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Domingo, 8 de noviembre de 2015
Fundador y director de la Editorial Anagrama, introductora en España del “Nuevo Periodismo”

Jorge Herralde: “Los primeros libros del ‘Nuevo Periodismo’ provocaron grandes entusiasmos, consideraciones displicentes y respuestas agresivas”

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Noticia clasificada en: Nuevo periodismo

[Img #7362]Jorge Herralde, fundador y actual director de la Editorial Anagrama, fue el responsable, a comienzos de los años setenta del pasado siglo, de introducir en España los textos sorprendentes, coloristas e innovadores de los maestros del “Nuevo Periodismo”, empezando por quien fuera el gran teórico del movimiento y uno de sus más dilectos representantes: Tom Wolfe.

 

Herralde, que actualmente está considerado como uno de los mejores editores literarios de Hispanoamérica y que en su bagaje profesional puede lucir con orgullo haber introducido en España a autores magníficos como Martin Amis, Patricia Highsmith o  John Kennedy Toole, entre otros muchos, recuerda ahora para La Tribuna del País Vasco cómo decidió comenzar a publicar en España a los maestros del “Nuevo Periodismo”.

 

Desde mediados de los sesenta se leían en la prensa de Nueva York los primeros signos de que había aparecido un estridente fenómeno: el Nuevo Periodismo. Y uno de sus adalides más brillantes y combativos era un joven y pirotécnico reportero, Tom Wolfe. Leí y publiqué deslumbrado La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques (1973), al que siguieron La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop (1975) y La palabra pintada (1976). Los tres libros aparecieron en la “Serie Informal”, la primera colección literaria de Anagrama, cuyos títulos hacían honor al título de la colección. En ella coexistían Antología del humor negro de André Breton, Sonetos de amor de Shakespeare, la Correspondencia de Sade, Conversaciones con Marcel Duchamp de Pierre Cabanne o tres libros de Donald Barthelme (el más destacado cuentista norteamericano de su tiempo). Los títulos de Tom Wolfe tuvieron excelente prensa entre los críticos más sagaces (aunque las ventas fueron escasas). Pero fue con la colección “Contraseñas”, en 1977, cuando el Nuevo Periodismo tomó un considerable protagonismo. Los tres primeros títulos fueron A la rica marihuana y otros sabores de Terry Southern, Viajando con los Rolling Stones de Robert Greenfield, y sobre todo, El Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, formado por una impagable crónica-manifiesto de dicho fenómeno y por una antología de textos de otros autores que ilustraban las tesis del alegremente combativo Tom Wolfe. Después de esa explosión, publicamos sus otros cinco libros periodísticos (entre ellos Lo que hay que tener, sobre los astronautas, quizá su obra cumbre) y tres novelas".

 

¿Qué es lo que más le atrajo de estos autores, de su trabajo periodístico/literario?

 

- Le cedo la palabra a Tom Wolfe en su prólogo a El Nuevo Periodismo: frente a los novelistas ensimismados en la metaficción, sus practicantes “tuvieron, para ellos solos, los locos años sesenta, obscenos, tumultuosos, mau-mau, empapados en droga, rezumantes de concupiscencia”. Y también: “lo único que pretendía decir al empezar era que el Nuevo Periodismo no puede ser ignorado por más tiempo en un sentido artístico. Del resto me retracto... Al diablo con eso... Dejemos que el caos reine... Más alta la música, más vino... Al diablo con las categorías...”.

 

Según recuerda, ¿causó algún impacto en la forma de hacer de la prensa nacional la llegada de los trabajos de aquellos autores?

 

- Este trío de libros y muy en particular El Nuevo Periodismo provocaron grandes entusiasmos (como es lógico), consideraciones displicentes o respuestas agresivas (no menos lógico). Habían surgido a la par que el “desencanto” y el empacho de años de retórica politizada: un burbujeante y vivísimo contrapunto. Recuerdo, de aquella época, artículos y conversaciones de jóvenes periodistas de Barcelona como Llàtzer Moix, Ramón de España, Ignacio Vidal-Folch, J. M. Martí Font o Sergio Vila-Sanjuán, fascinados por Tom Wolfe y sus compinches. Y El Nuevo Periodismo fue un texto de imprescindible lectura para aquellos alumnos de Periodismo que tuvieron la suerte de contar con profesores atentos al fenómeno.

 

¿Cuáles son sus autores preferidos de este subgénero periodístico?

 

- Los que más he leído y también publicado son el propio Tom Wolfe y el más salvaje de todos: Hunter S. Thompson, autor de Miedo y asco en Las Vegas, obra maestra absoluta del creador del periodismo “gonzo”, en cuyos textos el autor se convierte en protagonista y motor de la acción más delirante, transgresora y estruendosamente divertida. De él escribió el gran Kurt Vonnegut: “El más creativamente loco de los nuevos periodistas. Me entusiasma”. Y el propio Hunter S. Thompson se define, sin reservas, así: “Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada”. También es imprescindible su primer libro, Los Ángeles del Infierno, sus arriesgadas peripecias con los famosos moteros, así como El escritor gonzo, la recopilación póstuma de su desenfrenada correspondencia.

 

Y, desde luego, Despachos de guerra, los extraordinarios reportajes sobre la guerra de Vietnam a cargo de Michael Kerr. Una experiencia aterradora que dejó al autor tan “sonado” que casi no escribió más.

 

¿Hay algún libro de este grupo de autores que quiso publicar y que por alguna razón no pudo hacerlo?

 

Gay Talese. Pero ya lo había publicado el amigo Juan Grijalbo. Décadas más tarde lo ha recuperado con éxito Alfaguara.

 

6. ¿Recuerda alguna anécdota relacionada con estos autores o con sus trabajos?

 

Aparte de conocer a Tom Wolfe en su casa de Nueva York, donde nos recibió como un caballero sureño, nos ofreció vino blanco, nos reiteró que su Dios literario era Zola y hablamos de su primera novela, La hoguera de las vanidades, recuerdo un número monográfico de la revista Camp de l’Arpa sobre “El Nuevo Periodismo” a finales de los setenta. Luego hubo un coloquio y entre el público estaba mi buena amiga Maruja Torres, a quien le pregunté si, con sus tan personales entrevistas y artículos, estaba haciendo Nuevo Periodismo. Me contestó lapidariamente que en Estados Unidos había revistas que financiaban viajes, estancias y tiempo a los reporteros y que la situación de la prensa en España (ya entonces) hacía impensable algo similar. OK, Maruja.

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