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Elena García
Martes, 23 de Diciembre de 2025 Tiempo de lectura:

Los hombres quieren sexo...

En el artículo anterior aludía al titulo de un libro, Los hombres quieren sexo y las mujeres necesitan amor. Pues bien, llevamos días en los noticieros destapando casos y más casos de acoso y abuso sexual por parte de políticos de uno de los partidos que se proclama a todas horas defensor de la mujer. Una prueba más, por si teníamos pocas, de que la naturaleza humana no ha cambiado y el êthos de esta nueva sociedad, si es que tiene alguno, no funciona. Es lo que pasa cuando se intenta ignorar la realidad y gobernar las pasiones por decreto o a golpe de adiestramiento o de sermones. Es lo que pasa cuando se cree que se puede conformar al ser humano según los deseos de la ideología constructivista y según convenga a determinados ideólogos.

 

Vivimos en el mundo de la mentira o de la irrealidad. No solo sucede en nuestro país sino en todos los de la órbita occidental que se apoyan en los nuevos valores occidentales esos del aborto, de la eutanasia, del cambio de género (es un decir, porque el sexo no se puede cambiar y conlleva unas características que no se pueden modificar), de la destrucción de la familia (de muy diversas formas), de la exaltación de la homosexualidad, el empoderamiento de la mujer, etc. La mayoría encaminados a disminuir o extinguir la población occidental, utilizando a la mujer y jugando con sus sentimientos y su naturaleza. No se nos olvide lo de nuevos porque estos no tienen nada que ver con los de hace unas décadas, aunque se siga hablando de valores occidentales como si fuesen de toda la vida, cuando realmente empiezan a imponerse en la década de los setenta hasta generalizarse en nuestros días; las virtudes católicas, que no los valores, se dejaron atrás ya hace mucho en occidente, ni siquiera se predican –o raramente– en los “pulpitos”. Frente al pecado de la lujuria, la virtud de la castidad, la práctica de la moderación y el control del deseo sexual no están de moda, son virtudes que han dejado de ejercitarse y que eran más eficaces para proteger a la mujer. ¿De qué podemos extrañarnos ante la ineficacia de los “sermones” o las “charletas” progres?

 

El caso es que los abusos y las violaciones se han incrementado a pesar de todos esos “sermones” e intentos de adiestramiento por parte de la progresía. Y eso que más mujeres están prestas a conceder “favores”; pero otras muchas no. Todavía no se ha logrado extirpar el deseo sexual de los hombres ni el placer de su satisfacción. Cosa contradictoria, por otra parte, con la exaltación de las practicas sexuales desde tempranas edades. Si están animando continuamente a la bondad del consumo ¿por qué escandalizarse después ante el abuso? ¿no habría que advertir de sus inconvenientes como en el consumo del tabaco o de los alimentos que producen colesterol, en vez de fomentar los deseos?

 

Así pues, nos encontramos con lo que se esta “descubriendo” estos días sobre políticos que intentan obtener sexo por, en muchos casos, favores. Igual que en su día estalló el escándalo de actrices que se habían tenido que acostar con directores y productores para obtener papeles, y pasaron por el aro, mientras que otras se apartaron (las verdaderas víctimas). Muchas se suben ahora al carro de la denuncia. ¿Denunciarlo en su día era costoso? Probablemente sí, no se atrevieron. Y ahora para continuar con la farsa, muchos de sus compañeros intentan fingir que no sabían nada o denunciar los comportamientos con la boca chica, porque ellos han contribuido a exaltar las ideas sexualistas que llevan a estos comportamientos.

 

En todo caso, en la novela de Un mundo feliz ya no se producen estos problemas de coordinación puesto que se ha enseñado desde la infancia que “todos deben estar al servicio de todos”. Y desde esta perspectiva las víctimas de nuestra sociedad podrían ser tachadas de crueles e insolidarias por no conceder sus favores. ¿Parece aberrante no? Pues ahí nos están llevando.

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