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David R.
Jueves, 5 de abril de 2018
Guerrilla urbana y CDR's

Desmontando los "Comités de Defensa de la República"

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Noticia clasificada en: Secesionismo en Cataluña

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Hace más de un mes publiqué un artículo que se titulaba "Resta y sigue. Cataluña", lo concluía con una frase que a una persona le pareció excesivamente lapidaria: "Estimados lectores, atención a los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR)".

 

Estas estructuras operativas, ahora ya famosas, nacieron con el objetivo de facilitar la celebración del ilegal referéndum del 1 de octubre del año pasado, por eso lo hicieron con el nombre de Comités de Defensa del Referéndum. Cambiaron de nombre cuando sus iniciales propósitos acabaron en el cubo de la basura, y tras inapelable sentencia del Tribunal Constitucional (TC) decidieron continuar su actividad dedicándose a apoyar la proclamación de una República en Cataluña. La realidad es que nunca tuvieron intención de autodisolverse, ni la tienen; lo que están haciendo es evolucionar y perfeccionarse como estructuras.

 

 

No son grupos populares de surgimiento espontáneo. Excepto la violencia que practican, lo demás son mentiras.

 

 

Los CDR son grupos perfectamente organizados apoyados desde y por la extrema-izquierda independentista de la CUP; Arran (sus juventudes); Òmnium Cultural; la ANC; Endavant; Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans (SEPC); Coordinadora Obrera Sindical (COS), que está muy presente en los bomberos de la Generalitat (¿recuerdan sus sorprendentes actuaciones al año pasado vestidos de uniforme?); JxCAT; ERC; Podemos y la destructiva Ada Colau.

 

 

Sus miembros compiten por ganar el título de "campeón radical antisitema" y lucen sus violentas acciones como éxitos a través de unas redes sociales que pretenden sean avales formales, amén de eficientes canales de comunicación y publicidad. Los nuevos CDR han sido creados hace apenas unos meses (entre el 14 de octubre y el 4 de noviembre) con propósitos definidos por personas que no van con capuchas negras, sino que están tras la sombra con corbatas de seda.

 

 

Los CDR no pueden funcionar sin coordinación, instrucciones, y por lo tanto jefes, por eso han creado un CDR Central (CDRcat). Y no digo esto porque lo avisase hace más de un mes, sino porque llevo observándoles desde su nacimiento el año pasado. Es cierto que su funcionamiento operativo parece estar inspirado en manuales como el famoso "Black Bloc", en cuyas 72 páginas encontramos desde un relativo conocimiento de las Unidades de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional y los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) de la Guardia Civil, hasta instrucciones acerca de cómo actuar ante ellos, contra ellos, y despúes de ellos (tras una detención).

 

 

Manuales como Black Block "Segunda edición. Corregida y mejorada" hay muchos en Internet (algunos muy peligrosos), así como vídeos de instrucción que no voy a ser yo el que publicite, todos se retroalimentan con sus actuaciones y experiencias de grupos similares en diferentes países, por eso son traducidos a tantos idiomas. Son grupos vinculados por su carácter antisistema y neoizquierdista radical de origen burgués, con presencia física en los sistemas educativos, y sin ningún tipo de problema financiero.

 

 

Los CDR han sintetizado parte de esos manuales en siete módulos que a modo de cursillos son impartidos en "talleres" que ellos también llaman "escuelas abiertas".

 

 

Su funcionamiento utiliza como elemento básico las asambleas en ámbitos locales, como mucho comarcales, las reuniones no agrupan a gran número de participantes por razones de operatividad, control y seguridad, pero calificar su estructura de horizontal es absurdo, de nuevo nos encontramos con una estructuara piramidal, en cuya cúspide está el CDR Central, que conencta con la CUP, Òmnium Cultura, la ANC, y otras organizaciones. Su frecuente y tolerada presencia en centros educativos y universidades es gravísima porque los utilizan como centros logísticos, de captación y adoctrinamiento. No se está haciendo nada para evitarlo.

 

 

Llevan a cabo una guerrilla urbana apantallada bajo el falso discurso de la defensa de las mancilladas libertades, la vulneración de los "derechos principales" (que no los fundamentales), una actividad guerrillera que no puede existir sin el sitemático empleo de la violencia contra otros, porque la acción física se tiene que imponer al discurso, pues sin la acción, el discurso se desvanece. Pero no se les detiene. Estimado lector, pruebe usted a cortar una carretera nacional y después cuénteme cuántos minutos ha tardado en ser neutralizado, detenido, identificado y procesado.

 

 

Estos grupos tienen una génesis, que ocurrió el año pasado; una evolución que estamos observando, y un final que suele ser por implosión o por traumática eliminación.

 

 

Es habitual que en su seno destaquen personas más radicales, que bajo la ambición de un liderazgo pretendan seguir cruzando líneas rojas, elevando el listón poniendo en práctica una acción directa más violenta, que resulta agradable a los oídos de algunos de sus miembros (y de sus jefes con corbata de seda) y que deviene en la formación de grupúsculos "ultra". Esa manera de "cruzar la raya" la hemos vivido en Euskadi durante demasiados años, y ahora hasta los historiadores escriben que la ausencia de una política activa preventiva por parte de las autoridades, fue co-responsable directa e indirecta de que  se llegasen a producir acontecimientos extremadamente graves.

 

 

Me gustaría que la historia no se repitiese en Cataluña, aunque me temo que ya está ocurriendo. Estos grupos violentos disponen de un apoyo social e institucional mayor, de unas infrestructuras y logísticas más modernas y globales, y de crédito ilimitado.

 

 

El nivel de permisividad está siendo excesivo, y eso tiene un precio.

 

 

Como siempre, menos mal que existe la Guardia Civil, y que la Unidad de Policía Judicial de la VII Zona de Cataluña les investiga, está identificando a sus dirigentes, e informando a la Audiencia Nacional y al Tribunal Supremo.

 


 

Fe de erratas - En el artículo del pasado día 17.03.2018 "Memorias de un COE", cometí un error. Mi Capitán en la COE 41, D. Francisco Varela Salas, no es actualmente el General Jefe de La Legión. Ha sido ascendido y ahora es el Teniente General que manda la Jefatura del Estado Mayor del Ejército de Tierra en España (JEME) desde el día 31 de marzo de 2017. Enhorabuena y siempre a sus órdenes, mi General.

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