Minnesota: ¿Activismo, insurgencia comunista y revolucionaria, o algo completamente nuevo?
Minneapolis, enero de 2026
A diez grados bajo cero, el lenguaje se congela en el aire antes de romper el aire. En las calles de Minneapolis, cincuenta mil voces gritan "¡Fuera ICE!" mientras llevan pancartas de la Freedom Road Socialist Organization, una organización marxista-leninista que mantiene vínculos documentados con el Frente Popular para la Liberación de Palestina, designado como organización terrorista por Estados Unidos. En Washington, el vicepresidente Vance pronuncia la palabra clave: "caos". Ninguna de estas dos realidades anula a la otra. Ambas son ciertas simultáneamente, y ahí reside precisamente el problema.
En Minnesota se libra una guerra, pero el territorio disputado no son las calles heladas sino el diccionario mismo. ¿Qué palabra usas cuando organizaciones comunistas autodeclaradas coordinan con el Partido Demócrata para organizar una huelga general? ¿Cómo nombras un movimiento donde cien clérigos son arrestados por bloquear un aeropuerto mientras, simultáneamente, grupos que reciben fondos millonarios de la Open Society Foundation de George Soros marchan junto a activistas que celebran a regímenes autoritarios?
La respuesta no está en los hechos —los hechos son tercos, documentados, y profundamente contradictorios— sino en quién gana el derecho a nombrarlos.
Preludio: Los 250 millones de dólares que nadie menciona
Antes de las balas, antes de las protestas, antes de la palabra "insurgencia", hubo fraude. En septiembre de 2022, el Departamento de Justicia anunció cargos criminales federales contra una red conectada a "Feeding Our Future", acusándolos de defraudar al gobierno de 250 millones de dólares en fondos federales para nutrición infantil durante la pandemia. El entonces Fiscal General Merrick Garland lo calificó como "el mayor esquema de fraude de ayuda pandémica" hasta la fecha. De 47 personas inicialmente imputadas, muchas —no todas— eran miembros de la comunidad somalí de Minnesota.
El gobernador de extrema izquierda Tim Walz enfrentó críticas republicanas por supervisión inadecuada. El caso se volvió escándalo cuando defensores intentaron sobornar a un jurado con una bolsa literal de efectivo. La investigación continuó expandiéndose, revelando una red compleja de malversación que tocó instituciones estatales.
En diciembre de 2025, Trump escribió en Truth Social sobre Minnesota como "hub de lavado fraudulento de dinero" bajo el gobernador "Waltz" [sic], vinculó el fraude directamente con "pandillas somalíes que aterrorizan" a los habitantes, y anunció la eliminación del estatus migratorio especial para aproximadamente 700 somalíes.
El 7 de enero de 2026, el gobernador Walz anunció que no buscaría la reelección, dedicando su tiempo restante a "abordar la crisis del fraude". Tres días después, Renée Good caía abatida por balas de ICE.
Acto primero: Los muertos y sus intérpretes
Renée Good, 37 años, ciudadana estadounidense. Jonathan Ross, agente de ICE, la mató el 7 de enero. Según el Departamento de Seguridad Nacional, Good intentó atropellar al agente con su auto, obligándolo a disparar. Según algunos testigos, fue una ejecución. El FBI investiga. No hay nada concluyente.
Alex Pretti, 37 años, enfermero de cuidados intensivos, exsoldado estadounidense. Murió el 24 de enero, un día después de la huelga general, por disparos de agentes federales durante una protesta. Ahora se ha sabido que formaba parte de una red de extrema izquierda que lo llevó a enfrentarse con agentes de ICE y terminar muerto. Una investigación de Fox News ha revelado una red coordinada de chats encriptados, alertas callejeras y seguimiento de agentes de ICE en una sofisticada base de datos, y mostró que los agitadores ya estaban movilizados en la escena donde Alex Pretti fue abatido. Agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza estaban allí para arrestar a un delincuente inmigrante ilegal, y Pretti y otros con los que compartía grupos de chats estaban allí para recibirlos como parte de un patrón estratégico de interferencia organizada con las operaciones de aplicación de la ley. Como el gobierno de Trump anticipó, el agitador de izquierda "se lo buscó, y lo encontró"
Entre ambas muertes: la primera huelga general en 80 años en Estados Unidos.
Los organizadores izquierdistas la llamaron "Día de la Verdad y la Libertad". La administración Trump la llamó "caos organizado por agitadores de extrema izquierda". Ambos tienen razón parcial. La coalición organizadora incluye sindicatos legítimos, líderes religiosos, y organizaciones comunitarias. También incluye, prominentemente, a la Freedom Road Socialist Organization (FRSO) y al Party for Socialism and Liberation (PSL).
Acto segundo: ¿Quién organiza la resistencia?
La FRSO organizadora de los disturbios no oculta su naturaleza revolucionaria. Su sitio web declara sin ambigüedad: "Organización nacional de revolucionarios luchando por el socialismo en Estados Unidos... Reclutamos y construimos hacia la creación de un nuevo Partido Comunista basado en el marxismo-leninismo. Esto es necesario para liderar el camino hacia el socialismo y la liberación".
En 2010, el FBI allanó seis direcciones de Minneapolis vinculadas a FRSO, ejecutando órdenes de registro relacionadas con búsqueda de materiales de apoyo al terrorismo. La búsqueda mencionó tanto a FRSO como a su brazo operativo, el Anti-War Committee. No resultaron cargos, pero la investigación reveló conexiones internacionales preocupantes. La más notable: vínculos documentados con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), organización terrorista designada por Estados Unidos, responsable de secuestros de aviones, atentados suicidas, y ataques con cohetes contra civiles. En 2018, FRSO escribió al PFLP: "Existe una amistad militante y duradera entre nuestras dos organizaciones". El PFLP respondió: "Nos enorgullece tenerlos como socios en el movimiento mundial marxista-leninista para la revolución socialista".
El FRSO también organizó las protestas de George Floyd en 2020. FRSO está organizando las protestas anti-ICE ahora. Sus miembros entregan discursos en los mítines. Sus publicaciones obtienen cientos de miles de likes en Instagram. Marchan abiertamente con pancartas identificables.
Junto al FRSO está el Party for Socialism and Liberation, que venera a Lenin y Mao. Y el Communist Party USA, que envía emails a sus miembros promocionando las mismas plataformas de donación que usa el Partido Demócrata ahora en manos de la extrema-izquierda.
¿El puente financiero? StandWithMinnesota.com, plataforma de donaciones promovida tanto por el Communist Party USA como por figuras demócratas prominentes. La página dirige fondos a organizaciones que operan hotlines para rastrear a agentes de ICE, entrenan "observadores legales", y organizan protestas donde FRSO y PSL tienen roles de liderazgo visible. Esto es insurgencia revolucionari, no activismo ciudadano.
Acto tercero: El dinero y los intermediarios
Indivisible Twin Cities, rama local del Indivisible Project de Washington D.C., es uno de los grupos clave. Entre 2018 y 2023, la Open Society Foundations de George Soros donó millones al proyecto nacional. Indivisible Twin Cities organizó las protestas "No Kings" y ahora las protestas anti-ICE.
Nekima Levy Armstrong, activista de derechos civiles que ayudó a organizar el "storming" de una iglesia en St. Paul (porque uno de sus pastores es oficial del ICE), ganó más de un millón de dólares en seis años liderando Wayfinder Foundation, una organización sin fines de lucro de Minneapolis. En 2024, mientras la fundación otorgó $158,811 en subvenciones anti-pobreza, Armstrong recibió $215,726 en salario más $40,548 en beneficios adicionales. La Walton Family Foundation (familia fundadora de Walmart) donó $2.34 millones a Wayfinder entre 2018-2024.
El Minnesota Freedom Fund, que ganó notoriedad nacional financiando fianzas durante las protestas de George Floyd, recibió $40 millones en donaciones en 2020. La organización pagó fianzas para personas acusadas de asesinato en segundo grado ($100,000), agresión sexual y secuestro ($350,000), y un hombre arrestado repetidamente por cargos de armas y disturbios. También financia fianzas para manifestantes anti-ICE ahora.
No es conspiración. Es una financiación dcoumentada, una organización revoilucionaria visible, y coaliciones explícitas entre establishment progresista y vanguardias revolucionarias marxistas-leninistas.
Acto cuarto: Operación Metro Surge
Mientras todo esto ocurre, el ICE ejecuta la "Operación Metro Surge": más de 2.000 agentes desplegados, la administración Trump la llama "la mayor operación de inmigración jamás realizada". Aproximadamente 2.000 personas han sido deportadas según organizadores (cifra no confirmada independientemente).
Greg Bovino, jefe de operaciones de la Patrulla Fronteriza, lanzó una granada de gas lacrimógeno a manifestantes. Fue relevado de sus funciones días después. Agentes enmascarados arrestan personas en sus casas y vehículos.
Los extremistas Walz (gobernador) y el alcalde Frey exigen la retirada de ICE. Minnesota solicitó judicialmente orden de restricción temporal. Una jueza federal prohibió gases lacrimógenos contra manifestantes pacíficos y represalias contra quienes siguen a agentes. La Corte de Apelaciones del 8º Circuito suspendió la orden.
La fiscal general Pam Bondi lo celebró: "Protegeremos a los agentes federales de los delincuentes en las calles y de los jueces activistas en los tribunales". Vicepresidente Vance, tres días antes de la huelga general, visitó Minneapolis y declaró: "Vemos este nivel de caos solo en Minneapolis. El problema es único de Minneapolis: falta de cooperación entre autoridades estatales, locales y federales".
Trump amenazó invocar la Ley de Insurrección de 1807. El Pentágono tiene 1.500 tropas en espera.
Acto quinto: La batalla nominal
Insurrección. Activismo. Revolución. Terrorismo. Protesta legítima. Agitación comunista. Derechos civiles. Subversión extranjera.
Cada palabra es un arma cargada. Y aquí está la trampa: ningún lado miente completamente.
Es cierto que organizaciones marxistas-leninistas con vínculos documentados a grupos terroristas internacionales están organizando estas protestas. Es cierto que reciben financiamiento de fundaciones progresistas millonarias. Es cierto que el Communist Party USA promociona las mismas plataformas que los senadores del Partido Demócrata. Es cierto que algunos de estos activistas ganan salarios de seis cifras liderando organizaciones "sin fines de lucro". Es cierto que FRSO declara abiertamente su objetivo de derrocar el capitalismo monopolista mediante una revolución.
También es cierto que dos ciudadanos estadounidenses sin antecedentes penales fueron muertos a tiros por agentes federales. Es cierto que miles de personas marchan pacíficamente a -10°C. Es cierto que cien clérigos cantan himnos en un aeropuerto sin armas. Es cierto que setecientos negocios cierran voluntariamente en ¿solidaridad?. Es cierto que el ICE está ejecutando la mayor operación de contra-inmigración en la historia estadounidense en un estado que explícitamente no coopera. Ambos conjuntos de hechos coexisten. No se anulan mutuamente.
Epílogo
La administración Trump argumenta que enfrenta una insurgencia organizada de extrema izquierda que usa protestas legítimas como cobertura para objetivos revolucionarios más profundos, financiada por redes millonarias progresistas, coordinada con grupos de ideología hostil a la república constitucional estadounidense.
Los organizadores argumentan que enfrentan un estado federal que despliega miles de agentes armados en territorio no cooperativo, mata ciudadanos sin consecuencias, y usa la amenaza de fuerza militar para reprimir disidencia legítima contra políticas inmigratorias brutales.
¿Y si ambos tienen razón?
¿Y si realmente hay organizaciones revolucionarias marxistas-leninistas aprovechando un agravio legítimo para avanzar agenda de transformación radical del sistema? ¿Y si simultáneamente el gobierno federal realmente está ejecutando operaciones que cruzan líneas constitucionales, matando ciudadanos, y amenazando con invocar leyes diseñadas para sofocar rebeliones armadas contra protestas mayormente no violentas?
La pregunta "¿activismo o insurgencia?" presupone que la respuesta es binaria. Pero Minnesota sugiere una tercera posibilidad más perturbadora: ambas cosas a la vez, entrelazadas de manera imposible de desenredar limpiamente.
Cincuenta mil personas marchan por las calles. Quienes hemos vivido en el País Vasco durante mucho tiempo sabemos que ese dato no quiere decir nada. En las calles de San Sebastián o Bilbo hemos visto a decenas de miles de personas pidiendo a la banda terrorista ETA más asesinatos y alabando a los criminales. Es cierto que, en Minneapolis, miles de esos manifestantes se muetsran genuinamente horrorizados por dos muertes injustificables. Otros miles han sido reclutados por organizaciones con objetivos explícitamente revolucionarios. Ambas cosas son reales simultáneamente, sin contradicción interna, porque el agravio es real y la ideología es real y los muertos son reales y la financiación oscura es real y los vínculos terroristas son reales y las temperaturas árticas son reales y los gases lacrimógenos son reales.
En algún lugar en ese continuo entre "ciudadano preocupado" y "revolucionario marxista-leninista" se encuentra la mayoría de los manifestantes. En algún lugar entre "aplicación legítima de ley federal" y "ocupación militar de territorio hostil" se encuentran las operaciones de ICE. Pero el lenguaje político estadounidense no tiene vocabulario para esa zona gris. Solo tiene activismo o insurgencia. Protesta o sedición. Libertad o caos.
Quien gane esta batalla semántica escribirá la historia. Si gana la administración Trump, esto será recordado como el momento en que el estado federal aplastó una insurgencia comunista que amenazaba con transformar Minnesota en un territorio revolucionario. Si ganan los organizadores, será recordado como el momento en que ciudadanos ordinarios se levantaron contra fascismo federal incipiente.
Ambas narrativas omitirán lo que las hace incómodas: la verdad del otro lado.
A diez grados bajo cero, Alex Pretti cayó al suelo. Su padre dijo que se "preocupaba profundamente por la gente". Los agentes federales dirán que interfería con operaciones legítimas. Ambas cosas pueden ser ciertas.
En Minnesota, el aliento se congela antes de tocar el suelo. Las palabras flotan más tiempo. Y en esa suspensión antes de solidificarse en historia oficial, Estados Unidos enfrenta una pregunta que preferiría no responder: ¿Qué significa cuando activismo e insurgencia ya no son categorías mutuamente excluyentes?
Minneapolis, enero de 2026
A diez grados bajo cero, el lenguaje se congela en el aire antes de romper el aire. En las calles de Minneapolis, cincuenta mil voces gritan "¡Fuera ICE!" mientras llevan pancartas de la Freedom Road Socialist Organization, una organización marxista-leninista que mantiene vínculos documentados con el Frente Popular para la Liberación de Palestina, designado como organización terrorista por Estados Unidos. En Washington, el vicepresidente Vance pronuncia la palabra clave: "caos". Ninguna de estas dos realidades anula a la otra. Ambas son ciertas simultáneamente, y ahí reside precisamente el problema.
En Minnesota se libra una guerra, pero el territorio disputado no son las calles heladas sino el diccionario mismo. ¿Qué palabra usas cuando organizaciones comunistas autodeclaradas coordinan con el Partido Demócrata para organizar una huelga general? ¿Cómo nombras un movimiento donde cien clérigos son arrestados por bloquear un aeropuerto mientras, simultáneamente, grupos que reciben fondos millonarios de la Open Society Foundation de George Soros marchan junto a activistas que celebran a regímenes autoritarios?
La respuesta no está en los hechos —los hechos son tercos, documentados, y profundamente contradictorios— sino en quién gana el derecho a nombrarlos.
Preludio: Los 250 millones de dólares que nadie menciona
Antes de las balas, antes de las protestas, antes de la palabra "insurgencia", hubo fraude. En septiembre de 2022, el Departamento de Justicia anunció cargos criminales federales contra una red conectada a "Feeding Our Future", acusándolos de defraudar al gobierno de 250 millones de dólares en fondos federales para nutrición infantil durante la pandemia. El entonces Fiscal General Merrick Garland lo calificó como "el mayor esquema de fraude de ayuda pandémica" hasta la fecha. De 47 personas inicialmente imputadas, muchas —no todas— eran miembros de la comunidad somalí de Minnesota.
El gobernador de extrema izquierda Tim Walz enfrentó críticas republicanas por supervisión inadecuada. El caso se volvió escándalo cuando defensores intentaron sobornar a un jurado con una bolsa literal de efectivo. La investigación continuó expandiéndose, revelando una red compleja de malversación que tocó instituciones estatales.
En diciembre de 2025, Trump escribió en Truth Social sobre Minnesota como "hub de lavado fraudulento de dinero" bajo el gobernador "Waltz" [sic], vinculó el fraude directamente con "pandillas somalíes que aterrorizan" a los habitantes, y anunció la eliminación del estatus migratorio especial para aproximadamente 700 somalíes.
El 7 de enero de 2026, el gobernador Walz anunció que no buscaría la reelección, dedicando su tiempo restante a "abordar la crisis del fraude". Tres días después, Renée Good caía abatida por balas de ICE.
Acto primero: Los muertos y sus intérpretes
Renée Good, 37 años, ciudadana estadounidense. Jonathan Ross, agente de ICE, la mató el 7 de enero. Según el Departamento de Seguridad Nacional, Good intentó atropellar al agente con su auto, obligándolo a disparar. Según algunos testigos, fue una ejecución. El FBI investiga. No hay nada concluyente.
Alex Pretti, 37 años, enfermero de cuidados intensivos, exsoldado estadounidense. Murió el 24 de enero, un día después de la huelga general, por disparos de agentes federales durante una protesta. Ahora se ha sabido que formaba parte de una red de extrema izquierda que lo llevó a enfrentarse con agentes de ICE y terminar muerto. Una investigación de Fox News ha revelado una red coordinada de chats encriptados, alertas callejeras y seguimiento de agentes de ICE en una sofisticada base de datos, y mostró que los agitadores ya estaban movilizados en la escena donde Alex Pretti fue abatido. Agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza estaban allí para arrestar a un delincuente inmigrante ilegal, y Pretti y otros con los que compartía grupos de chats estaban allí para recibirlos como parte de un patrón estratégico de interferencia organizada con las operaciones de aplicación de la ley. Como el gobierno de Trump anticipó, el agitador de izquierda "se lo buscó, y lo encontró"
Entre ambas muertes: la primera huelga general en 80 años en Estados Unidos.
Los organizadores izquierdistas la llamaron "Día de la Verdad y la Libertad". La administración Trump la llamó "caos organizado por agitadores de extrema izquierda". Ambos tienen razón parcial. La coalición organizadora incluye sindicatos legítimos, líderes religiosos, y organizaciones comunitarias. También incluye, prominentemente, a la Freedom Road Socialist Organization (FRSO) y al Party for Socialism and Liberation (PSL).
Acto segundo: ¿Quién organiza la resistencia?
La FRSO organizadora de los disturbios no oculta su naturaleza revolucionaria. Su sitio web declara sin ambigüedad: "Organización nacional de revolucionarios luchando por el socialismo en Estados Unidos... Reclutamos y construimos hacia la creación de un nuevo Partido Comunista basado en el marxismo-leninismo. Esto es necesario para liderar el camino hacia el socialismo y la liberación".
En 2010, el FBI allanó seis direcciones de Minneapolis vinculadas a FRSO, ejecutando órdenes de registro relacionadas con búsqueda de materiales de apoyo al terrorismo. La búsqueda mencionó tanto a FRSO como a su brazo operativo, el Anti-War Committee. No resultaron cargos, pero la investigación reveló conexiones internacionales preocupantes. La más notable: vínculos documentados con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), organización terrorista designada por Estados Unidos, responsable de secuestros de aviones, atentados suicidas, y ataques con cohetes contra civiles. En 2018, FRSO escribió al PFLP: "Existe una amistad militante y duradera entre nuestras dos organizaciones". El PFLP respondió: "Nos enorgullece tenerlos como socios en el movimiento mundial marxista-leninista para la revolución socialista".
El FRSO también organizó las protestas de George Floyd en 2020. FRSO está organizando las protestas anti-ICE ahora. Sus miembros entregan discursos en los mítines. Sus publicaciones obtienen cientos de miles de likes en Instagram. Marchan abiertamente con pancartas identificables.
Junto al FRSO está el Party for Socialism and Liberation, que venera a Lenin y Mao. Y el Communist Party USA, que envía emails a sus miembros promocionando las mismas plataformas de donación que usa el Partido Demócrata ahora en manos de la extrema-izquierda.
¿El puente financiero? StandWithMinnesota.com, plataforma de donaciones promovida tanto por el Communist Party USA como por figuras demócratas prominentes. La página dirige fondos a organizaciones que operan hotlines para rastrear a agentes de ICE, entrenan "observadores legales", y organizan protestas donde FRSO y PSL tienen roles de liderazgo visible. Esto es insurgencia revolucionari, no activismo ciudadano.
Acto tercero: El dinero y los intermediarios
Indivisible Twin Cities, rama local del Indivisible Project de Washington D.C., es uno de los grupos clave. Entre 2018 y 2023, la Open Society Foundations de George Soros donó millones al proyecto nacional. Indivisible Twin Cities organizó las protestas "No Kings" y ahora las protestas anti-ICE.
Nekima Levy Armstrong, activista de derechos civiles que ayudó a organizar el "storming" de una iglesia en St. Paul (porque uno de sus pastores es oficial del ICE), ganó más de un millón de dólares en seis años liderando Wayfinder Foundation, una organización sin fines de lucro de Minneapolis. En 2024, mientras la fundación otorgó $158,811 en subvenciones anti-pobreza, Armstrong recibió $215,726 en salario más $40,548 en beneficios adicionales. La Walton Family Foundation (familia fundadora de Walmart) donó $2.34 millones a Wayfinder entre 2018-2024.
El Minnesota Freedom Fund, que ganó notoriedad nacional financiando fianzas durante las protestas de George Floyd, recibió $40 millones en donaciones en 2020. La organización pagó fianzas para personas acusadas de asesinato en segundo grado ($100,000), agresión sexual y secuestro ($350,000), y un hombre arrestado repetidamente por cargos de armas y disturbios. También financia fianzas para manifestantes anti-ICE ahora.
No es conspiración. Es una financiación dcoumentada, una organización revoilucionaria visible, y coaliciones explícitas entre establishment progresista y vanguardias revolucionarias marxistas-leninistas.
Acto cuarto: Operación Metro Surge
Mientras todo esto ocurre, el ICE ejecuta la "Operación Metro Surge": más de 2.000 agentes desplegados, la administración Trump la llama "la mayor operación de inmigración jamás realizada". Aproximadamente 2.000 personas han sido deportadas según organizadores (cifra no confirmada independientemente).
Greg Bovino, jefe de operaciones de la Patrulla Fronteriza, lanzó una granada de gas lacrimógeno a manifestantes. Fue relevado de sus funciones días después. Agentes enmascarados arrestan personas en sus casas y vehículos.
Los extremistas Walz (gobernador) y el alcalde Frey exigen la retirada de ICE. Minnesota solicitó judicialmente orden de restricción temporal. Una jueza federal prohibió gases lacrimógenos contra manifestantes pacíficos y represalias contra quienes siguen a agentes. La Corte de Apelaciones del 8º Circuito suspendió la orden.
La fiscal general Pam Bondi lo celebró: "Protegeremos a los agentes federales de los delincuentes en las calles y de los jueces activistas en los tribunales". Vicepresidente Vance, tres días antes de la huelga general, visitó Minneapolis y declaró: "Vemos este nivel de caos solo en Minneapolis. El problema es único de Minneapolis: falta de cooperación entre autoridades estatales, locales y federales".
Trump amenazó invocar la Ley de Insurrección de 1807. El Pentágono tiene 1.500 tropas en espera.
Acto quinto: La batalla nominal
Insurrección. Activismo. Revolución. Terrorismo. Protesta legítima. Agitación comunista. Derechos civiles. Subversión extranjera.
Cada palabra es un arma cargada. Y aquí está la trampa: ningún lado miente completamente.
Es cierto que organizaciones marxistas-leninistas con vínculos documentados a grupos terroristas internacionales están organizando estas protestas. Es cierto que reciben financiamiento de fundaciones progresistas millonarias. Es cierto que el Communist Party USA promociona las mismas plataformas que los senadores del Partido Demócrata. Es cierto que algunos de estos activistas ganan salarios de seis cifras liderando organizaciones "sin fines de lucro". Es cierto que FRSO declara abiertamente su objetivo de derrocar el capitalismo monopolista mediante una revolución.
También es cierto que dos ciudadanos estadounidenses sin antecedentes penales fueron muertos a tiros por agentes federales. Es cierto que miles de personas marchan pacíficamente a -10°C. Es cierto que cien clérigos cantan himnos en un aeropuerto sin armas. Es cierto que setecientos negocios cierran voluntariamente en ¿solidaridad?. Es cierto que el ICE está ejecutando la mayor operación de contra-inmigración en la historia estadounidense en un estado que explícitamente no coopera. Ambos conjuntos de hechos coexisten. No se anulan mutuamente.
Epílogo
La administración Trump argumenta que enfrenta una insurgencia organizada de extrema izquierda que usa protestas legítimas como cobertura para objetivos revolucionarios más profundos, financiada por redes millonarias progresistas, coordinada con grupos de ideología hostil a la república constitucional estadounidense.
Los organizadores argumentan que enfrentan un estado federal que despliega miles de agentes armados en territorio no cooperativo, mata ciudadanos sin consecuencias, y usa la amenaza de fuerza militar para reprimir disidencia legítima contra políticas inmigratorias brutales.
¿Y si ambos tienen razón?
¿Y si realmente hay organizaciones revolucionarias marxistas-leninistas aprovechando un agravio legítimo para avanzar agenda de transformación radical del sistema? ¿Y si simultáneamente el gobierno federal realmente está ejecutando operaciones que cruzan líneas constitucionales, matando ciudadanos, y amenazando con invocar leyes diseñadas para sofocar rebeliones armadas contra protestas mayormente no violentas?
La pregunta "¿activismo o insurgencia?" presupone que la respuesta es binaria. Pero Minnesota sugiere una tercera posibilidad más perturbadora: ambas cosas a la vez, entrelazadas de manera imposible de desenredar limpiamente.
Cincuenta mil personas marchan por las calles. Quienes hemos vivido en el País Vasco durante mucho tiempo sabemos que ese dato no quiere decir nada. En las calles de San Sebastián o Bilbo hemos visto a decenas de miles de personas pidiendo a la banda terrorista ETA más asesinatos y alabando a los criminales. Es cierto que, en Minneapolis, miles de esos manifestantes se muetsran genuinamente horrorizados por dos muertes injustificables. Otros miles han sido reclutados por organizaciones con objetivos explícitamente revolucionarios. Ambas cosas son reales simultáneamente, sin contradicción interna, porque el agravio es real y la ideología es real y los muertos son reales y la financiación oscura es real y los vínculos terroristas son reales y las temperaturas árticas son reales y los gases lacrimógenos son reales.
En algún lugar en ese continuo entre "ciudadano preocupado" y "revolucionario marxista-leninista" se encuentra la mayoría de los manifestantes. En algún lugar entre "aplicación legítima de ley federal" y "ocupación militar de territorio hostil" se encuentran las operaciones de ICE. Pero el lenguaje político estadounidense no tiene vocabulario para esa zona gris. Solo tiene activismo o insurgencia. Protesta o sedición. Libertad o caos.
Quien gane esta batalla semántica escribirá la historia. Si gana la administración Trump, esto será recordado como el momento en que el estado federal aplastó una insurgencia comunista que amenazaba con transformar Minnesota en un territorio revolucionario. Si ganan los organizadores, será recordado como el momento en que ciudadanos ordinarios se levantaron contra fascismo federal incipiente.
Ambas narrativas omitirán lo que las hace incómodas: la verdad del otro lado.
A diez grados bajo cero, Alex Pretti cayó al suelo. Su padre dijo que se "preocupaba profundamente por la gente". Los agentes federales dirán que interfería con operaciones legítimas. Ambas cosas pueden ser ciertas.
En Minnesota, el aliento se congela antes de tocar el suelo. Las palabras flotan más tiempo. Y en esa suspensión antes de solidificarse en historia oficial, Estados Unidos enfrenta una pregunta que preferiría no responder: ¿Qué significa cuando activismo e insurgencia ya no son categorías mutuamente excluyentes?











