Martes, 02 de Junio de 2026

Actualizada Martes, 02 de Junio de 2026 a las 11:35:53 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Martes, 02 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:
Variante Bundibugyo

El ébola pasa nuevamente a ser una "preocupación internacional"

El ébola regresa a África central con una cepa esquiva para la que no existe vacuna, y ya suma más de 900 casos sospechosos, 220 muertos y una declaración de emergencia internacional que no logra calmar el pánico ni detener la desinformación

 

[Img #30607]

 

Hay nombres que el mundo no debería olvidar nunca. El río Ébola, afluente menor del Congo, da nombre a uno de los virus más letales que la humanidad conoce desde que en 1976 mató en silencio a los primeros aldeanos de lo que hoy es la República Democrática del Congo. Cincuenta años después, el río vuelve a prestarnos su nombre para bautizar una catástrofe.

 

El nuevo brote comenzó a principios de 2026 en una zona remota de Ituri, en el este del Congo. Durante semanas, los casos no fueron detectados con precisión: se confundieron con enfermedades como la malaria. Ese silencio inicial, esas semanas perdidas en las que el virus campó a sus anchas sin que nadie le pusiera nombre, son el elemento más perturbador de toda esta historia. El ébola no llegó con estruendo; llegó disfrazado de fiebre cotidiana, de dolencia de pobres, de enfermedad sin fondos ni titular.

 

Cuando la OMS reaccionó, ya era demasiado tarde para contenerlo en su cuna. El 17 de mayo de 2026, la organización determinó que el brote constituye una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. El nivel de riesgo se mantiene como muy alto en los países afectados, alto en la región y bajo a nivel global. La diferencia entre esos tres adjetivos —muy alto, alto, bajo— es la diferencia entre el infierno, la sala de espera y la distancia segura. Por ahora.

 

El problema no es solo la velocidad de propagación. Es la identidad del asesino. El brote ha sido vinculado a la variante Bundibugyo, lo que complica de forma notable los esfuerzos de respuesta, ya que los tratamientos y las vacunas disponibles son exclusivamente para la variante Zaire. En otras palabras: el arsenal médico que el mundo construyó con esfuerzo y dolor tras el devastador brote de 2014-2016 en África occidental sirve de poco aquí. Hay desarrollos de vacunas en curso, pero no existen todavía aprobadas para esta cepa. Los sanitarios se enfrentan al virus con las manos más vacías de lo que cabría esperar.

 

Los números, actualizados día a día con macabra puntualidad, cuentan la historia con precisión brutal. La OMS notifica 900 casos sospechosos y 220 muertes en la República Democrática del Congo. El brote se ha extendido a las provincias de Ituri y Kivu del Norte, y ha llegado también a la vecina Uganda. La expansión a Sud-Kivu refleja la capacidad de propagación del virus dentro de la región. Cada nueva provincia es un nuevo frente, y cada nuevo frente es una nueva carrera contra el reloj.

 

La respuesta internacional ha llegado, aunque con el retraso crónico que caracteriza a estas emergencias. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha desplegado personal en docenas de centros de salud en Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur, trabajando para mejorar la capacidad de los centros de tratamiento. El 27 de mayo, destinó 80 millones de dólares adicionales en ayuda bilateral para ampliar el rastreo de contactos, los controles fronterizos y la distribución de equipos de protección.

 

Pero el dinero y los equipos llegan a un terreno envenenado también por otra epidemia, esta vez invisible: la ignorancia. En respuesta al brote, las autoridades han prohibido vigilias funerarias con más de 50 personas, causando enojo entre la población. En los últimos días, dos centros de tratamiento han sido incendiados en la región, en ataques vinculados a campañas de desinformación que circulan en redes sociales. Los centros donde se salvan vidas convertidos en diana. La enfermedad combatida con antídotos que encuentran resistencia allí donde más se necesitan.

 

Los sistemas de salud de la región están desbordados, y las familias y comunidades necesitan urgentemente acceso a información confiable sobre detección temprana y prácticas de entierro seguro. Los entierros: ese detalle que en Europa parece rutinario y que en África central es un campo de batalla epidemiológico, porque el cuerpo de los fallecidos sigue siendo contagioso y los rituales de despedida, tan profundamente humanos, se convierten en vectores de muerte.

 

Aunque el riesgo global sigue siendo bajo, la OMS ha calificado el brote como un asunto de "preocupación internacional". Los expertos insisten en que no hay probabilidad de pandemia, que el mundo no debe temblar todavía. Puede que tengan razón. Pero en las aldeas de Ituri, ese matiz estadístico no consuela a nadie.

 

El río Ébola sigue corriendo, indiferente a los comunicados de prensa, a las ruedas de prensa de Ginebra y a los vuelos cargados de equipos de protección. Lleva cincuenta años recordándonos que hay partes del mundo donde la distancia entre vivir y morir es tan corta como un apretón de manos, un abrazo de despedida o una fiebre que nadie supo reconocer a tiempo.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.