Nuevo estudio
¿Escribió Flavio Josefo que los discípulos de Jesús lo vieron vivo tras su crucifixión? Un análisis reabre el debate
Un nuevo análisis de versiones antiguas del Testimonium Flavianum reabre la discusión sobre lo que Flavio Josefo escribió acerca de Jesús. Para entender su importancia hay que empezar por el propio historiador: sus obras son una fuente fundamental sobre el judaísmo del siglo I, pero no fue testigo de la vida de Jesús
![[Img #31440]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/11_2026/4815_daily-mail-online.jpg)
Flavio Josefo ocupa un lugar singular en la historia antigua. Nacido en Jerusalén hacia los años 37 o 38, pertenecía a una familia sacerdotal y aristocrática. Participó en la guerra judía contra Roma y, tras la derrota, se instaló en Roma, donde escribió sus obras históricas. Su relato de la guerra y, sobre todo, Antigüedades judías, concluida hacia los años 93 o 94, ofrecen una extensa descripción del mundo político, religioso y social en el que surgieron Jesús y sus primeros seguidores.
Ese contexto convierte a Josefo en una fuente de enorme valor, aunque también obliga a precisar qué clase de testigo fue. Nació después de la muerte de Jesús y, por tanto, no pudo conocerlo personalmente. Su importancia reside en que fue un historiador judío del siglo I, ajeno a la comunidad cristiana, que escribió sobre la historia de su pueblo y mencionó a varias figuras y conflictos relacionados con el periodo del Nuevo Testamento. Sus obras permiten contrastar el mundo descrito en los textos cristianos con una narración histórica escrita desde otro entorno.
En Antigüedades judías aparecen dos referencias particularmente relevantes para este debate. Una es el pasaje sobre Jesús conocido como Testimonium Flavianum, en el libro XVIII. La otra está en el libro XX: al narrar la ejecución de Santiago, Josefo lo identifica como «hermano de Jesús, llamado Cristo». Esta segunda mención suele considerarse menos problemática que el Testimonium, aunque también ha sido discutida. El pasaje sobre Jesús es excepcional porque, si conserva un núcleo escrito por Josefo, constituiría un testimonio temprano de un autor no cristiano; precisamente por eso, determinar qué partes son auténticas tiene consecuencias para reconstruir las primeras noticias externas sobre Jesús.
El texto transmitido en griego describe a Jesús como un sabio, menciona su condena a la cruz por orden de Poncio Pilato y afirma que sus seguidores no lo abandonaron. Añade que se les apareció vivo al tercer día y vincula el episodio con las profecías. Pero expresiones como «era el Cristo» o la afirmación sobre la resurrección parecen a muchos estudiosos demasiado cercanas a una confesión cristiana para atribuirlas sin más a un historiador judío. De ahí las tres grandes posiciones que atraviesan la discusión: que el pasaje es auténtico, que conserva un núcleo de Josefo ampliado por copistas cristianos o que fue incorporado por completo con posterioridad.
Un nuevo de Jesús Fernández-Pedrera Correa, investigador independiente, compara las versiones griega, latina, árabe y siríaca del pasaje. Según su lectura, las tres últimas presentan de forma más moderada la frase que en griego declara que Jesús «era el Cristo»: lo describen como alguien considerado o tenido por el Mesías. El autor sostiene que esa diferencia, junto con el testimonio de Orígenes —quien escribió que Josefo no reconocía a Jesús como el Cristo—, respalda la hipótesis de que la afirmación directa fue introducida durante la transmisión del texto.
La consecuencia para el relato de la resurrección es más incierta. En la versión árabe, el episodio aparece atribuido a lo que afirmaban los discípulos. El investigador plantea que Josefo pudo haber registrado la creencia de los seguidores de Jesús sin presentarla como un hecho propio. Su análisis califica esa reconstrucción de plausible, pero no concluyente: las versiones conservadas no permiten recuperar con seguridad las palabras originales del historiador.
También está en discusión cuánto puede deducirse de la relación entre esas versiones. Un artículo de New Testament Studies de 2008 sostuvo que las versiones árabe y siríaca derivan de una traducción siríaca de Eusebio; un estudio publicado en 2024 concluyó que las versiones conocidas del Testimonium proceden de Eusebio. Ese debate importa porque, si varios textos dependen de una fuente común, sus coincidencias no equivalen automáticamente a testimonios independientes.
No ha aparecido un manuscrito nuevo de la época de Josefo: el estudio compara versiones conocidas y propone una nueva interpretación de sus diferencias. Además, el texto está publicado en Zenodo como prepublicación, o preprint. Su interés está en reabrir una pregunta histórica bien delimitada: si Josefo escribió sobre Jesús y, en ese caso, si consignó una afirmación de sus seguidores acerca de una aparición posterior a la crucifixión. La discusión afecta a la historia de la transmisión del texto y al valor de una de las escasas referencias antiguas a Jesús fuera de los escritos cristianos; no demuestra por sí misma la resurrección.
Un nuevo análisis de versiones antiguas del Testimonium Flavianum reabre la discusión sobre lo que Flavio Josefo escribió acerca de Jesús. Para entender su importancia hay que empezar por el propio historiador: sus obras son una fuente fundamental sobre el judaísmo del siglo I, pero no fue testigo de la vida de Jesús
![[Img #31440]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/11_2026/4815_daily-mail-online.jpg)
Flavio Josefo ocupa un lugar singular en la historia antigua. Nacido en Jerusalén hacia los años 37 o 38, pertenecía a una familia sacerdotal y aristocrática. Participó en la guerra judía contra Roma y, tras la derrota, se instaló en Roma, donde escribió sus obras históricas. Su relato de la guerra y, sobre todo, Antigüedades judías, concluida hacia los años 93 o 94, ofrecen una extensa descripción del mundo político, religioso y social en el que surgieron Jesús y sus primeros seguidores.
Ese contexto convierte a Josefo en una fuente de enorme valor, aunque también obliga a precisar qué clase de testigo fue. Nació después de la muerte de Jesús y, por tanto, no pudo conocerlo personalmente. Su importancia reside en que fue un historiador judío del siglo I, ajeno a la comunidad cristiana, que escribió sobre la historia de su pueblo y mencionó a varias figuras y conflictos relacionados con el periodo del Nuevo Testamento. Sus obras permiten contrastar el mundo descrito en los textos cristianos con una narración histórica escrita desde otro entorno.
En Antigüedades judías aparecen dos referencias particularmente relevantes para este debate. Una es el pasaje sobre Jesús conocido como Testimonium Flavianum, en el libro XVIII. La otra está en el libro XX: al narrar la ejecución de Santiago, Josefo lo identifica como «hermano de Jesús, llamado Cristo». Esta segunda mención suele considerarse menos problemática que el Testimonium, aunque también ha sido discutida. El pasaje sobre Jesús es excepcional porque, si conserva un núcleo escrito por Josefo, constituiría un testimonio temprano de un autor no cristiano; precisamente por eso, determinar qué partes son auténticas tiene consecuencias para reconstruir las primeras noticias externas sobre Jesús.
El texto transmitido en griego describe a Jesús como un sabio, menciona su condena a la cruz por orden de Poncio Pilato y afirma que sus seguidores no lo abandonaron. Añade que se les apareció vivo al tercer día y vincula el episodio con las profecías. Pero expresiones como «era el Cristo» o la afirmación sobre la resurrección parecen a muchos estudiosos demasiado cercanas a una confesión cristiana para atribuirlas sin más a un historiador judío. De ahí las tres grandes posiciones que atraviesan la discusión: que el pasaje es auténtico, que conserva un núcleo de Josefo ampliado por copistas cristianos o que fue incorporado por completo con posterioridad.
Un nuevo de Jesús Fernández-Pedrera Correa, investigador independiente, compara las versiones griega, latina, árabe y siríaca del pasaje. Según su lectura, las tres últimas presentan de forma más moderada la frase que en griego declara que Jesús «era el Cristo»: lo describen como alguien considerado o tenido por el Mesías. El autor sostiene que esa diferencia, junto con el testimonio de Orígenes —quien escribió que Josefo no reconocía a Jesús como el Cristo—, respalda la hipótesis de que la afirmación directa fue introducida durante la transmisión del texto.
La consecuencia para el relato de la resurrección es más incierta. En la versión árabe, el episodio aparece atribuido a lo que afirmaban los discípulos. El investigador plantea que Josefo pudo haber registrado la creencia de los seguidores de Jesús sin presentarla como un hecho propio. Su análisis califica esa reconstrucción de plausible, pero no concluyente: las versiones conservadas no permiten recuperar con seguridad las palabras originales del historiador.
También está en discusión cuánto puede deducirse de la relación entre esas versiones. Un artículo de New Testament Studies de 2008 sostuvo que las versiones árabe y siríaca derivan de una traducción siríaca de Eusebio; un estudio publicado en 2024 concluyó que las versiones conocidas del Testimonium proceden de Eusebio. Ese debate importa porque, si varios textos dependen de una fuente común, sus coincidencias no equivalen automáticamente a testimonios independientes.
No ha aparecido un manuscrito nuevo de la época de Josefo: el estudio compara versiones conocidas y propone una nueva interpretación de sus diferencias. Además, el texto está publicado en Zenodo como prepublicación, o preprint. Su interés está en reabrir una pregunta histórica bien delimitada: si Josefo escribió sobre Jesús y, en ese caso, si consignó una afirmación de sus seguidores acerca de una aparición posterior a la crucifixión. La discusión afecta a la historia de la transmisión del texto y al valor de una de las escasas referencias antiguas a Jesús fuera de los escritos cristianos; no demuestra por sí misma la resurrección.


















