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Albert Otti (dpa)
Jueves, 5 de enero de 2017

El mundo trata de evitar un desastre por un atracón de antibióticos

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Los antibióticos no sólo curan infecciones, también contienen la hemorragia tras el parto, ayudan a purificar a las personas que viven en ciudades en condiciones insalubres y protegen a aquellos que trabajan con animales. O al menos eso es lo que muchos creen en Kabul.

 

Doris Burtscher, una antropóloga austriaca, estudió las actitudes hacia los antibióticos en el hospital Ahmad Shah Baba de Kabul, que está dirigido con el apoyo de Médicos Sin Fronteras (MSF).

 

El personal del hospital sabe que el uso excesivo de estos medicamentos contribuye a la extensión de las bacterias resistentes a los antibióticos, pero muchos doctores de otros centros sanitarios siguen administrándolos a los pacientes que lo solicitan.

 

"Es muy difícil, porque quieren satisfacer a sus pacientes", cuenta Burtscher a la agencia alemana dpa.

 

Por todo el mundo la gente tiene falsas creencias sobre los beneficios de los antibióticos y los riesgos de estos medicamentos. El uso excesivo que se ha dado en las últimas décadas nos ha conducido al borde de una era post antibióticos.

 

La proliferación de la "resistencia antimicrobiana", como lo llaman los expertos, significa que enfermedades simples podrían volverse letales y que los avances médicos en cirugía o quimioterapia se podrían perder si los doctores ya no pueden frenar las infecciones.

 

"En cierta medida esto ya está ocurriendo", afirma Elizabeth Tayler, una experta en resistencia antimicrobiana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra.

 

Las bacterias resistentes matan cada año a cerca de 25.000 personas en Europa, y la cifra es similar en Estados Unidos, contó a dpa.

 

Por ejemplo, las unidades de cuidados intensivos sufren este problema cuando los pacientes, cuyo sistema inmune ya está debilitado, enferman de neumonía, que está causada por una bacteria muy difícil de tratar.

 

Las enfermedades sexuales son cada vez más difíciles de tratar, pues las bacterias resisten cada vez a más medicamentos, especialmente en el caso de la gonorrea.

 

La ONG MSF encendió las alarmas en regiones en crisis como Irak o Siria, donde una amplia sección de los pacientes presenta resistencia a numerosos medicamentos.

 

La gente tiende a tomar demasiadas medicinas en situaciones de crisis, explica Burtscher, que lo presenció en Afganistán, Irak y en el campo de refugiados palestino del Líbano. "Los calma de alguna forma, los reconforta".

 

Sin embargo, sería un error considerar que los únicos lugares en los que abundan las bacterias son las zonas de guerra. Los antibióticos se pueden comprar sin receta en muchos países del sur de Europa, apunta, lo que aumenta el riesgo de un uso excesivo.

 

Un resumen de políticas del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) publicado en noviembre mostró que un determinado tipo de bacteria súper resistente que puede causar infecciones en la sangre y los pulmones es endémica en Malta, Italia, Grecia y Turquía.

 

La OMS y otras organizaciones han estado presionando a los Gobiernos, los hospitales, doctores, farmacias y pacientes para que adopten medidas simples y efectivas. Por ejemplo, los doctores deberían preguntar rutinariamente a los pacientes qué medicación están tomando.

 

La OMS publicó recientemente nuevas directrices para los cirujanos pidiéndoles que eviten utilizar los antibióticos innecesarios y que dejen de afeitar a los pacientes antes de ser intervenidos, ya que esto puede provocar pequeñas infecciones. Pero cambiar las actitudes puede ser difícil, incluso si se ha avanzado en los países occidentales, apunta Tayler.

 

"Si hay alguna probabilidad de que se produzca una infección, ningún doctor querrá correr el riesgo", dice explicando por qué aún hay tantos médicos que recetan antibióticos ante la duda.

 

La OMS ha desarrollado un plan de acción que presta especial atención a la mejora de las condiciones sanitarias e higiénicas en todo el mundo, porque no se espera que se desarrollen próximamente nuevos medicamentos más efectivos.

 

"Actualmente la mayoría de las grandes farmacéuticas han dejado de investigar en este ámbito", apunta la OMS en el plan de acción. Las compañías temen que lo que desarrollen sea dentro de poco tiempo inservible, cuando las bacterias se adapten a los nuevos medicamentos.

 

Por esta razón, líderes de todo el mundo publicaron en septiembre en las Naciones Unidas en Nueva York un comunicado en el que se exigía a los Gobiernos, las empresas farmacéuticas, las instituciones de investigación y los grupos no gubernamentales a apoyar los trabajos de investigación que tanta falta hacen.

 

Asimismo, expresaron la necesidad de que la industria agrícola reduzca el uso de antibióticos, pues los gérmenes resistentes se están propagando de las granjas a los seres humanos.

 

Los gobiernos han comenzado a entender que la creciente resistencia no es sólo un problema médico, sino también económico. El Banco Mundial estimó en septiembre que la economía mundial podría perder hasta 3,4 billones de dólares al año en 2030 si las tasas de defunciones y los costes de los tratamientos médicos siguen subiendo y la productividad laboral se hunde debido a las bacterias resistentes.

 

Por otro lado, los países con ingresos bajos y medios sólo necesitan invertir un total de 9.000 millones de dólares al año para frenar la resistencia antimicrobiana, afirmó el Banco Mundial. "La contención de la resistencia antimicrobiana es una oportunidad de inversión a la que es difícil resistirse", concluye el informe.

 


 

 

 
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