Un siglo de investigación científica revela que lo que antes llamábamos "platillos volantes" podría ser el fenómeno más importante de nuestra era
La nueva ciencia de lo inexplicable: Cómo los gobiernos del mundo han abandonado el secreto para abrazar el misterio de los ovnis
![[Img #28638]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/08_2025/9226_night-7498160_1280.jpg)
Era medianoche del 27 de agosto de 1979 cuando el oficial Val Johnson conducía por las carreteras rurales del oeste de Minnesota (Estados Unidos). Una luz en el cielo captó su atención —parecía la luz de aterrizaje de una aeronave. Se dirigió hacia ella para investigar. Lo que sucedió después cambiaría su vida para siempre.
"Se quedó ahí y parecía estar inmóvil. Pero cuando me acerqué más, ¡bum!, estaba justo ahí, ahora mismo. Escuché cristales rompiéndose, vi el interior del auto iluminarse con una luz blanca muy brillante. Era muy brillante, extremadamente brillante. Eso es todo lo que puedo recordar", relató Johnson.
Cuando despertó, 40 minutos después, su patrulla estaba perpendicular a la carretera, con el capó abollado, el parabrisas roto, un faro destrozado y la antena extrañamente doblada en un ángulo de 90 grados. Tanto el reloj del auto como su reloj personal se habían detenido durante 14 minutos antes de volver a funcionar. Johnson fue llevado al hospital y tratado por "quemaduras de soldadura" en los ojos.
Este no es un relato de ciencia ficción. Es uno de los miles de casos documentados que han llevado a una revolución silenciosa en la ciencia: el nacimiento del estudio académico de los Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés).
El despertar de los Gobiernos
Durante décadas, el tema de los "ovnis" fue relegado al reino de la pseudociencia y las teorías conspirativas. Pero en diciembre de 2017, todo cambió. The New York Times reveló la existencia del Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas (AATIP) del Pentágono, un programa secreto de 22 millones de dólares que había estado estudiando UAP durante seis años.
La revelación incluyó tres vídeos de la Marina estadounidense que mostraban objetos con características que desafían nuestra comprensión de la física: "aceleración súbita/instantánea, velocidad hipersónica sin firmas características, viaje transmedio, baja observabilidad o camuflaje, y sustentación positiva sin superficies de vuelo".
Luis Elizondo, quien dirigió el programa AATIP, fue claro: "AATIP sí encontró muchas cosas. Esto no fue solo un vistazo único al incidente del Nimitz. Hubo muchos incidentes que examinamos, y los examinamos de manera continua".
Un siglo de investigación secreta
Lo que el público no sabía es que los gobiernos del mundo habían estado estudiando estos fenómenos durante casi un siglo. Ahora, un nuevo trabajo de investigación, liderado por el físico Kevin H. Knuth de la Universidad de Albany y coautorizado por más de 40 expertos internacionales en el tema, revela por primera vez la verdadera extensión de estos esfuerzos.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del trabajo por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
Los "aviadores fantasma" de Escandinavia marcaron el comienzo oficial. En 1933, aeronaves desconocidas comenzaron a aparecer sobre el norte de Suecia, Noruega y Finlandia. Para marzo de 1934, se habían registrado 487 informes oficiales. El General Pontus Reuterswärd, del Ejército sueco, declaró: "No se puede negar que se ha estado produciendo una violación del espacio aéreo de nuestra nación".
Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos aliados reportaron los llamados "foo fighters" —objetos metálicos que acompañaban a sus aviones sin atacarlos —. Tres científicos prominentes fueron asignados para investigar: H.P. Robertson (Caltech), Luis Alvarez (UC Berkeley) y David Griggs (UCLA). Sus conclusiones fueron inquietantes: había algo real en las observaciones, y no estaba relacionado con tecnología japonesa ni alemana.
El verano que lo cambió todo
Pero fue en 1947 cuando el fenómeno explotó en la conciencia pública. Durante poco más de una semana a finales de junio y principios de julio, Estados Unidos experimentó una oleada sin precedentes de avistamientos ovni.
El 24 de junio, el piloto Kenneth Arnold observó nueve objetos "de tipo circular" cerca del Monte Rainier en Washington. Estimó que medían aproximadamente 100 pies de diámetro y volaban a una velocidad de 1,760 millas por hora —casi tres veces el récord mundial de velocidad aérea de la época.
Los datos compilados por el investigador Ted Bloecher revelan algo extraordinario: el promedio diario de avistamientos saltó de 7.20 ± 6.86 a un pico de 162 avistamientos el 6 de julio —un aumento de 22 desviaciones estándar por encima de la media de junio.
Los documentos militares no publicados de la época revelan la preocupación real de los oficiales estadounidenses:
"Esta situación de 'platillo volante' no es toda imaginaria. Algo realmente está volando por ahí" —30 de julio de 1947
"Los fenómenos reportados son algo real y no visionario o ficticio" —23 de septiembre de 1947
"Es la opinión considerada de algunos elementos que el objeto [sic] puede de hecho representar una nave interplanetaria de algún tipo" —28 de octubre de 1947
Las bolas de fuego verdes: Cuando los científicos se asustaron
En noviembre de 1948, comenzaron a reportarse extrañas bolas de fuego verdes sobre Nuevo México, especialmente cerca de instalaciones nucleares sensibles. El astrónomo Lincoln La Paz de la Universidad de Nuevo México fue llamado para investigar.
La noche del 5 de diciembre, múltiples pilotos reportaron encuentros extraordinarios. Un piloto de DC-3 vio una bola de fuego que "parecía más grande que la luna llena" aproximándose directamente a su avión. Temiendo una colisión frontal, tomó maniobras evasivas.
Lo que perturbó a La Paz fue que, a pesar de rastrear las trayectorias y estimar los sitios de impacto, nunca se encontraron meteoritos o evidencia de impactos. Además, las trayectorias eran demasiado planas y el color demasiado verde para ser meteoros normales.
En febrero de 1949, se organizó una conferencia con científicos de primer nivel: Joseph Kaplan (experto en física de la atmósfera superior), Edward Teller (responsable de la bomba de hidrógeno) y La Paz. La conclusión fue unánime: los fenómenos no podían explicarse como meteoros convencionales.
Clyde Tombaugh, el descubridor de Plutón, había observado tres bolas de fuego verdes durante la oleada y declaró que "eran inusuales en comportamiento comparado con las bolas de fuego verdes normales".
La conexión nuclear: Un patrón perturbador
Quizás el aspecto más inquietante revelado en la investigación es la correlación entre los ovnis y las instalaciones de armas nucleares. Robert Hastings ha estado estudiando incursiones UAP en sitios nucleares durante más de cincuenta años, habiendo entrevistado a más de 150 ex militares involucrados en tales casos.
Un memorando del FBI de enero de 1949 al Director J. Edgar Hoover, titulado "Protección de Instalaciones Vitales", detalla avistamientos de "aeronaves no identificadas" en instalaciones militares vitales:
"Durante los últimos dos meses se han reportado varios avistamientos de fenómenos inexplicados en las cercanías de la instalación A.E.C. [Comisión de Energía Atómica] en Los Álamos, Nuevo México, donde estos fenómenos ahora parecen estar concentrados".
Los datos compilados por el equipo de investigación de la Coalición Científica para Estudios Ovni muestran que la actividad UAP elevada se encontró en todas las tres clases de sitios atómicos y fue más notable en las instalaciones más tempranas de cada clase. La actividad comenzó durante la fase de construcción para algunos sitios y se intensificó cuando el sitio se volvió operacional.
Los eventos más notables involucran a ovnis suspendidos sobre silos de misiles ICBM nucleares, en algunos casos mientras los misiles son desconectados sin ser comandados para hacerlo. El más famoso de estos eventos son las incursiones de 1967 en los sitios de armas nucleares cerca de la Base Aérea Malmstrom, en Great Falls, Montana, que coincidieron con el cierre anómalo de casi veinte misiles nucleares.
El renacimiento científico
Después de décadas de descrédito, algo extraordinario está sucediendo: las universidades más prestigiosas del mundo están creando programas de investigación ovni.
En julio de 2021, Avi Loeb de Harvard estableció el Proyecto Galileo, diseñado para buscar artefactos extraterrestres en el sistema solar usando observatorios terrestres multimodales. "El objetivo es recopilar y analizar datos científicos sobre UAP", declaró Loeb.
La Universidad de Albany colabora en el tema ovni en lo que llaman un enfoque "agnóstico basado en estadísticas inspirado en la física de partículas". Su metodología es rigurosa: definen una "ambigüedad" como una coincidencia entre dos o más detectores a nivel de 3σ o más, mientras que una "anomalía" genuina requiere una coincidencia de 5σ —el mismo estándar usado por los físicos de partículas.
En Alemania, la Universidad Julius-Maximilians de Würzburg se convirtió en 2022 en la primera universidad occidental prominente en reconocer formalmente a los ovnis como un tema legítimo para la investigación académica.
Evidencia física: Más allá del testimonio
Contrario a la creencia popular, existe evidencia física sustancial. La química Phyllis Budinger ha pasado décadas analizando muestras relacionadas con encuentros ovni. Sus análisis revelan composiciones inusuales y efectos físicos que desafían explicaciones convencionales.
En el caso de Delphos, Kansas (1971), donde un objeto en forma de hongo estuvo suspendido sobre el suelo, el material depositado mostró propiedades hidrofóbicas que duraron meses. El análisis reveló ácido fúlvico y oxalato de calcio —sustancias que, cuando se exponen a un campo eléctrico ionizante, producirían quimioluminiscencia, explicando el brillo observado.
En Council Bluffs, Iowa (1971), un objeto suspendido dejó caer una masa fundida de metal que fue analizada por múltiples laboratorios. Los expertos de la Fuerza Aérea Espacial dieron cuatro razones por las que el material no era desechos espaciales artificiales: los desechos de naves espaciales que reingresan no impactan en estado fundido, la gran masa del material no dejó un cráter, el avistamiento visual fue solo a 500-600 pies donde no estaría brillando, y el material carecía de indicaciones estructurales.
El aspecto submarino: Una revelación sorprendente
Una de las revelaciones más fascinantes del estudio es la naturaleza transmedio de estos fenómenos. Los ovnis no solo vuelan; también operan bajo el agua con la misma facilidad.
Un encuentro histórico de 1887 cerca del Cabo Race, Terranova, describe cómo "una gran bola de fuego pareció elevarse del mar a una altura de unos cincuenta pies y venir directamente contra el viento cerca del barco". El objeto luego alteró su curso, siguió al barco durante una milla y media, antes de cambiar de curso nuevamente hacia el sureste contra el viento.
El vídeo del Departamento de Seguridad Nacional de 2013 sobre el Aeropuerto Rafael Hernández en Aguadilla, Puerto Rico, mostró un objeto elipsoidal que, después de volar sobre el aeropuerto, se dirigió hacia el mar donde se sumergió en el océano múltiples veces y viajó bajo el agua sin reducir significativamente la velocidad ni crear salpicaduras, ondas u otras perturbaciones.
La transformación del estigma
Quizás el cambio más significativo es la transformación del estigma científico. La Dra. Beatriz Villarroel, líder del proyecto VASCO, está utilizando un siglo de placas fotográficas astronómicas para identificar objetos transitorios. En 2021, su equipo descubrió nueve estrellas que aparecieron y desaparecieron en una sola exposición de 50 minutos en abril de 1950 —un fenómeno que no puede explicarse por ningún proceso astrofísico conocido.
"No hay fenómenos astrofísicos que puedan causar los nueve transitorios, y no se identificó ningún efecto instrumental como la causa raíz", declaró el equipo.
El futuro de la investigación
La investigación está entrando en una nueva era de sofisticación tecnológica. El Proyecto Galileo está desarrollando software que utiliza técnicas de reconocimiento de patrones para la identificación automática de objetos en movimiento en imágenes satelitales comerciales. Su objetivo es identificar objetos que exhiban velocidades, aceleraciones, tamaños o formas que se desvían de las esperadas de fenómenos naturales, vehículos comunes o proyectiles.
La inteligencia artificial jugará un papel vital. Como observó un investigador militar chino: "Los analistas humanos han sido abrumados en los últimos años por los informes de avistamientos que aumentan rápidamente... La fuerza de tareas del EPL dedicada a los objetos desconocidos depende cada vez más de la tecnología de IA para analizar sus datos".
Conclusión: Un nuevo paradigma científico
Lo que emerge de esta investigación masiva no es la confirmación de visitantes extraterrestres, sino algo quizás más importante: el reconocimiento de que hay fenómenos en nuestro mundo que la ciencia actual no puede explicar.
Como concluye el estudio: "Los ovnis son una clase de fenómenos desconocidos, y no una sola cosa. Por esta razón, los instrumentos utilizados para estudiarlos necesitan ser suficientemente diversos para poder proporcionar información útil sobre una amplia clase de fenómenos".
El cambio histórico decisivo que este trabajo documenta es el alejamiento de la "ufología" forense clásica hacia formas más estrictas de ciencia observacional y experimental conducida por científicos profesionales entrenados en universidades. Solo programas de investigación universitarios sustentados a largo plazo, transgeneracionales, dedicados a recopilar y analizar datos sobre ovnis, argumentan los autores, pueden romper el ciclo paradójico de desestimación en la ciencia dominante.
Estamos presenciando el nacimiento de una nueva disciplina científica. Y como con todos los grandes saltos en el conocimiento humano, las implicaciones son tanto emocionantes como profundamente perturbadoras. La pregunta ya no es si estos fenómenos son reales —la evidencia es abrumadora—. La pregunta es: ¿qué significan para nuestra comprensión del universo y nuestro lugar en él?
Este reportaje se basa en "The New Science of Unidentified Aerospace-Undersea Phenomena (UAP)", un trabajo de investigación de 2025 liderado por Kevin H. Knuth de la Universidad de Albany y coautorizado por más de 40 científicos e investigadores internacionales.
![[Img #28638]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/08_2025/9226_night-7498160_1280.jpg)
Era medianoche del 27 de agosto de 1979 cuando el oficial Val Johnson conducía por las carreteras rurales del oeste de Minnesota (Estados Unidos). Una luz en el cielo captó su atención —parecía la luz de aterrizaje de una aeronave. Se dirigió hacia ella para investigar. Lo que sucedió después cambiaría su vida para siempre.
"Se quedó ahí y parecía estar inmóvil. Pero cuando me acerqué más, ¡bum!, estaba justo ahí, ahora mismo. Escuché cristales rompiéndose, vi el interior del auto iluminarse con una luz blanca muy brillante. Era muy brillante, extremadamente brillante. Eso es todo lo que puedo recordar", relató Johnson.
Cuando despertó, 40 minutos después, su patrulla estaba perpendicular a la carretera, con el capó abollado, el parabrisas roto, un faro destrozado y la antena extrañamente doblada en un ángulo de 90 grados. Tanto el reloj del auto como su reloj personal se habían detenido durante 14 minutos antes de volver a funcionar. Johnson fue llevado al hospital y tratado por "quemaduras de soldadura" en los ojos.
Este no es un relato de ciencia ficción. Es uno de los miles de casos documentados que han llevado a una revolución silenciosa en la ciencia: el nacimiento del estudio académico de los Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés).
El despertar de los Gobiernos
Durante décadas, el tema de los "ovnis" fue relegado al reino de la pseudociencia y las teorías conspirativas. Pero en diciembre de 2017, todo cambió. The New York Times reveló la existencia del Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas (AATIP) del Pentágono, un programa secreto de 22 millones de dólares que había estado estudiando UAP durante seis años.
La revelación incluyó tres vídeos de la Marina estadounidense que mostraban objetos con características que desafían nuestra comprensión de la física: "aceleración súbita/instantánea, velocidad hipersónica sin firmas características, viaje transmedio, baja observabilidad o camuflaje, y sustentación positiva sin superficies de vuelo".
Luis Elizondo, quien dirigió el programa AATIP, fue claro: "AATIP sí encontró muchas cosas. Esto no fue solo un vistazo único al incidente del Nimitz. Hubo muchos incidentes que examinamos, y los examinamos de manera continua".
Un siglo de investigación secreta
Lo que el público no sabía es que los gobiernos del mundo habían estado estudiando estos fenómenos durante casi un siglo. Ahora, un nuevo trabajo de investigación, liderado por el físico Kevin H. Knuth de la Universidad de Albany y coautorizado por más de 40 expertos internacionales en el tema, revela por primera vez la verdadera extensión de estos esfuerzos.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del trabajo por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
Los "aviadores fantasma" de Escandinavia marcaron el comienzo oficial. En 1933, aeronaves desconocidas comenzaron a aparecer sobre el norte de Suecia, Noruega y Finlandia. Para marzo de 1934, se habían registrado 487 informes oficiales. El General Pontus Reuterswärd, del Ejército sueco, declaró: "No se puede negar que se ha estado produciendo una violación del espacio aéreo de nuestra nación".
Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos aliados reportaron los llamados "foo fighters" —objetos metálicos que acompañaban a sus aviones sin atacarlos —. Tres científicos prominentes fueron asignados para investigar: H.P. Robertson (Caltech), Luis Alvarez (UC Berkeley) y David Griggs (UCLA). Sus conclusiones fueron inquietantes: había algo real en las observaciones, y no estaba relacionado con tecnología japonesa ni alemana.
El verano que lo cambió todo
Pero fue en 1947 cuando el fenómeno explotó en la conciencia pública. Durante poco más de una semana a finales de junio y principios de julio, Estados Unidos experimentó una oleada sin precedentes de avistamientos ovni.
El 24 de junio, el piloto Kenneth Arnold observó nueve objetos "de tipo circular" cerca del Monte Rainier en Washington. Estimó que medían aproximadamente 100 pies de diámetro y volaban a una velocidad de 1,760 millas por hora —casi tres veces el récord mundial de velocidad aérea de la época.
Los datos compilados por el investigador Ted Bloecher revelan algo extraordinario: el promedio diario de avistamientos saltó de 7.20 ± 6.86 a un pico de 162 avistamientos el 6 de julio —un aumento de 22 desviaciones estándar por encima de la media de junio.
Los documentos militares no publicados de la época revelan la preocupación real de los oficiales estadounidenses:
"Esta situación de 'platillo volante' no es toda imaginaria. Algo realmente está volando por ahí" —30 de julio de 1947
"Los fenómenos reportados son algo real y no visionario o ficticio" —23 de septiembre de 1947
"Es la opinión considerada de algunos elementos que el objeto [sic] puede de hecho representar una nave interplanetaria de algún tipo" —28 de octubre de 1947
Las bolas de fuego verdes: Cuando los científicos se asustaron
En noviembre de 1948, comenzaron a reportarse extrañas bolas de fuego verdes sobre Nuevo México, especialmente cerca de instalaciones nucleares sensibles. El astrónomo Lincoln La Paz de la Universidad de Nuevo México fue llamado para investigar.
La noche del 5 de diciembre, múltiples pilotos reportaron encuentros extraordinarios. Un piloto de DC-3 vio una bola de fuego que "parecía más grande que la luna llena" aproximándose directamente a su avión. Temiendo una colisión frontal, tomó maniobras evasivas.
Lo que perturbó a La Paz fue que, a pesar de rastrear las trayectorias y estimar los sitios de impacto, nunca se encontraron meteoritos o evidencia de impactos. Además, las trayectorias eran demasiado planas y el color demasiado verde para ser meteoros normales.
En febrero de 1949, se organizó una conferencia con científicos de primer nivel: Joseph Kaplan (experto en física de la atmósfera superior), Edward Teller (responsable de la bomba de hidrógeno) y La Paz. La conclusión fue unánime: los fenómenos no podían explicarse como meteoros convencionales.
Clyde Tombaugh, el descubridor de Plutón, había observado tres bolas de fuego verdes durante la oleada y declaró que "eran inusuales en comportamiento comparado con las bolas de fuego verdes normales".
La conexión nuclear: Un patrón perturbador
Quizás el aspecto más inquietante revelado en la investigación es la correlación entre los ovnis y las instalaciones de armas nucleares. Robert Hastings ha estado estudiando incursiones UAP en sitios nucleares durante más de cincuenta años, habiendo entrevistado a más de 150 ex militares involucrados en tales casos.
Un memorando del FBI de enero de 1949 al Director J. Edgar Hoover, titulado "Protección de Instalaciones Vitales", detalla avistamientos de "aeronaves no identificadas" en instalaciones militares vitales:
"Durante los últimos dos meses se han reportado varios avistamientos de fenómenos inexplicados en las cercanías de la instalación A.E.C. [Comisión de Energía Atómica] en Los Álamos, Nuevo México, donde estos fenómenos ahora parecen estar concentrados".
Los datos compilados por el equipo de investigación de la Coalición Científica para Estudios Ovni muestran que la actividad UAP elevada se encontró en todas las tres clases de sitios atómicos y fue más notable en las instalaciones más tempranas de cada clase. La actividad comenzó durante la fase de construcción para algunos sitios y se intensificó cuando el sitio se volvió operacional.
Los eventos más notables involucran a ovnis suspendidos sobre silos de misiles ICBM nucleares, en algunos casos mientras los misiles son desconectados sin ser comandados para hacerlo. El más famoso de estos eventos son las incursiones de 1967 en los sitios de armas nucleares cerca de la Base Aérea Malmstrom, en Great Falls, Montana, que coincidieron con el cierre anómalo de casi veinte misiles nucleares.
El renacimiento científico
Después de décadas de descrédito, algo extraordinario está sucediendo: las universidades más prestigiosas del mundo están creando programas de investigación ovni.
En julio de 2021, Avi Loeb de Harvard estableció el Proyecto Galileo, diseñado para buscar artefactos extraterrestres en el sistema solar usando observatorios terrestres multimodales. "El objetivo es recopilar y analizar datos científicos sobre UAP", declaró Loeb.
La Universidad de Albany colabora en el tema ovni en lo que llaman un enfoque "agnóstico basado en estadísticas inspirado en la física de partículas". Su metodología es rigurosa: definen una "ambigüedad" como una coincidencia entre dos o más detectores a nivel de 3σ o más, mientras que una "anomalía" genuina requiere una coincidencia de 5σ —el mismo estándar usado por los físicos de partículas.
En Alemania, la Universidad Julius-Maximilians de Würzburg se convirtió en 2022 en la primera universidad occidental prominente en reconocer formalmente a los ovnis como un tema legítimo para la investigación académica.
Evidencia física: Más allá del testimonio
Contrario a la creencia popular, existe evidencia física sustancial. La química Phyllis Budinger ha pasado décadas analizando muestras relacionadas con encuentros ovni. Sus análisis revelan composiciones inusuales y efectos físicos que desafían explicaciones convencionales.
En el caso de Delphos, Kansas (1971), donde un objeto en forma de hongo estuvo suspendido sobre el suelo, el material depositado mostró propiedades hidrofóbicas que duraron meses. El análisis reveló ácido fúlvico y oxalato de calcio —sustancias que, cuando se exponen a un campo eléctrico ionizante, producirían quimioluminiscencia, explicando el brillo observado.
En Council Bluffs, Iowa (1971), un objeto suspendido dejó caer una masa fundida de metal que fue analizada por múltiples laboratorios. Los expertos de la Fuerza Aérea Espacial dieron cuatro razones por las que el material no era desechos espaciales artificiales: los desechos de naves espaciales que reingresan no impactan en estado fundido, la gran masa del material no dejó un cráter, el avistamiento visual fue solo a 500-600 pies donde no estaría brillando, y el material carecía de indicaciones estructurales.
El aspecto submarino: Una revelación sorprendente
Una de las revelaciones más fascinantes del estudio es la naturaleza transmedio de estos fenómenos. Los ovnis no solo vuelan; también operan bajo el agua con la misma facilidad.
Un encuentro histórico de 1887 cerca del Cabo Race, Terranova, describe cómo "una gran bola de fuego pareció elevarse del mar a una altura de unos cincuenta pies y venir directamente contra el viento cerca del barco". El objeto luego alteró su curso, siguió al barco durante una milla y media, antes de cambiar de curso nuevamente hacia el sureste contra el viento.
El vídeo del Departamento de Seguridad Nacional de 2013 sobre el Aeropuerto Rafael Hernández en Aguadilla, Puerto Rico, mostró un objeto elipsoidal que, después de volar sobre el aeropuerto, se dirigió hacia el mar donde se sumergió en el océano múltiples veces y viajó bajo el agua sin reducir significativamente la velocidad ni crear salpicaduras, ondas u otras perturbaciones.
La transformación del estigma
Quizás el cambio más significativo es la transformación del estigma científico. La Dra. Beatriz Villarroel, líder del proyecto VASCO, está utilizando un siglo de placas fotográficas astronómicas para identificar objetos transitorios. En 2021, su equipo descubrió nueve estrellas que aparecieron y desaparecieron en una sola exposición de 50 minutos en abril de 1950 —un fenómeno que no puede explicarse por ningún proceso astrofísico conocido.
"No hay fenómenos astrofísicos que puedan causar los nueve transitorios, y no se identificó ningún efecto instrumental como la causa raíz", declaró el equipo.
El futuro de la investigación
La investigación está entrando en una nueva era de sofisticación tecnológica. El Proyecto Galileo está desarrollando software que utiliza técnicas de reconocimiento de patrones para la identificación automática de objetos en movimiento en imágenes satelitales comerciales. Su objetivo es identificar objetos que exhiban velocidades, aceleraciones, tamaños o formas que se desvían de las esperadas de fenómenos naturales, vehículos comunes o proyectiles.
La inteligencia artificial jugará un papel vital. Como observó un investigador militar chino: "Los analistas humanos han sido abrumados en los últimos años por los informes de avistamientos que aumentan rápidamente... La fuerza de tareas del EPL dedicada a los objetos desconocidos depende cada vez más de la tecnología de IA para analizar sus datos".
Conclusión: Un nuevo paradigma científico
Lo que emerge de esta investigación masiva no es la confirmación de visitantes extraterrestres, sino algo quizás más importante: el reconocimiento de que hay fenómenos en nuestro mundo que la ciencia actual no puede explicar.
Como concluye el estudio: "Los ovnis son una clase de fenómenos desconocidos, y no una sola cosa. Por esta razón, los instrumentos utilizados para estudiarlos necesitan ser suficientemente diversos para poder proporcionar información útil sobre una amplia clase de fenómenos".
El cambio histórico decisivo que este trabajo documenta es el alejamiento de la "ufología" forense clásica hacia formas más estrictas de ciencia observacional y experimental conducida por científicos profesionales entrenados en universidades. Solo programas de investigación universitarios sustentados a largo plazo, transgeneracionales, dedicados a recopilar y analizar datos sobre ovnis, argumentan los autores, pueden romper el ciclo paradójico de desestimación en la ciencia dominante.
Estamos presenciando el nacimiento de una nueva disciplina científica. Y como con todos los grandes saltos en el conocimiento humano, las implicaciones son tanto emocionantes como profundamente perturbadoras. La pregunta ya no es si estos fenómenos son reales —la evidencia es abrumadora—. La pregunta es: ¿qué significan para nuestra comprensión del universo y nuestro lugar en él?
Este reportaje se basa en "The New Science of Unidentified Aerospace-Undersea Phenomena (UAP)", un trabajo de investigación de 2025 liderado por Kevin H. Knuth de la Universidad de Albany y coautorizado por más de 40 científicos e investigadores internacionales.






