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Domingo, 08 de Noviembre de 2026 Tiempo de lectura:

Profundo y tranquilo

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En Guadalajara, junto al mercadillo de los sábados, Santiago Abascal cierra su gira por las provincias pequeñas con dos registros en un mismo discurso: la palabra "masacre" para hablar de Urda y la promesa de un cambio "profundo y tranquilo" para hablar del futuro.

 

I. EL MERCADILLO

 

Sábado, doce del mediodía. En Guadalajara, los sábados por la mañana hay mercadillo en los alrededores del auditorio Pedro Díaz. Hay que imaginárselo: los puestos de fruta, las mantas con calcetines a tres pares por cinco euros, el vendedor de quesos manchegos con su cuchillo y sus muestras en palillo, las señoras con el carro de la compra. Y entre ellas, de pronto, un río de banderas camino del auditorio.

 

Es una de esas coincidencias que ningún jefe de campaña planifica y que ningún cronista puede ignorar. La política de los grandes conceptos —la nación, la soberanía, la historia— desembocando en la explanada donde se compran los tomates de la semana. A Abascal, que lleva un mes hablando de la cesta de la compra, de los autónomos y de la gente "jodida", no podía haberle tocado mejor decorado.

 

II. LA CIFRA DE LA POLICÍA

 

Dentro, el auditorio se llenó. Y esta vez, por una vez en esta serie, la cifra no viene del partido: unas dos mil quinientas personas, según la Policía Local. Es la quinta vez que el candidato visita la ciudad, según recordó Vox, y en la primera, en 2019, tuvo que salir con un megáfono a la puerta del teatro Buero Vallejo para hablar a los que se habían quedado fuera. Siete años después, el megáfono ya es marca de la casa, y el auditorio, más grande.

 

En el atril, una sola palabra: "Prioridades". Junto al candidato, Ángel López Maraver, cabeza de lista por Guadalajara y uno de los hombres de confianza de Abascal. Y una sincronía de calendario que dice mucho de cómo se juega esta campaña: Abascal empezó a hablar justo cuando terminaba, a cientos de kilómetros, el mitin de Pedro Sánchez. Dos atriles, dos públicos, un mismo sábado.

 

III. LA MASACRE

 

El primer registro del discurso fue el de la indignación. Urda volvió al centro, como en cada parada de esta semana. Sesenta y nueve muertos el 28 de octubre, que se suman a los cuarenta y seis de Adamuz en enero. Tras la dimisión de Óscar Puente, el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, presentó también su renuncia. Y en esos mismos días, el PP castellanomanchego denunció que Adif había aprobado primas a sus directivos después del accidente.

 

Abascal recogió todo eso en una pregunta, la que su partido eligió como titular: por qué no dimite Pedro Sánchez cuando ve que todos los que ha colocado se están llevando el dinero en mitad de la masacre. En mitad de la masacre, insistió, en mitad de los muertos. Es la palabra más dura que se le ha oído en esta precampaña para hablar de un accidente, y la eligió a conciencia.

 

IV. EL CAMBIO TRANQUILO

 

Y entonces, el giro. Porque el mismo discurso que había hablado de masacre cambió de tono, casi de voz, para hablar del futuro. Tenemos motivos para la esperanza, dijo. En España ha habido aciertos y errores, concedió, pero estos ocho años han sido, según él, un periodo muy negro que la historia castigará. Y después de eso, la promesa: no solo un cambio profundo, sino un cambio tranquilo.

 

Profundo y tranquilo. Dos adjetivos que rara vez van juntos en boca de un candidato al que sus adversarios describen como cualquier cosa menos tranquilo. Es la frase de quien sabe que, para pasar del 18 % al Gobierno, necesita votos de gente que no grita en los mitines. Gente que quiere cambiarlo todo, sí, pero sin que se rompa nada por el camino.

 

Los destinatarios de esa promesa tenían nombre. Los jóvenes, que merecen, dijo, un salario digno, una casa y un futuro en Guadalajara sin tener que emigrar, junto a los suyos. Y los mayores, a los que quiso tranquilizar contra lo que llamó la propaganda de que Vox les va a quitar las pensiones, una acusación que calificó de sucia y asquerosa.

 

V. LOS POQUITOS

 

Y al final, otra vez los deberes. Como en Segovia, como en Ibiza. Que cada asistente convenza a la gente "buena" de su entorno que no piensa votar a Vox, o que no piensa votar porque cree que todo es lo mismo. Pedid que nos den una oportunidad, dijo. Si todos convencéis a unos poquitos, la sorpresa del 29 de noviembre puede ser incluso mejor de lo que desearíamos.

 

Unos poquitos. Es la aritmética de esta gira entera: Cuenca, Ciudad Real, Teruel, Granada, Guadalajara, provincias donde un escaño se decide por unos poquitos votos. Y, fiel a su superstición, el candidato añadió el aviso de siempre: la sorpresa también puede ser negativa si se da por hecha la victoria. La desmovilización, dijo, es nuestro peor enemigo.

 

Al salir, el mercadillo ya estaba recogiendo. Los toldos plegados, las cajas de fruta vacías, los camiones cargando. Quedan veintiún días. La gira de las provincias pequeñas ha terminado. La de los debates, según la prensa, está a punto de empezar.

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