La CIA retiene desde hace meses decenas de archivos sobre el asesinato de Kennedy y el programa MKUltra
La CIA retiene desde hace meses decenas de archivos sobre el asesinato de Kennedy y el programa MKUltra que el Congreso y la inteligencia nacional reclaman. Una noche, durante el cierre del gobierno, alguien fue a buscarlos. Nadie los ha devuelto.
![[Img #30481]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/7201_screenshot-2026-05-14-at-09-19-45-tulsi-gabbard-buscar-con-google.png)
Hay historias que estallan antes de ser contadas. Esta llegó envuelta en humo, precedida por titulares que proclamaban una "redada" de la CIA en la mismísima oficina de Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional (DNI). Jesse Watters interrumpió su programa en Fox News para anunciarlo con el tono de quien descubre un complot en tiempo real. En las redes, la palabra "raid" se replicó como un virus. Era el miércoles 13 de mayo de 2026, y Washington volvía a arder.
Pero como suele ocurrir cuando el fuego es demasiado vistoso, convenía acercarse despacio y con cuidado al mismo.
La portavoz de la propia Gabbard, Olivia Coleman, lo dijo sin rodeos: "Esto es falso. La CIA no hizo una redada en la oficina de la DNI." Una negativa breve, seca, inusualmente directa para los estándares de la diplomacia institucional. Y, sin embargo, lo que vino después no fue un desmentido completo, sino algo más inquietante: una corrección de matices que dejaba intacto el corazón del problema.
Porque las cajas existen. Los documentos, también.
La noche del apagón
Según la periodista Katie Pavlich, de NewsNation, que habló con un funcionario de inteligencia, personas de la CIA tomaron documentos relacionados con el asesinato de JFK y con el programa MKUltra de la Oficina de Reconocimiento Nacional el año pasado, en mitad de la noche, durante el cierre del gobierno federal. No hubo comunicado. No hubo autorización visible. Solo el silencio de un edificio vacío y unas cajas que cambiaron de manos cuando nadie miraba.
Y no las han devuelto.
Ese detalle —la hora, la oscuridad, la huelga de funcionarios como telón de fondo— es el que transforma un conflicto burocrático en algo de textura más sombría. No es que la CIA haya negado tener los documentos. Es que los tiene, los reclamaron, y eligió el momento más discreto del calendario para llevárselos.
Los fantasmas del pasado
Para entender el peso de esas cajas hay que recordar lo que supuestamente contienen. La representante Luna explicó que la CIA afirmó en su día haber publicado todos los documentos de MKUltra, y que el resto había sido destruido. Los archivos recuperados serían, presuntamente, esos documentos que oficialmente nunca existieron.
MKUltra: el programa con el que la CIA experimentó con drogas, hipnosis y tortura psicológica sobre ciudadanos estadounidenses sin su consentimiento durante las décadas de los cincuenta y sesenta. Un capítulo que el gobierno reconoció, pero del que nunca terminó de rendir cuentas. Y los archivos de JFK: seis décadas de preguntas sin respuesta sobre el asesinato del presidente en Dallas, documentos cuya desclasificación completa fue ordenada por el propio presidente Trump mediante decreto ejecutivo.
La representante Anna Paulina Luna fue directa: "¿Quién diablos cree que tiene la autoridad para desafiar una orden ejecutiva?"
El testigo, la sala vacía y el ultimátum
La historia emergió a la superficie el mismo día en que James Erdman III prestaba juramento ante el Comité de Seguridad Interior del Senado. Mientras el grueso de su testimonio giraba en torno al supuesto encubrimiento de los orígenes del Covid-19, Erdman también alertó a los senadores de que la CIA había recuperado esas 40 cajas de archivos de JFK y MKUltra que Gabbard estaba procesando para su desclasificación, describiendo la sustracción como parte de esfuerzos documentados para eludir la supervisión institucional.
Luna, presidenta del Grupo de Trabajo de la Cámara sobre la Desclasificación de Secretos Federales, no tardó en reaccionar: dio a la CIA 24 horas para devolver los documentos a la oficina de Gabbard, o se enfrentaría a una citación judicial del Congreso.
Un ultimátum. En Washington, los ultimátums suelen ser el preludio de la negociación o el principio del olvido.
Lo que queda
Cuando se retira el humo de los titulares más exaltados, el paisaje que aparece no es menos turbador. No hubo redada este miércoles. No fue la oficina de Gabbard. La propia Luna aclaró que los documentos pertenecen a la jurisdicción de la ODNI y que el incidente no ocurrió el día de la audiencia. Pero los documentos desaparecieron una noche. Nadie los ha devuelto. Y quienes los reclaman —el Congreso, la directora de Inteligencia Nacional, un whistleblower bajo juramento— no parecen dispuestos a dejarlo pasar.
En el fondo, la pregunta no es si hubo redada. La pregunta es por qué alguien fue a buscar esas cajas en la oscuridad, y qué hay dentro de ellas que justificara el riesgo.
Eso, por ahora, nadie lo ha respondido.
La CIA retiene desde hace meses decenas de archivos sobre el asesinato de Kennedy y el programa MKUltra que el Congreso y la inteligencia nacional reclaman. Una noche, durante el cierre del gobierno, alguien fue a buscarlos. Nadie los ha devuelto.
![[Img #30481]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/7201_screenshot-2026-05-14-at-09-19-45-tulsi-gabbard-buscar-con-google.png)
Hay historias que estallan antes de ser contadas. Esta llegó envuelta en humo, precedida por titulares que proclamaban una "redada" de la CIA en la mismísima oficina de Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional (DNI). Jesse Watters interrumpió su programa en Fox News para anunciarlo con el tono de quien descubre un complot en tiempo real. En las redes, la palabra "raid" se replicó como un virus. Era el miércoles 13 de mayo de 2026, y Washington volvía a arder.
Pero como suele ocurrir cuando el fuego es demasiado vistoso, convenía acercarse despacio y con cuidado al mismo.
La portavoz de la propia Gabbard, Olivia Coleman, lo dijo sin rodeos: "Esto es falso. La CIA no hizo una redada en la oficina de la DNI." Una negativa breve, seca, inusualmente directa para los estándares de la diplomacia institucional. Y, sin embargo, lo que vino después no fue un desmentido completo, sino algo más inquietante: una corrección de matices que dejaba intacto el corazón del problema.
Porque las cajas existen. Los documentos, también.
La noche del apagón
Según la periodista Katie Pavlich, de NewsNation, que habló con un funcionario de inteligencia, personas de la CIA tomaron documentos relacionados con el asesinato de JFK y con el programa MKUltra de la Oficina de Reconocimiento Nacional el año pasado, en mitad de la noche, durante el cierre del gobierno federal. No hubo comunicado. No hubo autorización visible. Solo el silencio de un edificio vacío y unas cajas que cambiaron de manos cuando nadie miraba.
Y no las han devuelto.
Ese detalle —la hora, la oscuridad, la huelga de funcionarios como telón de fondo— es el que transforma un conflicto burocrático en algo de textura más sombría. No es que la CIA haya negado tener los documentos. Es que los tiene, los reclamaron, y eligió el momento más discreto del calendario para llevárselos.
Los fantasmas del pasado
Para entender el peso de esas cajas hay que recordar lo que supuestamente contienen. La representante Luna explicó que la CIA afirmó en su día haber publicado todos los documentos de MKUltra, y que el resto había sido destruido. Los archivos recuperados serían, presuntamente, esos documentos que oficialmente nunca existieron.
MKUltra: el programa con el que la CIA experimentó con drogas, hipnosis y tortura psicológica sobre ciudadanos estadounidenses sin su consentimiento durante las décadas de los cincuenta y sesenta. Un capítulo que el gobierno reconoció, pero del que nunca terminó de rendir cuentas. Y los archivos de JFK: seis décadas de preguntas sin respuesta sobre el asesinato del presidente en Dallas, documentos cuya desclasificación completa fue ordenada por el propio presidente Trump mediante decreto ejecutivo.
La representante Anna Paulina Luna fue directa: "¿Quién diablos cree que tiene la autoridad para desafiar una orden ejecutiva?"
El testigo, la sala vacía y el ultimátum
La historia emergió a la superficie el mismo día en que James Erdman III prestaba juramento ante el Comité de Seguridad Interior del Senado. Mientras el grueso de su testimonio giraba en torno al supuesto encubrimiento de los orígenes del Covid-19, Erdman también alertó a los senadores de que la CIA había recuperado esas 40 cajas de archivos de JFK y MKUltra que Gabbard estaba procesando para su desclasificación, describiendo la sustracción como parte de esfuerzos documentados para eludir la supervisión institucional.
Luna, presidenta del Grupo de Trabajo de la Cámara sobre la Desclasificación de Secretos Federales, no tardó en reaccionar: dio a la CIA 24 horas para devolver los documentos a la oficina de Gabbard, o se enfrentaría a una citación judicial del Congreso.
Un ultimátum. En Washington, los ultimátums suelen ser el preludio de la negociación o el principio del olvido.
Lo que queda
Cuando se retira el humo de los titulares más exaltados, el paisaje que aparece no es menos turbador. No hubo redada este miércoles. No fue la oficina de Gabbard. La propia Luna aclaró que los documentos pertenecen a la jurisdicción de la ODNI y que el incidente no ocurrió el día de la audiencia. Pero los documentos desaparecieron una noche. Nadie los ha devuelto. Y quienes los reclaman —el Congreso, la directora de Inteligencia Nacional, un whistleblower bajo juramento— no parecen dispuestos a dejarlo pasar.
En el fondo, la pregunta no es si hubo redada. La pregunta es por qué alguien fue a buscar esas cajas en la oscuridad, y qué hay dentro de ellas que justificara el riesgo.
Eso, por ahora, nadie lo ha respondido.











