Fusibles
En Ciudad Real, una semana después de la tragedia de Urda, Santiago Abascal convierte una rueda de prensa en un mitin, llama "fusible" al nuevo ministro de Transportes y ve cómo los huevos lanzados contra él acaban cayendo sobre los periodistas.
I. EL SILENCIO
Hay semanas en que la campaña baja la voz sin que nadie se lo pida. Esta es una de ellas.
El miércoles 28 de octubre, un AVE de Renfe y un tren de Iryo chocaron entre Los Yébenes y Urda, en Toledo. Sesenta y nueve muertos. Viajeros de veintisiete nacionalidades. Durante días, España miró a esas vías y no a los atriles, y las crónicas de precampaña, esta también, tuvieron que esperar. No hay estilo que valga ante una cifra así. Solo cabe nombrarla y seguir.
Pero la política no se detiene, y una semana después el accidente ya es también un asunto político. Óscar Puente, que en los primeros días descartó dimitir, ha dejado el Ministerio de Transportes. Su sustituto es Carlos Cuerpo, vicepresidente del Gobierno. El funeral por las víctimas será el 12 de noviembre en la catedral de Toledo.
II. EL FUSIBLE
Y ahí llega Abascal, el miércoles 4 de noviembre, a la Plaza Mayor de Ciudad Real, a la una de la tarde, con una palabra preparada: fusible.
Cuerpo, dice, es "un fusible más". Una pieza que salta para que no se queme el circuito. Para que el presidente, sostiene, evite el banquillo y su responsabilidad. Porque el responsable, insiste, del accidente de Urda y de todo lo ocurrido en España en los últimos años, es Pedro Sánchez. Es una metáfora eléctrica y eficaz, de las que se entienden a la primera, y la elige precisamente para hablar de trenes.
¿Irá al funeral? No sabe dónde estará el 12 de noviembre, responde, pero está seguro de que habrá representación de Vox. Es una de esas respuestas que no dicen ni sí ni no y que, en plena campaña, dicen mucho del calendario de un candidato.
III. LA PLAZA
Sobre el papel era una convocatoria de prensa. Una declaración ante los medios, de las que se despachan en veinte minutos. Pero la Plaza Mayor de Ciudad Real no lo entendió así. ¡Se llenó! Simpatizantes hasta los soportales, banderas, coros contra el presidente del Gobierno, y según algún medio, megafonía improvisada para los que se quedaron en las calles de alrededor.
¿Cuántos? Aquí empieza la guerra de cifras de toda campaña. Más de mil personas, según la Policía Nacional. Tres mil, según Vox. Entre una cifra y otra cabe una plaza entera, y cada cual elegirá la suya. Lo que nadie discute es que la rueda de prensa dejó de serlo a los pocos minutos.
IV. LOS HUEVOS
Y entonces, el momento. Abascal está hablando de las pensiones. Repite que Vox jamás ha propuesto privatizarlas y acusa a Televisión Española de haber manipulado cortes de una intervención suya para asustar a los jubilados. Justo ahí, en esa frase, empiezan a caer.
¡Plof! ¡Plof! ¡Plof!
Huevos. Lanzados contra el candidato, pero que no alcanzan al candidato. Caen delante del atril, sobre los periodistas que cubren el acto, muchos de ellos sentados en el suelo con sus grabadoras y sus cámaras. Uno impacta en la cabeza de una periodista. La plaza responde con una pitada y busca con la mirada al autor. Abascal interrumpe la frase y señala: ya están aquí, dice, las milicias de Pedro Sánchez, lanzando huevos a los periodistas. Y pide disculpas a la prensa por lo ocurrido.
Hay que detenerse un segundo en la escena, porque lo dice todo. Alguien decide que un candidato no debe hablar en una plaza y le lanza huevos. Y los huevos caen sobre quienes estaban allí para contar lo que ese candidato decía. El ataque contra la libertad de expresión y contra la libertad de información, en un solo gesto. Quien lanza un huevo contra un acto público no está debatiendo: está intentando que otros no hablen y que otros no puedan contarlo. Que esta vez el proyectil acabara en el pelo de una periodista no es una casualidad del tiro. Es la metáfora exacta de lo que significa intentar silenciar a alguien.
Horas después, la Policía Nacional identificó al autor. Según la televisión autonómica, se trata de un adolescente que se coló en el acto.
V. CUENCA, A LAS SIETE
La caravana no se detuvo. Por la tarde, a las siete, Abascal tenía mitin en Cuenca. Otra plaza, otro atril, otras banderas. Castilla-La Mancha, esta semana, es la gira del candidato.
Quedan veinticinco días. Y en una plaza de Ciudad Real queda una mancha amarilla sobre los adoquines, que alguien limpiará con una manguera antes de que anochezca. Las otras manchas, las de este Gobierno que se va, van a costar más limpiar.
En Ciudad Real, una semana después de la tragedia de Urda, Santiago Abascal convierte una rueda de prensa en un mitin, llama "fusible" al nuevo ministro de Transportes y ve cómo los huevos lanzados contra él acaban cayendo sobre los periodistas.
I. EL SILENCIO
Hay semanas en que la campaña baja la voz sin que nadie se lo pida. Esta es una de ellas.
El miércoles 28 de octubre, un AVE de Renfe y un tren de Iryo chocaron entre Los Yébenes y Urda, en Toledo. Sesenta y nueve muertos. Viajeros de veintisiete nacionalidades. Durante días, España miró a esas vías y no a los atriles, y las crónicas de precampaña, esta también, tuvieron que esperar. No hay estilo que valga ante una cifra así. Solo cabe nombrarla y seguir.
Pero la política no se detiene, y una semana después el accidente ya es también un asunto político. Óscar Puente, que en los primeros días descartó dimitir, ha dejado el Ministerio de Transportes. Su sustituto es Carlos Cuerpo, vicepresidente del Gobierno. El funeral por las víctimas será el 12 de noviembre en la catedral de Toledo.
II. EL FUSIBLE
Y ahí llega Abascal, el miércoles 4 de noviembre, a la Plaza Mayor de Ciudad Real, a la una de la tarde, con una palabra preparada: fusible.
Cuerpo, dice, es "un fusible más". Una pieza que salta para que no se queme el circuito. Para que el presidente, sostiene, evite el banquillo y su responsabilidad. Porque el responsable, insiste, del accidente de Urda y de todo lo ocurrido en España en los últimos años, es Pedro Sánchez. Es una metáfora eléctrica y eficaz, de las que se entienden a la primera, y la elige precisamente para hablar de trenes.
¿Irá al funeral? No sabe dónde estará el 12 de noviembre, responde, pero está seguro de que habrá representación de Vox. Es una de esas respuestas que no dicen ni sí ni no y que, en plena campaña, dicen mucho del calendario de un candidato.
III. LA PLAZA
Sobre el papel era una convocatoria de prensa. Una declaración ante los medios, de las que se despachan en veinte minutos. Pero la Plaza Mayor de Ciudad Real no lo entendió así. ¡Se llenó! Simpatizantes hasta los soportales, banderas, coros contra el presidente del Gobierno, y según algún medio, megafonía improvisada para los que se quedaron en las calles de alrededor.
¿Cuántos? Aquí empieza la guerra de cifras de toda campaña. Más de mil personas, según la Policía Nacional. Tres mil, según Vox. Entre una cifra y otra cabe una plaza entera, y cada cual elegirá la suya. Lo que nadie discute es que la rueda de prensa dejó de serlo a los pocos minutos.
IV. LOS HUEVOS
Y entonces, el momento. Abascal está hablando de las pensiones. Repite que Vox jamás ha propuesto privatizarlas y acusa a Televisión Española de haber manipulado cortes de una intervención suya para asustar a los jubilados. Justo ahí, en esa frase, empiezan a caer.
¡Plof! ¡Plof! ¡Plof!
Huevos. Lanzados contra el candidato, pero que no alcanzan al candidato. Caen delante del atril, sobre los periodistas que cubren el acto, muchos de ellos sentados en el suelo con sus grabadoras y sus cámaras. Uno impacta en la cabeza de una periodista. La plaza responde con una pitada y busca con la mirada al autor. Abascal interrumpe la frase y señala: ya están aquí, dice, las milicias de Pedro Sánchez, lanzando huevos a los periodistas. Y pide disculpas a la prensa por lo ocurrido.
Hay que detenerse un segundo en la escena, porque lo dice todo. Alguien decide que un candidato no debe hablar en una plaza y le lanza huevos. Y los huevos caen sobre quienes estaban allí para contar lo que ese candidato decía. El ataque contra la libertad de expresión y contra la libertad de información, en un solo gesto. Quien lanza un huevo contra un acto público no está debatiendo: está intentando que otros no hablen y que otros no puedan contarlo. Que esta vez el proyectil acabara en el pelo de una periodista no es una casualidad del tiro. Es la metáfora exacta de lo que significa intentar silenciar a alguien.
Horas después, la Policía Nacional identificó al autor. Según la televisión autonómica, se trata de un adolescente que se coló en el acto.
V. CUENCA, A LAS SIETE
La caravana no se detuvo. Por la tarde, a las siete, Abascal tenía mitin en Cuenca. Otra plaza, otro atril, otras banderas. Castilla-La Mancha, esta semana, es la gira del candidato.
Quedan veinticinco días. Y en una plaza de Ciudad Real queda una mancha amarilla sobre los adoquines, que alguien limpiará con una manguera antes de que anochezca. Las otras manchas, las de este Gobierno que se va, van a costar más limpiar.





















