Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Jacobo de Andrés y Ascensión Corcuera
Miércoles, 5 de julio de 2017
Estocolmo: la socialdemocracia y la extrema izquierda ecologista rinden el país al islamismo radical

Suecia ha caído

Guardar en Mis Noticias.

[Img #11767]

 

Como este periódico viene informando en solitario desde hace meses, Suecia está siendo desestabilizada por la inmigración masiva de refugiados musulmanes. La Policía pide ayuda y solo es ya cuestión de tiempo que el país necesite una intervención de sus fuerzas militares para evitar una catástrofe humanitaria. De hecho, y según un informe del gobierno sueco, el número de “no-go zones” en Estocolmo, áreas “de alta peligrosidad” en las que se aplica habitualmente la ‘sharia’ o ley islámica, ascendió hasta 62 en el primer semestre de 2017 sobre las 55 censadas en diciembre de 2016. El aumento no solo se produce en la cantidad de territorios rendidos, sino que también afecta al tamaño de los mismos.


Dan Eliasson, comisionado de la Policía Nacional de Suecia, ha hablado esta misma semana en la televisión nacional y ha realizado una dramática petición: "Ayúdennos", dijo, advirtiendo que las fuerzas policiales del país ya no pueden entrar en dichas áreas para sostener la ley, y por lo tanto, considera pedir apoyo a todos los poderes del Estado.
 

Johan Patrick Engellau, experto en investigación sobre países desestabilizados, ganador en 2011 de la Orden de la Medalla de los Serafines de Suecia, que ha trabajado con organismos supranacionales como Naciones Unidas y varias ONG europeas en materia de inmigración y refugiados, ha advertido por carta a la Comisión de Seguridad Migratoria de la Unión Europea sobre la gravedad de la situación de Suecia: "Me temo que es el final de la Suecia organizada, decente e igualitaria que hemos conocido hasta ahora. Personalmente, no me sorprendería si se produjera un conflicto en forma de guerra civil. En algunos lugares del país, la guerra civil probablemente ya ha comenzado, aunque la coalición de gobierno no parece haberse enterado". El canal de televisión 10 News informó recientemente sobre cómo Suecia ha perdido grandes áreas a manos de grupos armados y religiosos descritos como milicias islámicas. El jefe de la policía de Estocolmo, Lars Alversjo, señala que  "hay niveles de violencia como nunca se vieron en el país, y varias zonas de Estocolmo se están quedando fuera del control del Estado". También observó que "el sistema jurídico, pilar en toda sociedad democrática, está colapsando en Suecia".
 

Magnus Ranstorp, profesor e investigador sobre terrorismo y radicalización islámica del Colegio Nacional Sueco de Defensa, declaró a la televisión pública que "en las zonas más peligrosas de la capital, grupos radicalizados de la comunidad islámica han tomado el poder en las calles y están implantando su propia ley. En esas áreas, el sentido de la justicia y la paz se ve amenazado por el hecho de que la policía se está desmoronando. Todo ha empeorado desde principios de este año. Estocolmo y toda Suecia se encuentran en una situación desesperante".

 

En opinión de Ranstorp, las bandas musulmanas armadas y los radicales islámicos están socavando la democracia sueca, y la única razón por la cual aun no se ha producido un conflicto armado a gran escala en Estocolmo, la capital de un país antes pacífico y seguro, “probablemente se relaciona con que la alianza socialdemócrata-ecologista que gobierna Suecia pretende ignorar la gravedad de la situación y no está presentando ninguna resistencia real contra los islámicos”.

 

El Servicio de Seguridad Sueco (Säkerhetspolisen), por su parte, ha advertido que el país está siendo "infiltrado por cientos de islámicos que comparten la ideología del autodenominado Estado Islámico, y en muchos lugares los funcionarios públicos solicitan escolta policial o protección para desplazarse a sus oficinas. El servicio de seguridad advirtió que "unas 15.042 mujeres suecas han sufrido ataques sexuales durante el último año en zonas de la capital en que las autoridades admiten haber perdido toda capacidad de control”. El festival de música de Bråvalla, uno de los más populares de Suecia, se cerrará a causa de cuatro violaciones y 23 denuncias por agresión sexual.

 

Peter Springare, investigador principal de crímenes graves de Örebro (Suecia), está a punto de jubilarse y cuando apenas le quedan unos meses de vida laboral ha decidido que es hora de hablar. Y lo ha hecho a través de su perfil en la red Facebook, donde, en un reciente texto, ha denunciado con absoluta rotundidad lo que la izquierda socialdemócrata y los medios de comunicación de ese país callan: la vinculación de los crímenes violentos y la inmigración.

 

Springare, que tras escribir su texto recibió inmediatamente una avalancha de apoyos por parte de sus compañeros y de miles de ciudadanos comunes, fue muy claro en su mensaje: “Aquí vamos. Esto es en lo que he trabajado de lunes a viernes esta semana: violación, violación, robo, asalto agravado, violación y agresión, extorsión, chantaje, asalto, violencia contra la policía, amenazas a la policía, delitos contra las drogas, drogas, delincuencia, felonía, intento de asesinato, violación de nuevo, extorsión de nuevo y malos tratos ", escribió. Y añadió los nombres más comunes entre los presuntos perpetradores: “Ali Mohammed, Mahmod, Mohammed, Mohammed Ali, otra vez, una y otra vez; Christopher.. ¿qué?, es cierto. Sí, un sueco estuvo a punto de cometer un delito de tráfico de drogas… Mahoma, Mahmod Ali, una y otra vez”.

 

El texto continúa identificando los orígenes geográficos de los sospechosos: "Países que representan todos los crímenes de esta semana: Irak, Irak, Turquía, Siria, Afganistán, Somalia, Somalia, Siria de nuevo, Somalia, país desconocido, desconocido, Suecia. De la mitad de los sospechosos no podemos estar seguros sobre su procedencia, ya que no tienen documentos válidos. Lo que en sí mismo suele significar que están mintiendo sobre su nacionalidad e identidad”.

 

Otro informe elaborado por una agencia del Ministerio de Defensa de Suecia ha revelado que los Hermanos Musulmanes, la organización islamista más grande del mundo, se han infiltrado intensamente en las principales instituciones del país, construyendo una sociedad paralela que crece sin parar impulsada por la “tolerancia políticamente correcta” y por la estigmatización como “islamófobo” de cualquier persona u organización que denuncie esta situación.

 

Sorprendentemente, al tratarse de un documento elaborado por una institución gubernamental, el informe apunta a la responsabilidad que tienen "las élites políticas del país escandinavo" en el fomento de una doctrina “de multiculturalismo y silencio, que puede facilitar los fines nocivos de una organización profundamente antidemocrática como los Hermanos Musulmanes”.

 

El documento ha sido elaborado por la Agencia Sueca de Contingencias Civiles (MSB, en sus siglas en inglés), que es responsable de las cuestiones relativas a la protección civil, la seguridad pública, la gestión de emergencias y la defensa civil.

 

Los autores del documento afirman que los Hermanos Musulmanes están trabajando intensamente para aumentar el número de practicantes musulmanes en Suecia, fomentando la tensión con la sociedad secular y apuntando a su infiltración en partidos políticos, oenegés, instituciones académicas y otras organizaciones de la sociedad civil. Los Hermanos Musulmanes, según el Ministerio de Defensa sueco, también golpean “la estructura establecida de valores entre la élite política del país [que] otorga un alto valor a la aceptación y la tolerancia hacia los ciudadanos que en cierto sentido son diferentes de la corriente principal”.

 

Incluso si el Gobierno sueco decidiera enfrentarse a estas bandas criminales islámicas, Suecia no tendría la capacidad necesaria para revertir esta situación, su seguridad y fuerzas policiales han sido rebasadas. "El 70% de los agentes del orden del país están considerando dejar sus empleos en lo que configura una clara señal de que la fuerza policial está completamente desmoralizada. Los militares, en este país tradicionalmente pacifista, se reducen a casi nada, y no hay dinero para arreglar semejante problema", ha explicado Johan Patrick Engellau.
 

Engellau agregó que "el Gobierno no parece entender que ha perdido el control. Hay un punto en el que ya no se puede detener el desarrollo de una situación". "No sé si Suecia ha llegado a ese punto por las consecuencias de la inmigración descontrolada, pero me temo que estamos ante un momento de desenlace trágico. El momento es tan grave que incluso si tomáramos una acción clara y poderosa que incluya detener la inmigración y la política del multiculturalismo, no sé si podríamos salvar a Suecia".
 

Para Engellau, la élite política de Suecia está lejos de tomar una acción tan decisiva, ya que ni siquiera ha comenzado a hablar abiertamente sobre estos problemas. “Sin embargo, el país pronto necesitará de la ayuda internacional. La comunidad internacional tendrá que intervenir si se quiere evitar una catástrofe social, civil y humanitaria".

 

 

 

 

Noticias relacionadas
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress