Domingo, 27 de Septiembre de 2026

Actualizada Domingo, 27 de Septiembre de 2026 a las 18:33:52 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Elena García
Domingo, 27 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

Informe PISA o cómoI resolver problemas con "más de lo mismo"

Después de los negativos resultados del informe Pisa –que no dicen nada nuevo para los que se dedican a la enseñanza y tienen cierta edad– se ha levantado una polvareda que está en todos los medios como si fuese algo novedoso. Si bien dentro de pocos días todo se habrá olvidado y vuelta a la “normalidad”.

 

Ciertamente, comparándonos con nosotros mismos, se bajan puntos respecto al anterior informe, algo que seguirá si continuamos con los vicios educativos e ideológicos actuales; y no parece que vayan a cambiar, si acaso a intensificarse. Desde 1990 que se implanta la LOGSE, según el modelo ingles –“enseñanza Comprensiva” la llamaban–, hasta la desaparición definitiva de la EGB en 1997, la educación no ha hecho otra cosa que degenerar. Hemos bajado no solo en lo que se pretendía antes: conseguir un buen nivel de conocimientos que preparasen al alumno para su paso a una profesión o a la universidad, también hemos bajado en lo que se pretende conseguir ahora con la “enseñanza inclusiva” o todos iguales, pero por abajo: alumnos más conflictivos, más violencia en las clases, menos comprensión y nula creatividad porque con una mente “vacía” hay poco que crear o comprender. Pero ya se sabe la ideología antes que la realidad.

 

No, no se puede dar crédito a este informe, aunque ciertamente los niños y jóvenes españoles tienen dificultades para leer y escribir y cada día más. Su comparativa con otros países es bastante poco fiable. Si has estado en centros extranjeros británicos o de USA no te crees que los escolares españoles estén por debajo en lectura y escritura –tampoco en lengua, matemáticas o ciencias– porque la enseñanza en occidente es similar y copiada especialmente del área anglosajona. Baste un dato, a comienzos de los 80 en las bibliotecas de Londres se pedían voluntarios para enseñar a leer y escribir a jóvenes de 16 a 18 años que habían salido del sistema educativo sin saber leer.

 

Esta bajada con respecto a nosotros es grave, porque el dominio de la lectura y la escritura es el instrumento del aprendizaje de cualquier materia. Por suerte, en España tenemos un idioma en que resulta más fácil aprender a leer que en otros idiomas como el inglés, debido a que en español hay una correspondencia casi directa entre grafía y sonido; pero bueno ahora hay que dedicar más tiempo al inglés en los horarios escolares que a nuestra lengua española, idioma mucho más rico que el inglés. Y no digamos ya si a esto se añade la enseñanza trilingüe en ciertas comunidades autónomas.   

 

Que estemos mejor que otros países en lectura y escritura no quiere decir que no hayamos retrocedido –y mucho– con respecto a nosotros mismos. Hace 50 años, en los centros públicos, enseñaba a leer el último profesor que había llegado –el que tenía menos puntos o “derechos”– porque daba mucho trabajo; estos profesores novatos se empleaban, se emplean, en la tarea con mayor o peor fortuna. Pero es que hoy ¡sigue ocurriendo lo mismo! Enseña a leer y escribir el último profesor que llega al centro. Tampoco hay una especialidad en los estudios de magisterio que se centre en la enseñanza de la lectura y la escritura, lo puede enseñar cualquiera, incluso padres o abuelos si los niños se quedan en casa. Y quizá ¡hasta lo harían mejor! El problema ahora es que la mayoría de padres y madres –si es que cuentan con ambos y no son hijos de padres separados– trabajan con horarios difíciles para la “conciliación” y ya no pueden dedicar tanto tiempo al niño como antaño.

 

Este déficit en lectura no se hacía visible en décadas pasadas, entre otras cosas, porque al niño se le exigía más esfuerzo –sin llegar a aquello de “la letra con sangre entra”, sustituido hoy por “aprender jugando” donde se juega mucho y se aprende poco–, y porque las madres –que todavía no habían salido masivamente a trabajar– ayudaban al niño en casa en dicho aprendizaje. La mujer, al decir de las feministas, habrá progresado mucho, o regular o poco, con su trabajo fuera de casa, pero no se puede atender a todo al mismo tiempo. Unos ¿ganan? y otros pierden.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.