Jueves, 22 de Octubre de 2026

Actualizada Jueves, 22 de Octubre de 2026 a las 17:13:05 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Martes, 20 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:
Ex-jefe de Guerra Aérea y Espacial de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de EE.UU.

Jay Stratton: "He visto seres no humanos con mis propios ojos"

[Img #31363]

 

Durante dieciséis años, Jay Stratton fue el hombre al que el Pentágono encargaba mirar hacia arriba. Ahora, con la jubilación a la espalda y un libro en las librerías, ha decidido mirar a cámara. Out of the Shadows salió el 13 de octubre de 2026 y, en la semana que siguió, su autor recorrió platós y estudios —Fox News, CNN, CBS, People, una radio matinal de Nuevo México— repitiendo una frase que en boca de un antiguo alto cargo de inteligencia suena a dinamita: ha visto, dice, seres y naves que no son humanos.

 

Lo que sigue es una conversación que nunca ocurrió tal cual, pero cuyas respuestas sí se dijeron. Hemos reunido sus declaraciones públicas de esa semana y las hemos ordenado como si fueran una sola entrevista, larga y sin cortes publicitarios.

 

Stratton no es un aficionado con telescopio: sirvió más de 32 años entre el campo de batalla y la comunidad de inteligencia, con ocho despliegues, y llegó a un rango civil equivalente al de general de dos estrellas (NewsNation). Siendo jefe de Guerra Aérea y Espacial de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), cofundó el programa AAWSAP, creó AATIP y dirigió la Unidad Especial de Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPTF), anunciada por el secretario de Defensa en 2020.  

 

Se jubiló en 2022, pasó a la industria privada de defensa y apareció en el documental The Age of Disclosure (2025). Está casado y tiene dos hijos, un dato que en su libro deja de ser biográfico: su familia es parte del relato.

 

Usted pasó media vida guardando secretos. ¿Por qué hablar ahora?

 

«Sentí la responsabilidad de contar esta historia». Soy el funcionario de más rango que ha investigado este asunto en nombre del Gobierno, y lo que está en juego nos afecta a todos. No somos la única vida inteligente del universo, y no sabemos qué intención tiene la que está aquí. Hay actividad continuada sobre instalaciones militares y nucleares sensibles, y un problema diario de seguridad de vuelo para la aviación militar y civil. Llevo veinte años trabajando entre bastidores para llegar a este punto. El mundo merece saberlo.

 

¿Cuánto de lo que sabe ha podido contar?

 

Todo lo que legalmente podía. 21 agencias y departamentos revisaron el manuscrito antes de autorizar su publicación.

 

Dirigió la búsqueda del gobierno durante 16 años. Pregunta sencilla: ¿Estamos solos?

 

No, no lo somos. La humanidad no es la única forma de vida inteligente en el universo. Y tampoco conocemos las intenciones de la vida inteligente no humana que existe aquí. Eso es muy preocupante.

 

¿Cuándo empezó todo?

 

En otoño de 2005. Yo era jefe de Guerra Aérea y Espacial en la DIA, responsable de las amenazas emergentes y disruptivas, con acceso a los programas más clasificados. Un colega me trajo un vídeo: un objeto triangular volando sobre emplazamientos de misiles nucleares, en espacio aéreo restringido. Negro, sin alas visibles, sin escape, sin propulsión aparente. Se movía como si las leyes fundamentales de la física no existieran.

 

Permítanme leer este fragmento del libro: «Un avión negro y triangular, sin alas, sin cola, sin escape, sin propulsión visible, como si las leyes fundamentales de la física simplemente no se aplicaran». Alguien les entrega este video: ¿qué ven? ¿Qué hacen?

 

Cuando yo, como ingeniero aeroespacial, vi algo que demostraba capacidades que no entendía ni podía comprender, fue una revelación impactante. Necesitaba entender esa tecnología y quién la poseía.

 

https://amzn.to/48S6ZEC

 

Y usted lo consideraba una amenaza.

 

Absolutamente. Es una amenaza porque está más allá de nuestras capacidades y no la entendemos. Desconocemos sus intenciones y no sabemos de dónde viene.

 

Ha dicho en televisión algo que pocos exfuncionarios se atreven a decir...

 

«He visto seres no humanos y naves no humanas con mis propios ojos». En el libro detallo esos encuentros, pero creo que importa más el contexto que el detalle: que se entienda no solo lo que vi, sino lo que pienso de lo que vi.

 

Vayamos directo al grano. ¿Posee el gobierno de Estados Unidos máquinas no humanas?

 

Sí, posee algunas.

 

¿Y usted ha visto alguna con sus propios ojos?

 

He visto con mis propios ojos seres no humanos y máquinas no humanas.

 

También los seres no humanos.

 

Sí, señor.

 

El libro habla del precio familiar. ¿Qué pasó en su casa?

 

Durante años viví dos vidas: el trabajo y el hogar, y la puerta de casa era la frontera. Pero mientras yo observaba a esa inteligencia no humana, ella empezó a observarnos a nosotros. Mi mujer y mis hijos comenzaron a ver tanto a esos seres como a los propios UAP (ovnis). Una vez, junto a una ventana, había un ser inequívocamente no humano mirando a mi hijo: gris, cabeza grande, ojos pequeños y negros, sin nariz apreciable, boca pequeña.

 

¿Cómo sobrevive una familia a algo así?

 

Podía habernos destrozado y, en cambio, nos unió. Tuvimos muchas conversaciones de corazón sobre si debía seguir con ese trabajo. Decidimos en familia que sí, por el bien del país.

 

Usted habla de un «programa Legado». ¿Qué es?

 

Un programa oculto de recuperación e ingeniería inversa de naves, con ochenta años de antigüedad. Lo forman la CIA, la Fuerza Aérea, el Departamento de Energía y contratistas de defensa. Lo descubrí mientras montaba en la DIA el primer programa oficial tras el cierre del Proyecto Libro Azul, en 2008.

 

¿Y llegó a tocarlo?

 

Casi. Un alto ejecutivo de un contratista de defensa vino a verme con todo el historial: tenían doce naves y querían transferirme una. Les preocupaba que tanto secreto y compartimentación estuviera frenando el progreso. Yo tenía 22 millones de dólares del senador Harry Reid y un equipo mundial de físicos e ingenieros aeroespaciales con autorización máxima. Bastó un solo guardián dentro del Gobierno para pararlo. Ahí terminó mi relación directa con ese programa.

 

Su libro reabre Roswell. ¿Qué afirma exactamente?

 

Lo que me contó una fuente, no lo que yo vi. Según ese testimonio, en 1947 una nave se partió en dos cerca de Roswell y se recuperó todo, incluidos cuerpos no humanos. «Algunos estaban muertos a su llegada». Otros seguían vivos, pero murieron después tras rechazar la comida y el contacto. La comunicación con ellos fue escasa y casi siempre inútil.

 

¿Cuántas naves habría hoy en manos privadas?

 

Al menos una docena, en instalaciones seguras de contratistas militares repartidas por el país.

 

En el libro describe un plan para atraer a estos objetos. ¿Cómo funcionaba?

 

Colocamos un submarino nuclear frente a la costa este como cebo, con un avión P-3 de la Armada cargado de sensores para capturar datos. En la primera misión apareció un UAP, y uno de nuestros aviones recogió la información.

 

En el libro, usted escribe: «Nuestro cebo sería un submarino nuclear… Atraer a un UAP lo suficientemente cerca como para monitorearlo, rastrearlo y, de ser posible, capturarlo o recuperarlo». ¿Qué pasó?

 

Y funcionó. Desde su primera misión, apareció un UAP y el P3 trabajó para recopilar datos, los cuales fueron recogidos durante esa misión.

 

¿Alguna vez intentaron impedir que se documentara un avistamiento?

 

Sí. Dos almirantes y un comandante —lo mejor de lo mejor— vieron un ovni materializarse, quedarse suspendido sobre un recinto de entrenamiento y desvanecerse al instante. Organicé su viaje al Pentágono para un informe formal que quedara en el registro de inteligencia. Antes de llegar, un alto cargo los interceptó y les advirtió de que su reputación estaba en juego si lo denunciaban. En el libro lo llamo «la mano oculta».

 

¿Ha visto el presidente Trump estas pruebas?

 

No. Tenemos naves de inteligencia no humana y el presidente no ha visto esa evidencia; también a él se le protege de la verdad. Piénselo como un hombre de inteligencia: si antes del 11-S una oficina lo hubiera sabido todo sobre Al Qaeda y no se lo hubiera contado al responsable antiterrorista que informaba al presidente, sería un escándalo. Yo informaba al Congreso y al Ejecutivo sobre UAP sin saberlo todo, mientras alguien en el Gobierno quizá sí lo sabe.

 

¿Qué imagen tiene del final de este proceso?

 

Un presidente acercándose al micrófono para decirle al mundo que no estamos solos. Ese sería un momento monumental.

 

Ha estado asesorando a la Casa Blanca desde que el presidente ordenó la publicación de los archivos. ¿Cree que ha visto todas las pruebas reales?

 

No, no creo que las haya visto. Creo que todavía le están ocultando la verdad, y tenemos que esforzarnos mucho para que el presidente sepa la verdad.

 

¿Por qué se guardaría un secreto así durante ochenta años?

 

Quienes han tenido el monopolio del asunto creen que la verdad es tan fuerte que el pueblo estadounidense no podría soportarla. Y la carga ha sido real: hay quien ha dimitido, quien ha sufrido crisis nerviosas y quien se ha quitado la vida. A lo largo de la historia, cuando un secreto ha sido demasiado importante para la seguridad nacional, se han tomado medidas para eliminar el problema.

 

En el libro escribes: «Esta gente no está jugando, Jay. Han hecho cosas peores que amenazar a la gente para que guarden sus secretos. Lo volverán a hacer». ¿Qué quiere decir con «peores que amenazar»?

 

A lo largo de la historia, los secretos a veces han tenido tal impacto en nuestra seguridad nacional que se han tomado medidas para eliminar el problema.

 

¿Es una cuestión solo estadounidense?

 

Es global. Compartimos información con los aliados y vigilamos de cerca a China y Rusia, que también tienen naves y trabajan en su ingeniería inversa. Es una carrera secreta, una guerra fría. Tenemos que ganarla: quien lo consiga será la superpotencia durante más de cien años.

 

¿Se puede realmente copiar una tecnología así?

 

En algunos aspectos es como darle un iPhone a un cavernícola: probablemente lo golpearía contra una piedra. El problema es que hacen falta las mejores mentes —los genios del MIT, por así decirlo— y cuesta muchísimo darles autorización de seguridad. Si se rebajara un poco ese aparato, habría más cerebros en el problema.

 

Si un adversario domina esta tecnología antes que nosotros, ¿qué sucederá? ¿Cree que China lo está intentando?

 

Sí. Creo que tanto China como Rusia están trabajando en la ingeniería inversa de vehículos no fabricados por el hombre.

 

Fue usted quien impuso el término UAP. ¿Fue cosmética?

 

No. «OVNI» arrastraba la imagen de los hombrecillos verdes. Con «UAP» bajé el estigma y el factor ridículo, y conseguí que me abrieran la puerta del Congreso. Entraba en las salas con interés y salía con preocupación genuina. Además es más preciso: estas cosas se mueven del fondo marino al espacio, no son solo chatarra voladora. Aquello acabó dando lugar a AARO, una oficina permanente. Era lo que quería: que el Gobierno se lo tomara en serio.

 

¿De dónde vienen? ¿Hay más de una especie?

 

No lo sé. Y ese es el problema. ¿Lo sabe el programa legado? Es posible. Yo no lo sé con certeza.

 

En el documental The Age of Disclosure habló de armas nucleares activadas y desactivadas. ¿Es historia antigua?

 

No. Ha ocurrido tanto en Estados Unidos como en Rusia, y la actividad UAP en torno a las armas nucleares no es un problema del pasado, sino del presente.

 

Los críticos le reprochan haber guardado lo esencial para un libro que vende. ¿Por qué no presentarse en el Capitolio?

 

Lo hice durante dieciséis años. Fui de los primeros en informar al Congreso en la era moderna: empecé en 2007 con el senador Harry Reid y no paré hasta jubilarme. El libro ordena todo ese material, incluye casos sobre bases militares nunca tratados y describe las naves recuperadas.

 

La propia oficina de ovnis del Pentágono, AARO, no encontró pruebas de extraterrestres. Usted dice que están aquí.

 

Alguien se equivoca. Y creo que Estados Unidos pagará las consecuencias si la verdad no prevalece en este asunto. El mundo merece saber la verdad.

 

Todos aquí se preguntan: ¿son hostiles?

 

Desconocemos sus intenciones. Me entristece decirlo, pero después de más de 16 años analizando esto para el gobierno, y más de 20 años observándolo en general, desconocemos sus intenciones.

 

https://amzn.to/45PDAXn

 

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.