por la tarde que no, que no es lo que parece, que cada uno sigue viviendo en su casa.

 

IV. SIN MATICES

 

En el turno de preguntas salió, una vez más, la violencia contra los actos de su partido. Y Abascal la condenó, según recogió la prensa, sin ningún tipo de matiz. Es una frase que no debería ser noticia y que, en esta precampaña, lo es: la de un candidato que tiene que repetir, semana tras semana, que hablar en una plaza no puede costar una pedrada. A su juicio, esos episodios buscan una sola cosa: que no se hable ni de la corrupción ni de las propuestas de Vox.

 

El balance que hace del sanchismo, ocho años después, cabe en tres adjetivos: una España menos libre, arruinada y enfrentada. Es la verdad y es el retrato que Vox quiere que el votante tenga en la cabeza al entrar en la cabina.

 

V. LOS NÚMEROS

 

Y al fondo, como siempre, las encuestas, esas en las que el candidato no cree. La media de quince institutos publicada este martes por Demócrata sitúa al PP en el 31 %, al PSOE en el 27,3 % y a Vox en el 18,9 %. Casi uno de cada cinco votos. La derecha, en conjunto, por encima de la mayoría absoluta en varios sondeos.

 

Abascal, fiel a su superstición, no lo celebra. Habla de persianas, de tractores, de reglamentos. Firma argamasa en el Senado y jura que su piedra sigue siendo su piedra.

 

Quedan treinta y tres días. Y la pregunta del acueducto sigue en pie: ¿aguantará el arco cuando haya que construir el resto del edificio?

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