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16 de Mayo

«Unite the Kingdom, Unite the West»: la nueva derecha internacional y el movimiento soberanista europeo tomará Londres en el sábado más tenso del año en Gran Bretaña

El movimiento que nació bajo la lluvia en Whitehall regresa más grande, más internacional y más incómodo para Downing Street


[Img #30471]El cartel lo dice todo con una franqueza que desafía cualquier ambigüedad: letras recortadas como si fueran el titular de un periódico de los años cuarenta, la Union Jack entretejida en la tipografía, y al pie, casi como una declaración de principios: «Unite the West». El Reino Unido ya no basta. Lo que Tommy Robinson y sus aliados han convocado para este sábado 16 de mayo en el centro de Londres no se presenta como una protesta callejera, sino como el primer acto de algo que sus organizadores describen como una cruzada —la palabra no es casual— de alcance occidental.

 

Faltan setenta y dos horas. Y Londres ya huele a tormenta.

 

El antecedente: el día que Whitehall se quedó pequeña

 

Para entender la magnitud de lo que se avecina, hay que volver al 13 de septiembre de 2025. Entre 110.000 y 150.000 personas se congregaron entonces en el centro de Londres para la primera marcha «Unite the Kingdom» (UTK). Scotland Yard desplegó más de mil agentes; los puentes sobre el Támesis quedaron colapsados durante horas; las pantallas del escenario transmitían en directo la intervención de Elon Musk desde el otro lado del Atlántico. Fue, por cualquier medida que se aplique, una demostración de fuerza sin precedentes en la historia reciente de la movilización popular británica.

 

Los organizadores califican lo de septiembre como la mayor concentración pro libertad de expresión al aire libre de la historia moderna del Reino Unido. Y ahora prometen superarlo.

 

El lema y la ambición

 

El acto del próximo 16 de mayo lleva el lema explícitamente cristiano «Four Nations. One Kingdom. Under God.» — «Cuatro naciones. Un reino. Bajo Dios» — una formulación que eleva el tono respecto al año pasado y coloca la dimensión religiosa en el centro del discurso, no como ornamento sino como columna vertebral.

 

Los organizadores lo anuncian como la mayor demostración de unidad y fortaleza nacional que este país haya presenciado jamás. Himnos han sido compuestos expresamente para la ocasión —una práctica inédita en la tradición de las manifestaciones británicas— y distribuidos entre los asistentes como si de una liturgia se tratase.

 

El movimiento UTK se presenta como ciudadano y popular, construido sobre la convicción de que cuando la gente ordinaria se reúne —informada, organizada y decidida— el cambio real ocurre. La retórica del «pueblo contra la élite» que alimenta tantos movimientos de este signo encuentra aquí una articulación particularmente elaborada.

 

La ruta: de Kingsway a Parliament Square

 

La Policía Metropolitana ha aprobado una ruta de marcha de casi tres kilómetros que parte de Euston y llega a Parliament Square pasando por Downing Street. El recorrido discurrirá por Kingsway, el Strand, Trafalgar Square, Whitehall y Parliament Square. Es, en su geometría, un paseo triunfal por los símbolos del poder británico: desde la universidad hasta el Parlamento, pasando por la residencia del Primer Ministro, el indecente y derrotado extrema izquierdista Keir Starmer.

 

La autorización policial no ha estado exenta de polémica. El mismo día, el 16 de mayo, está convocada en Londres la marcha del Día de la Nakba —que conmemora el 78 aniversario del desplazamiento palestino— y también se celebra la final de la Copa FA en Wembley. Tres concentraciones masivas simultáneas en una ciudad de nueve millones de habitantes. Los mandos policiales trabajan contra reloj para mantener las corrientes separadas.

 

El grupo Stand Up To Racism y diversas organizaciones izquierdistas convocaron también su propio acto, exigiendo un «fin a la complicidad de Gran Bretaña» en los conflictos de Oriente Medio y llamando a oponerse "al racismo y al fascismo". La contramanifestación del año pasado reunió a unos 5.000 participantes frente a los más de cien mil del acto principal. La diferencia de escala es, por sí misma, un dato político.

 

El preparativo diplomático: París y Los Ángeles

 

Lo que distingue la edición de 2026 de todas sus antecesoras es la elaborada arquitectura internacional que la sostiene. En las semanas previas al sábado, Tommy Robinson ha recorrido medio mundo.

 

A comienzos de mayo se celebró en París una reunión a puerta cerrada de figuras conservadoras y nacionalistas europeas bajo el lema «Make Europe Great Again». El encuentro, deliberadamente alejado de los focos para evitar perturbaciones, reunió a representantes de Alemania, Bélgica, la República Checa, Rumanía, Luxemburgo y Bulgaria, entre otros. Robinson pronunció el discurso principal y llamó a los presentes a sumarse a la manifestación londinense, argumentando que los movimientos conservadores europeos deben ir más allá de la política de partidos y construir formas de movilización popular a gran escala. Sus palabras fueron directas: «Ha llegado el momento de pasar de las protestas a una campaña amplia por el renacimiento del patrimonio judeocristiano de nuestro continente.»

 

La velada concluyó con un saludo del congresista republicano texano Brian Babin, quien describió la cooperación entre el movimiento MAGA norteamericano y la red MEGA europea como «un punto de inflexión histórico».

 

En abril, Robinson había hablado ante la American Freedom Alliance en un hotel de Los Ángeles. A comienzos de 2026, había protagonizado una gira por Estados Unidos que incluyó reuniones con influyentes figuras conservadoras y legisladores, una conferencia en la Universidad de Florida y una visita —por invitación— al Departamento de Estado norteamericano.

 

Los oradores confirmados y los vetados

 

El presentador norteamericano Glenn Beck ha confirmado su presencia en el escenario londinense. Beck, figura fundacional del movimiento Tea Party y uno de los comunicadores más influyentes de la derecha norteamericana, describió la convocatoria como algo que trasciende la protesta local: una posición de principios sobre el futuro de Europa y de Occidente en su conjunto.

 

Entre los oradores confirmados figuran también Laurence Fox, la activista Kellie-Jay Keen (conocida como Posie Parker), el denunciante del NHS Gary Harvey, el ex diputado Andrew Bridgen y el propio Tommy Robinson como anfitrión y conductor del acto.

 

Pero la lista de quienes no podrán subir al escenario resulta, políticamente, tan elocuente como la de quienes sí lo harán.

 

El Ministerio del Interior ha revocado la autorización de entrada al Reino Unido de siete oradores extranjeros invitados a la concentración, alegando que su presencia «no sería propicia para el bien público» por su historial de retórica incendiaria. Entre los vetados figuran el comentarista americano Joey Mannarino, la activista colomboamericana Valentina Gómez, la española Ada Lluch y la jurista neerlandesa Eva Vlaardingerbroek.

 

El caso de Vlaardingerbroek resulta especialmente llamativo: su autorización electrónica de viaje fue cancelada en enero de 2026, pocos días después de que publicara en X - Twitter una crítica al Primer Ministro Keir Starmer. La propia interesada hizo pública su expulsión del sistema ETA con ironía notable: «Llamadme loca, pero parece que están intentando sabotear este acto.»

 

El tiránico Primer Ministro Starmer lo había anunciado sin ambages: su gobierno impediría la entrada al país de los que llamó «agitadores». La medida ha abierto un debate jurídico y político sobre los límites del derecho de reunión y la libertad de expresión que difícilmente se cerrará con el fin de semana.

 

Un sábado con tres frentes

 

Londres afronta este sábado con la complejidad logística de quien debe arbitrar simultáneamente entre corrientes que se repelen. Tres manifestaciones, la final de Wembley, cien mil turistas habituales de fin de semana y una ciudad que tiene reflejos históricos para absorber la tensión pero también cicatrices recientes de cuando no lo consiguió.

 

La Policía Metropolitana ha impuesto condiciones a las rutas y puntos de concentración para «prevenir alteraciones graves del orden», una fórmula que en el lenguaje policial británico admite una interpretación muy amplia. El año pasado, 26 agentes resultaron heridos y hubo 25 detenidos en los choques entre manifestantes y contramanifestantes. Nadie en Scotland Yard quiere repetir aquello. Ni amplificarlo.

 

Lo que está en juego

 

Más allá de los discursos, los himnos y los carteles, lo que el 16 de mayo pondrá a prueba es algo que ningún gobierno occidental parece haber logrado articular todavía con claridad: cómo se responde democráticamente a una movilización que, en términos puramente numéricos, deja en anécdota a la mayoría de las protestas del arco parlamentario tradicional.

 

Las conversaciones del encuentro de París giraron en torno a la inmigración, la soberanía nacional, el apoyo a Israel, la oposición a Irán, la crisis energética europea y las sanciones a Rusia. Es un programa que, formulado en esos términos, coincide en buena parte con los temas que dominan la conversación política en cualquier capital europea. La diferencia está en el tono, en la intensidad y en la voluntad de salir a la calle a gritarlo.

 

Robinson lo ha formulado con la concisión del que lleva años afilando el mensaje: «Ha llegado el momento de pasar de las protestas a una campaña amplia por el renacimiento de nuestra herencia civilizatoria.»

 

Este sábado, en las calles entre Euston y Parliament Square, decenas de miles de personas responderán si están de acuerdo. Y el mundo debería tomar nota.

 

 

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