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Lunes, 23 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Estados Unidos

El extraño caso de los científicos que desaparecen sin dejar rastro

[Img #30103]El 22 de junio de 2025, una mañana de verano sobre los montes que rodean Los Ángeles, Monica Reza saludó con la mano a sus compañeros de senderismo desde una cresta del Mount Waterman Trail, en el Bosque Nacional de los Ángeles. Estaba a unos nueve metros por detrás. Un instante después, había desaparecido.

 

No dejó rastro. Ni huellas, ni grito, ni señal alguna. Helicópteros, radar, drones, perros adiestrados y centenares de voluntarios peinaron la sierra durante meses sin encontrar nada. Tenía 60 años. Era directora del Grupo de Procesamiento de Materiales en el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA. Y había inventado un metal que Washington consideraba estratégico para la independencia militar de América.

 

Nueve meses después, aquella desaparición solitaria dejó de parecerlo.

 

El 27 de febrero de 2026, a las 11 de la mañana, el general retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland salió a pie de su casa en Albuquerque, Nuevo México, y no volvió a tener contacto con su familia ni sus amigos. Su mujer, Susan, fue la última en verle.

 

Lo que se llevó —y lo que dejó— dijo mucho sobre el hombre. Su teléfono, sus gafas graduadas y sus dispositivos portátiles quedaron sobre la mesa. Se marchó con unas botas de montaña, una mochila roja y un revólver calibre 38 con su funda de cuero.

 

McCasland fue ingeniero astronáutico graduado en la Academia de la Fuerza Aérea, el MIT y la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard. Jefe de ingeniería del programa GPS del Departamento de Defensa, director de programas especiales en el Pentágono y comandante del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en Wright-Patterson, Ohio —la base que durante décadas ha acumulado los rumores más oscuros sobre tecnología extraterrestre recuperada de Roswell.

 

El congresista republicano de Tennessee Tim Burchett no anduvo con rodeos cuando el Daily Mail le preguntó por el caso. Afirmó que McCasland no solo poseía secretos nucleares, sino que había trabajado con tecnología ovni recuperada y almacenada en Ohio. "Todo el mundo habla del asunto de los ovnis", dijo. "Esa gente es muy reservada sobre lo que sabe."

 

El periodista de investigación Ross Coulthart fue más contundente aún: calificó su desaparición de "grave crisis de seguridad nacional". "Este hombre porta algunos de los secretos más sensibles de los Estados Unidos en su cabeza."

 

El metal que une a dos desaparecidos

 

Para entender el vínculo entre Reza y McCasland hay que entender qué es el Mondaloy.

 

Se trata de una superaleación a base de níquel diseñada para resistir el calor extremo y los entornos ricos en oxígeno en el interior de los motores cohete. Monica Reza la patentó tras años de investigación financiada conjuntamente por la NASA y el AFRL —el mismo laboratorio que McCasland comandó—. En 2016, ese trabajo permitió a Aerojet Rocketdyne alcanzar un hito en tecnologías de propulsión, con un objetivo estratégico inequívoco: eliminar la dependencia estadounidense de la tecnología de cohetes rusa.

 

El congresista Burchett añadió una capa que los expedientes oficiales no recogen: dijo haber hablado con personas en departamentos gubernamentales que le aseguraron que existe material de origen desconocido —presuntamente extraterrestre— y que nadie sabe muy bien qué hacer con él. "Honestamente creo que los dos grupos de personas con quienes hablé decían la verdad según lo que saben. Es un asunto muy compartimentado", admitió.

 

Poco después de su desaparición, y pese a no haberse hallado cuerpo alguno, Reza apareció registrada en el sitio web Find a Grave con un "entierro verde", lo que implicaría que un cuerpo fue encontrado, colocado en un contenedor biodegradable e inhumado directamente. La página fue retirada misteriosamente. El caso continúa oficialmente abierto como persona desaparecida.

 

Los otros tres

 

Si los casos de Reza y McCasland podían aún atribuirse a la tragedia individual o a la enfermedad —las autoridades de Nuevo México descartaron indicios de juego sucio y mencionaron un problema médico no especificado del general—, la acumulación de casos que siguió convirtió la coincidencia en algo más difícil de ignorar.

 

[Img #30106]

 

Nuno Loureiro, 47 años. El 15 de diciembre de 2025, el físico portugués fue asesinado en su domicilio del suburbio bostoniano de Brookline. El autor del crimen fue identificado como Claudio Neves Valente, antiguo compañero de estudios en Portugal. Loureiro era director del Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del MIT y, según quienes le conocían, estaba a las puertas de un avance que podría haber transformado la energía global: la fusión nuclear limpia, una fuente teóricamente ilimitada que haría innecesarios los combustibles fósiles. Investigadores independientes señalaron además que la física del plasma tiene vínculos teóricos con las hipótesis sobre la propulsión de naves de origen no terrestre.

 

[Img #30104]

 

Carl Grillmair, 67 años. El 16 de febrero de 2026, el astrofísico del Caltech fue abatido a tiros en el porche de su casa en el condado de Los Ángeles, a las seis de la mañana. Grillmair había contribuido al descubrimiento de agua en un planeta distante —un hallazgo que sus colegas calificaron de "ingenioso" y que apuntaba a posibles indicios de vida a menos de 160 años luz de la Tierra. La policía señaló como persona de interés a Freddy Snyder, de 29 años, al que acusó de asesinato, carjacking y robo. No se reveló móvil alguno, ni quedó claro si los dos hombres se conocían.

 

[Img #30105]

 

Jason Thomas, 45 años. El 17 de marzo de 2026, apenas seis días antes de la publicación de este reportaje, sus restos fueron hallados en el lago Quannapowitt, en Wakefield, Massachusetts. Thomas había desaparecido el 12 de diciembre de 2025. Era subdirector de biología química en Novartis —empresa farmacéutica global con contratos activos con el Departamento de Defensa— y su trabajo se centraba en el desarrollo de nuevos fármacos, incluidos posibles tratamientos contra el cáncer. La policía de Wakefield dijo que la causa de muerte estaba por determinar y que, de momento, no se sospechaba juego sucio.

 

IV. La semana que lo cambió todo

 

Hay una fecha que quienes siguen estos casos han marcado en rojo: el 19 de febrero de 2026.

 

Ese día, Trump publicó en Truth Social que ordenaba al Pentágono y a otras agencias federales identificar y publicar los archivos gubernamentales relacionados con "la vida alienígena y extraterrestre, los fenómenos aéreos no identificados y los objetos voladores no identificados". Ocho días después, McCasland desaparecía.

 

Su nombre había emergido en 2016 en cables de WikiLeaks ligados a conversaciones sobre ovnis. Tras jubilarse, colaboró con Tom DeLonge, músico de Blink-182 y cofundador de To The Stars Inc., compañía dedicada al estudio de los fenómenos aéreos no identificados. El exoficial de inteligencia del Departamento de Defensa Luis Elizondo declaró a CNN que esperaba que McCasland fuera encontrado "sano y salvo", pero no ocultó la gravedad del momento: "Prefiero dejar que las fuerzas del orden hagan su trabajo antes de especular."

 

El exsecretario adjunto de Defensa para inteligencia Christopher Mellon resumió el clima general: "Este podría ser un momento trascendental, pero el impacto dependerá de los resultados concretos."

 

El congresista Burchett, que lleva meses intentando obtener respuestas de la comunidad de inteligencia, resumió su frustración con una frase: "No creo que debamos confiar en nuestro gobierno."

 

Criticó directamente a las llamadas "agencias del alfabeto" —FBI, CIA, NSA— por ser poco colaborativas y obstruir sus intentos de encontrar la verdad. "El número parece muy elevado en estas áreas concretas de investigación. Creo que deberíamos estar prestando atención." Y añadió, quizás con más resignación que rabia: "Me temo que ha tardado demasiado en llamar la atención del gran público, dejando que el rastro se enfriara."

 

El patrón geográfico resulta igualmente llamativo para quienes lo han trazado: sur de California, Nuevo México y Ohio. El triángulo donde se concentra la investigación aeroespacial más avanzada del país. Y en cada nodo, el mismo silencio institucional: divulgación mínima, comunicados escuetos, ninguna respuesta a las preguntas incómodas.

 

Las autoridades han sido consistentes en una sola cosa: en todos los casos, rechazan por ahora cualquier conexión entre ellos.

 

Epílogo: Lo que permanece

 

Cinco nombres. Nueve meses. Un físico de fusión. Un astrofísico. Un experto en biología química. Una ingeniera de materiales espaciales. Un general que custodió los secretos más profundos de la Fuerza Aérea americana.

 

Lo que queda es, sobre todo, silencio.

 

Monica Reza sigue desaparecida. William McCasland también. Jason Thomas fue hallado muerto sin causa determinada. Carl Grillmair murió en su porche al amanecer. Nuno Loureiro fue asesinado por un hombre que condujo cientos de kilómetros para hacerlo.

 

Puede que sean cinco tragedias inconexas, acumuladas por el azar y amplificadas por el ruido de las redes sociales en un momento en que América mira al cielo con más expectación que nunca. Puede que el congresista Burchett tenga razón y que el patrón sea real, aunque nadie sepa aún —o quiera decir— qué lo explica.

 

Lo que es seguro es que la pregunta ya no pertenece solo a los foros de conspiraciones. Ha llegado al Congreso. Ha llegado a los despachos del FBI. Y ha llegado, inevitable, a las portadas.

 

"¿Por qué no prestamos atención inmediatamente?", se preguntó Burchett. "¿Por qué tardamos tanto?"

 

Nadie, de momento, ha respondido.

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