Miércoles, 21 de Enero de 2026

Actualizada Miércoles, 21 de Enero de 2026 a las 08:53:38 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Carlos X. Blanco
Martes, 26 de Septiembre de 2017 Tiempo de lectura:

Traición

Hace 1300 años, un pequeño grupo de astures y godos plantaron cara a  todo un ejército enviado desde la Córdoba musulmana a castigar el norte levantisco. En Covadonga, el orgullo sarraceno quedó aplastado y con la victoria de los que siguieron a Pelayo, nació el Reino de Asturias y, de él, aunque no sólo de él, con el correr de los siglos, nacería España.


Más al oriente, los cántabros, hermanos de raza de los astures, y los pirenaicos, apoyados también por godos refugiados y guerreros francos, levantarían un muro de contención ante la oleada mahometana, y asegurarían para las generaciones futuras la pertenencia de España a la órbita del mundo cristiano y de la europeidad occidental. De éstos últimos núcleos de resistencia pirenaica nacerían los condados aragoneses y catalanes. Aquellos hispani, godos en gran medida, hermanos de raza de la huestes asturcántabras de Pelayo y Alfonso, serán los catalanes del futuro, y la forma de ser denominados por sus aliados los carolingios, hispani, delata ya su destino como parte integrante de la gran nación española del futuro, pese a formar parte, en un primer momento, del Imperio de los francos, y siendo la Marca Hispana creada porlos francos la que contuviera, junto con los de Oviedo, la invasión afroárabe de Europa.


De esa Reconquista que iniciaron los asturianos, pero también sus hermanos cántabros y pirenaicos (vascones, aragoneses, catalanes, etc.) nace el proyecto magno de España, proyecto que ilusionó a reyes, clérigos, caballeros y pueblo llano por encima de las divisiones formales y patrimoniales en reinos. Es cierto: la España medieval es la España de los diversos reinos. Y de su diversa expansión territorial, recuperando tierras robadas por el moro, nacerían unas diferencias regionales que, en tiempos de una supuesta unidad anterior, la Hispania (¿por qué no la Gothia) de los visigodos toledanos, aún no existían de forma tan acusada.

 

De nuestra diversidad regional como españoles, hermosa y enriquecedora, al calor de la Reconquista, nacería un regionalismo propio, no importado ni postizo, el regionalismo específicamente hispano de los fueros, la hispanidad bellamente ejercida en la Monarquía antigua, desde los Reyes Católicos hasta la llegada de los Borbones: varios reinos bajo una misma Corona, varios fueros pero una misma Hispanidad.


[Img #12277]El régimen de 1978  y su "invento" de las Autonomías ha venido a dar al traste toda nuestra preciosa herencia, casi diría que ancestral. El Estado de las Autonomías, en modo alguno especificado en el texto constitucional, ha devenido una monstruosidad. Una locura que ha roto por completo las amarras con la tradición hispana, combinando la idea (en principio deseable en algunos ámbitos) de la descentralización, con la creación de entes quiméricos que nada tienen que ver con nuestras etnias, costumbres, usos, etc. Las autonomías que, de forma arbitraria y oligárquica, sólo se querían conceder en un principio a las Vascongadas, a Cataluña y a Galicia, hubieron de generalizarse a las otras regiones que, se mire como se mire, eran tan históricas o más que el trío antes mentado, aunque no reclamaban nada ni amenazaban con irse de la Patria común. Históricas eran Asturias y León, que fueron reinos.

 

Histórica fue Aragón y Castilla, por lo mismo. Histórica fue Navarra, la del Reino, un Reino que nunca formó parte de una fantástica "Euskadi". Histórica es cada parcela de tierra donde viven españoles y donde su suelo fue regado con sangre de españoles que murieron defendiendo su libertad e independencia.


La mayor infamia que representa este invento de las Autonomías, si cabe, no consiste en sus arbitrariedades, nacidas al calor del caciquismo (Castilla desmembrada, León "cosido" a Castilla, un Madrid distrito-federal, una "Cantabria" inventada y desligada de sus raíces, ora asturianas, ora castellanas, etc., etc.). La mayor infamia no es la falsedad de estas fronteras interiores, ni siquiera la instauración de diferencias en los derechos de todos los españoles… Infamia fue dar trato de privilegio o de discriminación, con esas autonomías de Primera, de Segunda y de Tercera división… Pero ni siquiera, con ser grave, este es el cargo histórico que pesará sobre el invento de las Autonomías. El cargo que pesará sobre ellas, y sobre España, si sobrevive a esta "crisis" (¿o ataque?) también consiste en haber echado a pique el Estado del Bienestar. Las Autonomías, con sus despilfarros y duplicaciones acabarán chupándonos la sangre a todos los españoles, porque suponen gastos parasitarios que ya no vamos a poder soportar: diecisiete parlamentos y gobiernos regionales que gastan como si fueran Estados soberanos, pero sin ejército.


Ya he dicho que las Autonomías son excesivamente caras, ineficientes, arbitrarias en sus delimitaciones, injustas, constituyen una fuente de desigualdades… Sí, pero hay algo más. Algo todavía más grave. Las Autonomías nacieron para "contentar" a unas élites, principalmente vascas y catalanas, que aspiraban –allá por 1978- a un mayor autogobierno, cuando no coqueteaban, abiertamente, con el separatismo violento. Y a los próceres del constitucionalismo se les ocurrió una fórmula que, según nos vendieron, no era ni centralista ni federal. Una fórmula mágica, en modo alguno regionalista (en el sentido sano y serio de la palabra) ni fuerista (en el sentido tradicional y puramente hispano del término): la fórmula mágica del ente autonómico. No todas las regiones lo quisieron ni lo pidieron pero la medicina (que no el "café") llegó a todos. Y ya saben Vds. lo que sucede cuando la medicina no es la adecuada, o el paciente está demasiado sano para tomársela. Se crea un mal allí donde no lo había. Esta es la enfermedad iatrogénica, es decir, la causada por los propios médicos.


España enloqueció por el remedio aplicado por unas élites periféricas exiguas, pero saqueadoras. El remedio fue a su vez aceptado por otras élites cortesanas y mesetarias, no menos locas o equivocadas. Un remedio inadecuado incluso para quienes creían, desde su error subjetivo, tener en su seno alguna clase de mal: una supuesta "diferencia" étnico-lingüística que, en realidad, consistía en envidia y en necesidad de prorrogar privilegios contados en pesetas (hoy, en euros). Las élites privilegiadas siempre desean más privilegios, aplazamientos de deuda, tratos de favor, favores añadidos, monopolios y franquicias, y todo el hipertrófico tinglado de las Autonomías se lo puso en bandeja.


Ahora ya "Cataluña" (queremos decir su casta autonómica) no puede pedir privilegios. Ahora ya está la cuerda demasiado tensa. Ahora es el momento de decirles: al redil. Vosotros vais a acatar la Ley de una maldita vez. Y nosotros vamos a refundar España. Refundarla porque el invento que nos sirvieron para satisfacer a aquellos Pujoles, Arzallus, Garaicoecheas, etc. ya no lo quiere nadie, salvo la casta misma que de tanto tensar las cuerdas las va a romper. Quienes saben algo de la diversidad intrínseca a España, de su regionalismo, de su verdadera "constitución histórica" a partir de sus reinos y de su Reconquista, tienen muy claro lo que es el delito de traición. Traición no significa simplemente ir en contra de la Ley, pasarse por el Arco una Constitución. También sabemos que España es mucho más que una Constitución, con ser importante, sumamente importante no cambiar las reglas a medida que vamos jugando, y respetar un marco común.

 

La traición a España que parte de la casta política autonómica catalana está cometiendo no es sólo traición para con sus hermanos de sangre, sino que es traición a una Civilización. El destino que le aguarda a una república bananera y altamente islamizada en el Mediterráneo ya sabemos cuál es: admitir "generosas" donaciones de petrodólares (¡más si caben!) y aceptar de forma más acelerada una sustitución étnica. Si lo hubieran sabido aquellos aguerridos francos, godos e hispanorromanos, aquellos que defendieron con uñas y dientes su enclave cristiano ante la zarpa sarracena, se habrían llevado una enorme decepción con algunos de sus descendientes. Años largos de pujolismo y de adoctrinamiento autonómico (de signo separatista) en las escuelas han hecho esto: una parte del pueblo español, una parte del pueblo español de Cataluña, desea tirar al cubo de la basura la sangre de sus ancestros, la sangre de los que murieron por no aceptar un yugo extranjero. Esa es la gran traición que desean cometer con sus actos separatistas.

 

 

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.