La noche se convirtió en fuego sobre Caracas
La madrugada se desgarró a las dos de la mañana. El primer estallido sacudió los cimientos del sur de Caracas con una violencia que Carmen Hidalgo describiría horas después como "el momento en que el suelo dejó de ser sólido". Caminaba de regreso de una fiesta de cumpleaños junto a dos familiares cuando el aire mismo pareció golpearlos. No fue una explosión. Fueron siete.
Mientras el cielo se iluminaba con bolas naranjas de fuego y los aviones surcaban a baja altura sobre la ciudad de casi tres millones de habitantes, funcionarios estadounidenses confirmaban a CBS News que el presidente Donald Trump había ordenado ataques contra determinadas instalaciones dentro de Venezuela, marcando la escalada más dramática en las relaciones entre Washington y Caracas en décadas.
Para cuando el humo comenzó a disiparse sobre el aeropuerto de La Carlota y la base militar Fortuna, el gobierno ilegítimo del tirano Nicolás Maduro ya había declarado el estado de emergencia nacional. Venezuela acusó formalmente a Estados Unidos de ejecutar una "gravísima agresión militar" contra instalaciones civiles y militares en Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira.
La cronología de una guerra no declarada
Lo sucedido esta madrugada no fue un rayo aislado en un cielo despejado. Fue el punto culminante de una campaña militar que comenzó hace cuatro meses, cuando Trump ordenó los primeros ataques contra narcoembarcaciones en aguas internacionales del Caribe.
Desde septiembre, Estados Unidos ha ejecutado más de 30 ataques contra embarcaciones narcotraficantes, eliminando a más de 110 personas. El despliegue militar que acompaña esta operación es histórico: el portaaviones USS Gerald Ford —el más avanzado de la flota estadounidense—, destructores de misiles guiados, buques de asalto anfibio, cazas F-35 en Puerto Rico y miles de marines. La mayor concentración de poder militar estadounidense en Sudamérica en generaciones.
El 18 de diciembre, la CIA ejecutó un ataque con drones contra instalaciones portuarias venezolanas. Fue el primer golpe en tierra firme. Trump, con su característico estilo directo, confirmó días después que Estados Unidos había "eliminado una gran instalación" donde "cargan los barcos con drogas".
Sisi De Flavis, periodista residente en Caracas, estaba despierta cuando comenzó todo. "Sonó como un camión enorme estrellándose, seguido de un temblor intenso del suelo. Los cielos empezaron a iluminarse. Luego vino una bola de fuego naranja", relató a Al Jazeera. Horas después, aún se escuchaban aviones sobrevolando la ciudad.
Un equipo de CNN en terreno fue testigo directo de las explosiones. Dicen que presenciaron varios estallidos y reportaron que algunas áreas de la ciudad quedaron sin electricidad. Las imágenes mostraban columnas de humo elevándose desde La Carlota, la histórica base aérea en el corazón de la capital. En diversos barrios, la gente salió despavorida a las calles. La incertidumbre era total. ¿Golpe militar? ¿Ataque terrorista? ¿Guerra?
El gobierno venezolano ordenó la activación inmediata de todos los planes de defensa nacional y convocó a sus partidarios a manifestarse. El comunicado oficial no dejaba espacio a ambigüedades: acusa a Washington de buscar el cambio de régimen bajo el pretexto del narcotráfico para apoderarse de las mayores reservas petroleras del planeta.
La reacción internacional fue inmediata. El izquierdistas Gustavo Petro, presidente de Colombia, escribió en redes sociales: "Están bombardeando con misiles" y exigió reuniones urgentes de la ONU y la OEA. Rusia y China, aliados tradicionales de Caracas, habían expresado días atrás su "solidaridad total" con Venezuela ante la presión estadounidense.
La administración Trump ha justificado esta campaña militar como una respuesta necesaria al tráfico de drogas, designando formalmente a organizaciones criminales como el Tren de Aragua y el Cártel de los Soles como organizaciones terroristas extranjeras, una clasificación normalmente reservada para grupos como Al Qaeda o ISIS.
Pero las acciones han ido mucho más allá. Trump ordenó un bloqueo de todos los petroleros sancionados que entran o salen de Venezuela, incautó dos buques cisterna cargados de crudo venezolano, y declaró repetidamente en los últimos meses que los ataques terrestres llegarían "muy pronto". Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, fue particularmente directa en noviembre al describir la estrategia: "Quiere seguir volando barcos hasta que Maduro se rinda".
Mientras amanece sobre Caracas, las interrogantes se multiplican. Washington aún no ha emitido un comunicado oficial sobre los ataques. No hay cifras de víctimas. No se conoce el alcance exacto de los daños. La Casa Blanca, el Pentágono y el Comando Sur han guardado silencio.
Analistas de seguridad señalan que esta operación cruza líneas rojas. Expertos en derecho internacional advierten que el ataque probablemente viola leyes estadounidenses e internacionales, al tratarse de acciones militares sin declaración de guerra del Congreso contra un estado soberano.
Pero Trump, quien durante su campaña electoral prometió no iniciar guerras sino detenerlas, declaró hace dos semanas que no descartaba una guerra con Venezuela cuando se le preguntó directamente.
Cuando la luz del día llegue finalmente sobre Caracas este sábado, encontrará una ciudad conmocionada, un gobierno en máxima alerta, y una región latinoamericana observando con inquietud creciente hacia dónde conduce esta escalada.
El almirante retirado James Stavridis, ex comandante supremo de la OTAN, advirtió que Trump enfrenta "decisiones difíciles" a principios de este año: elevar la intensidad de los ataques, atacar las defensas aéreas venezolanas o, en última instancia, atacar al propio liderazgo.
Por ahora, sobre algunos techos de Caracas, el humo aún se disipa lentamente. Y en las calles, entre la ilusión del por la cada vez más próxima marcha de Nicolás Maduro,el miedo y la rabia, una pregunta flota en el aire tropical: ¿fue esto solo el principio?
Este reportaje se ha elaborado con información verificada de fuentes oficiales y de múltiples fuentes internacionales, incluyendo CNN, CBS News, Al Jazeera, Associated Press Bloomberg. La situación continúa desarrollándose.
La madrugada se desgarró a las dos de la mañana. El primer estallido sacudió los cimientos del sur de Caracas con una violencia que Carmen Hidalgo describiría horas después como "el momento en que el suelo dejó de ser sólido". Caminaba de regreso de una fiesta de cumpleaños junto a dos familiares cuando el aire mismo pareció golpearlos. No fue una explosión. Fueron siete.
Mientras el cielo se iluminaba con bolas naranjas de fuego y los aviones surcaban a baja altura sobre la ciudad de casi tres millones de habitantes, funcionarios estadounidenses confirmaban a CBS News que el presidente Donald Trump había ordenado ataques contra determinadas instalaciones dentro de Venezuela, marcando la escalada más dramática en las relaciones entre Washington y Caracas en décadas.
Para cuando el humo comenzó a disiparse sobre el aeropuerto de La Carlota y la base militar Fortuna, el gobierno ilegítimo del tirano Nicolás Maduro ya había declarado el estado de emergencia nacional. Venezuela acusó formalmente a Estados Unidos de ejecutar una "gravísima agresión militar" contra instalaciones civiles y militares en Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira.
La cronología de una guerra no declarada
Lo sucedido esta madrugada no fue un rayo aislado en un cielo despejado. Fue el punto culminante de una campaña militar que comenzó hace cuatro meses, cuando Trump ordenó los primeros ataques contra narcoembarcaciones en aguas internacionales del Caribe.
Desde septiembre, Estados Unidos ha ejecutado más de 30 ataques contra embarcaciones narcotraficantes, eliminando a más de 110 personas. El despliegue militar que acompaña esta operación es histórico: el portaaviones USS Gerald Ford —el más avanzado de la flota estadounidense—, destructores de misiles guiados, buques de asalto anfibio, cazas F-35 en Puerto Rico y miles de marines. La mayor concentración de poder militar estadounidense en Sudamérica en generaciones.
El 18 de diciembre, la CIA ejecutó un ataque con drones contra instalaciones portuarias venezolanas. Fue el primer golpe en tierra firme. Trump, con su característico estilo directo, confirmó días después que Estados Unidos había "eliminado una gran instalación" donde "cargan los barcos con drogas".
Sisi De Flavis, periodista residente en Caracas, estaba despierta cuando comenzó todo. "Sonó como un camión enorme estrellándose, seguido de un temblor intenso del suelo. Los cielos empezaron a iluminarse. Luego vino una bola de fuego naranja", relató a Al Jazeera. Horas después, aún se escuchaban aviones sobrevolando la ciudad.
Un equipo de CNN en terreno fue testigo directo de las explosiones. Dicen que presenciaron varios estallidos y reportaron que algunas áreas de la ciudad quedaron sin electricidad. Las imágenes mostraban columnas de humo elevándose desde La Carlota, la histórica base aérea en el corazón de la capital. En diversos barrios, la gente salió despavorida a las calles. La incertidumbre era total. ¿Golpe militar? ¿Ataque terrorista? ¿Guerra?
El gobierno venezolano ordenó la activación inmediata de todos los planes de defensa nacional y convocó a sus partidarios a manifestarse. El comunicado oficial no dejaba espacio a ambigüedades: acusa a Washington de buscar el cambio de régimen bajo el pretexto del narcotráfico para apoderarse de las mayores reservas petroleras del planeta.
La reacción internacional fue inmediata. El izquierdistas Gustavo Petro, presidente de Colombia, escribió en redes sociales: "Están bombardeando con misiles" y exigió reuniones urgentes de la ONU y la OEA. Rusia y China, aliados tradicionales de Caracas, habían expresado días atrás su "solidaridad total" con Venezuela ante la presión estadounidense.
La administración Trump ha justificado esta campaña militar como una respuesta necesaria al tráfico de drogas, designando formalmente a organizaciones criminales como el Tren de Aragua y el Cártel de los Soles como organizaciones terroristas extranjeras, una clasificación normalmente reservada para grupos como Al Qaeda o ISIS.
Pero las acciones han ido mucho más allá. Trump ordenó un bloqueo de todos los petroleros sancionados que entran o salen de Venezuela, incautó dos buques cisterna cargados de crudo venezolano, y declaró repetidamente en los últimos meses que los ataques terrestres llegarían "muy pronto". Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, fue particularmente directa en noviembre al describir la estrategia: "Quiere seguir volando barcos hasta que Maduro se rinda".
Mientras amanece sobre Caracas, las interrogantes se multiplican. Washington aún no ha emitido un comunicado oficial sobre los ataques. No hay cifras de víctimas. No se conoce el alcance exacto de los daños. La Casa Blanca, el Pentágono y el Comando Sur han guardado silencio.
Analistas de seguridad señalan que esta operación cruza líneas rojas. Expertos en derecho internacional advierten que el ataque probablemente viola leyes estadounidenses e internacionales, al tratarse de acciones militares sin declaración de guerra del Congreso contra un estado soberano.
Pero Trump, quien durante su campaña electoral prometió no iniciar guerras sino detenerlas, declaró hace dos semanas que no descartaba una guerra con Venezuela cuando se le preguntó directamente.
Cuando la luz del día llegue finalmente sobre Caracas este sábado, encontrará una ciudad conmocionada, un gobierno en máxima alerta, y una región latinoamericana observando con inquietud creciente hacia dónde conduce esta escalada.
El almirante retirado James Stavridis, ex comandante supremo de la OTAN, advirtió que Trump enfrenta "decisiones difíciles" a principios de este año: elevar la intensidad de los ataques, atacar las defensas aéreas venezolanas o, en última instancia, atacar al propio liderazgo.
Por ahora, sobre algunos techos de Caracas, el humo aún se disipa lentamente. Y en las calles, entre la ilusión del por la cada vez más próxima marcha de Nicolás Maduro,el miedo y la rabia, una pregunta flota en el aire tropical: ¿fue esto solo el principio?
Este reportaje se ha elaborado con información verificada de fuentes oficiales y de múltiples fuentes internacionales, incluyendo CNN, CBS News, Al Jazeera, Associated Press Bloomberg. La situación continúa desarrollándose.











