La otra lista
![[Img #31438]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/11_2026/811_screenshot-2026-11-07-at-09-11-55-abascal-denuncia-desde-granada-el-aumento-de-las-listas-de-espera-con-sanchez-han-regalado-algo-que-es-patrimonio-de-los-espanoles-vox.png)
En un Palacio de Congresos de Granada lleno y blindado por la Policía, Santiago Abascal cambia de lista: después de la de los votantes a convencer y la de los "fusibles" de Sánchez, llega la de los cuatro millones de españoles que esperan a que los atienda un médico.
I. EL PERÍMETRO
Para entrar había que cruzar un perímetro. Furgones de la Policía Nacional, vallas, agentes en las esquinas. Fuera, a un lado, lo que queda de la acampada por la vivienda: medio centenar de tiendas que siguen plantadas en la explanada aunque la mayoría de sus ocupantes se marchó hace semanas, tres días después de que la Policía desalojara la de la Puerta del Sol en Madrid. Al otro, una concentración antifascista. Y en medio, el Palacio de Congresos de Granada, el viernes 6 de noviembre a las siete de la tarde.
Granada tenía memoria. En abril, un acto de Vox en la ciudad terminó con incidentes y retrasos. Esta vez el dispositivo policial evitó enfrentamientos. Es la escena que esta precampaña repite con una regularidad casi litúrgica: el candidato dentro, la protesta fuera, y entre ambos, los agentes garantizando algo que en cualquier democracia debería darse por supuesto. Que quien quiera escuchar pueda escuchar.
II. EL MEGÁFONO
Dentro, el auditorio se llenó. ¿Cuántos? La guerra de cifras de siempre: unas dos mil personas según algunas crónicas; dos mil quinientas dentro y quinientas fuera, según los datos que facilitó Vox. Lo que sí está documentado es el gesto, que empieza a ser marca de la casa: Abascal salió a la calle con un megáfono a dar las gracias a los que se habían quedado sin sitio.
El megáfono. Es la herramienta más antigua de la política de calle, la del sindicalista en la puerta de la fábrica, la del candidato de los años setenta encaramado a una furgoneta. Y Abascal, que lo utilizó ampliamente en los orígenes de Vox, lo ha recuperado como quien recupera un objeto vintage que vuelve a estar de moda. Dentro, la sala climatizada, las pantallas, el sonido profesional. Fuera, el megáfono, la voz metálica, la gente apretada en la acera. La campaña de las dos escalas.
III. CUATRO MILLONES
Y luego, la lista. En Segovia fue la de los votantes por convencer; en Cuenca, la de los "fusibles" de Sánchez. En Granada, la lista era otra: la de espera.
Desde que llegó Sánchez, dijo Abascal, las listas de espera han crecido y hay cuatro millones de españoles esperando. Cuatro millones de personas con un papel en el cajón de la cocina, una cita que no llega, una prueba que se aplaza, un especialista que da hora para dentro de seis meses. Es el tipo de agravio que no necesita explicación porque casi todo el mundo tiene a alguien en esa lista.
El candidato fue más allá: la sanidad, pública y privada, se está colapsando, y el Gobierno, sostiene, se lo ha cargado todo por ideología. Y deslizó la acusación que da título a la nota de su partido: que se ha regalado algo que es patrimonio de los españoles. La sanidad como herencia familiar, como la casa del pueblo o las tierras del abuelo, repartida, según él, entre quienes no la construyeron.
IV. CON PERDÓN A LAS MADRES
Y entonces, el momento que la sala recordará. Volvió a llamar a Sánchez "candidato marroquí". Y prometió que si, estando él en el Gobierno, otra nación hace con España lo que, según él, ha hecho Marruecos, se acordará en público de la madre de sus dirigentes.
Y luego, la coletilla, perfecta, de manual de comedia: "con perdón a las madres".
¡La sala estalla! Es el mismo registro de la "puñetera casa" y de la gente "jodida": el candidato que habla como se habla en la barra, que no pide permiso al protocolo diplomático ni al libro de estilo. Y que, a la vez, en el último segundo, se acuerda de pedir disculpas. No al dirigente extranjero, que no las merece, sino a las madres, que no tienen la culpa. Es un detalle de educación de pueblo dentro de una frase de taberna, y define al personaje mejor que cualquier programa.
V. NADIE SE RELAJE
Antes que Abascal habló Jacobo González Robatto, cabeza de lista por Granada, que dedicó su intervención a los trenes y responsabilizó a Óscar Puente de dos tragedias ferroviarias. Y el candidato cerró con lo que ya es su firma: que nadie se relaje con las encuestas. Que el 29 de noviembre, dijo, nos lo jugamos todo. Otra vez el hombre que no se fía de los sondeos, incluso cuando le sonríen, incluso en una sala llena, incluso con quinientas personas más esperando en la calle.
Granada reparte siete diputados. Hoy, a mediodía, Guadalajara cierra la gira de las provincias pequeñas.
Quedan veintidós días. Cuatro millones de españoles siguen esperando su cita. Y el candidato de Vox ha decidido que esa espera, la que se cuenta en meses y en papeles en un cajón, sea uno de los ejes de su campaña.
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En un Palacio de Congresos de Granada lleno y blindado por la Policía, Santiago Abascal cambia de lista: después de la de los votantes a convencer y la de los "fusibles" de Sánchez, llega la de los cuatro millones de españoles que esperan a que los atienda un médico.
I. EL PERÍMETRO
Para entrar había que cruzar un perímetro. Furgones de la Policía Nacional, vallas, agentes en las esquinas. Fuera, a un lado, lo que queda de la acampada por la vivienda: medio centenar de tiendas que siguen plantadas en la explanada aunque la mayoría de sus ocupantes se marchó hace semanas, tres días después de que la Policía desalojara la de la Puerta del Sol en Madrid. Al otro, una concentración antifascista. Y en medio, el Palacio de Congresos de Granada, el viernes 6 de noviembre a las siete de la tarde.
Granada tenía memoria. En abril, un acto de Vox en la ciudad terminó con incidentes y retrasos. Esta vez el dispositivo policial evitó enfrentamientos. Es la escena que esta precampaña repite con una regularidad casi litúrgica: el candidato dentro, la protesta fuera, y entre ambos, los agentes garantizando algo que en cualquier democracia debería darse por supuesto. Que quien quiera escuchar pueda escuchar.
II. EL MEGÁFONO
Dentro, el auditorio se llenó. ¿Cuántos? La guerra de cifras de siempre: unas dos mil personas según algunas crónicas; dos mil quinientas dentro y quinientas fuera, según los datos que facilitó Vox. Lo que sí está documentado es el gesto, que empieza a ser marca de la casa: Abascal salió a la calle con un megáfono a dar las gracias a los que se habían quedado sin sitio.
El megáfono. Es la herramienta más antigua de la política de calle, la del sindicalista en la puerta de la fábrica, la del candidato de los años setenta encaramado a una furgoneta. Y Abascal, que lo utilizó ampliamente en los orígenes de Vox, lo ha recuperado como quien recupera un objeto vintage que vuelve a estar de moda. Dentro, la sala climatizada, las pantallas, el sonido profesional. Fuera, el megáfono, la voz metálica, la gente apretada en la acera. La campaña de las dos escalas.
III. CUATRO MILLONES
Y luego, la lista. En Segovia fue la de los votantes por convencer; en Cuenca, la de los "fusibles" de Sánchez. En Granada, la lista era otra: la de espera.
Desde que llegó Sánchez, dijo Abascal, las listas de espera han crecido y hay cuatro millones de españoles esperando. Cuatro millones de personas con un papel en el cajón de la cocina, una cita que no llega, una prueba que se aplaza, un especialista que da hora para dentro de seis meses. Es el tipo de agravio que no necesita explicación porque casi todo el mundo tiene a alguien en esa lista.
El candidato fue más allá: la sanidad, pública y privada, se está colapsando, y el Gobierno, sostiene, se lo ha cargado todo por ideología. Y deslizó la acusación que da título a la nota de su partido: que se ha regalado algo que es patrimonio de los españoles. La sanidad como herencia familiar, como la casa del pueblo o las tierras del abuelo, repartida, según él, entre quienes no la construyeron.
IV. CON PERDÓN A LAS MADRES
Y entonces, el momento que la sala recordará. Volvió a llamar a Sánchez "candidato marroquí". Y prometió que si, estando él en el Gobierno, otra nación hace con España lo que, según él, ha hecho Marruecos, se acordará en público de la madre de sus dirigentes.
Y luego, la coletilla, perfecta, de manual de comedia: "con perdón a las madres".
¡La sala estalla! Es el mismo registro de la "puñetera casa" y de la gente "jodida": el candidato que habla como se habla en la barra, que no pide permiso al protocolo diplomático ni al libro de estilo. Y que, a la vez, en el último segundo, se acuerda de pedir disculpas. No al dirigente extranjero, que no las merece, sino a las madres, que no tienen la culpa. Es un detalle de educación de pueblo dentro de una frase de taberna, y define al personaje mejor que cualquier programa.
V. NADIE SE RELAJE
Antes que Abascal habló Jacobo González Robatto, cabeza de lista por Granada, que dedicó su intervención a los trenes y responsabilizó a Óscar Puente de dos tragedias ferroviarias. Y el candidato cerró con lo que ya es su firma: que nadie se relaje con las encuestas. Que el 29 de noviembre, dijo, nos lo jugamos todo. Otra vez el hombre que no se fía de los sondeos, incluso cuando le sonríen, incluso en una sala llena, incluso con quinientas personas más esperando en la calle.
Granada reparte siete diputados. Hoy, a mediodía, Guadalajara cierra la gira de las provincias pequeñas.
Quedan veintidós días. Cuatro millones de españoles siguen esperando su cita. Y el candidato de Vox ha decidido que esa espera, la que se cuenta en meses y en papeles en un cajón, sea uno de los ejes de su campaña.





















