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Miércoles, 10 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:
Irlanda del Norte

Belfast en llamas: el intento de decapitación de un hombre por parte de un inmigrante sudanés desata una noche de violencia en las calles de la ciudad

Cientos de encapuchados incendiaron autobuses, coches y viviendas, atacaron negocios de inmigrantes y bloquearon carreteras en Belfast y otras ciudades de Irlanda del Norte. Las llamas se encendieron pocas horas después de que el vídeo del ataque del lunes se viralizara en las redes sociales.

 

[Img #30670]Belfast ardió anoche. No lo hicieron las llamas del azar, sino las de una furia orquestada que llevaba horas incubándose en las pantallas antes de saltar a las calles. El detonante fue el vídeo del ataque de la noche anterior en Kinnaird Avenue: un hombre sudanés de 30 años acuchillando brutalmente a un vecino en plena calle. El combustible, la misma mezcla de siempre: indignación antiinmigracionista y redes sociales, y una ira que en Irlanda del Norte lleva años buscando un cauce.

 

Antes de que cayera la tarde del martes, las convocatorias se multiplicaban en X, antes Twitter. Entre los que avivaron las brasas se encontraba Elon Musk, propietario de la red social, que reposteó una llamada a la movilización del activista soberanista Tommy Robinson,   acompañándola del mensaje: "¡Solo protestando de manera REPETIDA y RUIDOSA habrá algún cambio!". La mayoría de los puntos de concentración convocados en la Gran Bretaña continental no llegaron a materializarse, pero varios de los anunciados para Irlanda del Norte resultaron ser precisos.

 

Al caer la noche, cientos de manifestantes, muchos de ellos enmascarados, comenzaron a concentrarse en distintos puntos de Belfast. Prendieron fuego a un autobús y varios vehículos, y bloquearon carreteras. El humo se elevó desde distintas partes de la ciudad, sobrevolada por helicópteros de la policía.

 

En la Newtownards Road, los amotinados empujaron contenedores de basura en llamas contra un autobús Glider, prendiéndolo fuego. En Lendrick Street, varios coches ardieron y las llamas alcanzaron viviendas, obligando a evacuar a sus residentes. Hombres enmascarados reventaron a patadas puertas y ventanas de casas y negocios, tomando como objetivo tiendas de propietarios extranjeros, entre ellas un supermercado de productos de Oriente Próximo y una barbería turca. Se establecieron controles ilegales en algunas calles y se lanzaron cócteles molotov contra coches de policía.

 

En Lendrick Street, los bomberos del Servicio de Incendios y Rescate de Irlanda del Norte tuvieron que evacuar a varios residentes de sus casas en llamas. Translink, la operadora de transporte público, suspendió todos sus servicios de metro, autobús y tren en Belfast y sus alrededores, condenando el ataque a su flota. Los disturbios no se limitaron a la capital: un coche de policía fue incendiado en Portadown y el tráfico quedó bloqueado en Derry por grupos de manifestantes enmascarados. Las protestas se extendieron además a Glasgow, Edimburgo y Southampton.

 

La respuesta política fue unánime en el rechazo. La primera ministra Michelle O'Neill no dejó lugar a dudas: "Grupos de hombres enmascarados que expulsan familias de sus hogares a fuego es pura cobardía disfrazada", escribió en X, antes de añadir que el ataque de la noche anterior fue "atroz e injustificable", pero que "hay intentos peligrosos de explotar esa tragedia para atacar a personas inocentes que simplemente intentan vivir, trabajar y criar a sus familias aquí".

 

La viceministra Emma Little-Pengelly fue igualmente directa: "La violencia no hace avanzar ninguna causa, la perjudica. Destruir cosas dentro de tu propia comunidad no beneficia a nadie. Descargar la frustración sobre quienes no tuvieron ninguna parte en lo ocurrido es radicalmente injusto".

 

La parlamentaria de Belfast Claire Hanna, siempre silente ante los ataques de inmigrantes a los ciudadanos, fue muy rotunda en su diagnóstico: "Lo que estáis viendo es un pogrom racista", dijo a la siempre proinmigracionista BBC. Describió cómo "actores en internet y algunos políticos locales están explotando la tragedia para incitar a la violencia y sembrar la división".

 

Los disturbios de este martes no surgieron de la nada. Irlanda del Norte vivió más de una semana de disturbios en junio de 2025, tras la acusación de dos adolescentes de habla rumana por el presunto intento de violación de una escolar en Ballymena. Los cargos fueron retirados posteriormente por falta de pruebas, pero la violencia antiinmigrante ya se había extendido a otras localidades, con decenas de casas atacadas y algunos vecinos que optaron por poner carteles de "aquí viven lugareños" en sus ventanas para disuadir a los amotinados.

 

El patrón se repite: un incidente real, una red que lo difunde, indignación que estalla y una minoría dispuesta a traducirlo todo en violencia callejera. Esta mañana, Translink anunció la reanudación de los servicios, aunque advirtió de retrasos y alteraciones por los escombros acumulados en carreteras y vías de tren. Belfast amanece con humo en algunas calles y la misma pregunta de siempre: hasta cuándo la violencia inmigracionista continuará alterando la vida cotidiana de la sociedad británica.

 

 

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