Se reanuda la precampaña electoral
Aún en pleno impacto de la tragedia ferroviaria de Urda se reanuda la precampaña electoral. No ignoremos que aunque no haya comenzado la campaña propiamente dicha, desde el momento mismo de la convocatoria de elecciones, las maquinarias de los partidos se ponen a trabar como si los comicios fueran al día siguiente. Ahora, con un elemento más de confrontación: la tragedia que ha costado 69 vidas y que tiene conmocionada a la ciudadanía.
No será por falta de acontecimientos relevantes que polaricen la atención de los electores: desde la subida de las pensiones, hasta la ley de nietos, pasando por la invasión de Ceuta o el coste de la vivienda. Este último caso era hasta el presente el caballo de batalla al que se subía el PSOE y le permitía una ligera remontada demoscópica ante sus adversarios.
Pero lo que son las cosas. En un santiamén la preocupación de los ciudadanos ha cambiado temporalmente de escenario y la seguridad del tráfico ferroviario se ha convertido en un problema mayúsculo que absorbe todo su interés. La prueba la tenemos en los sondeos de opinión, que han penalizado por la tragedia al partido socialista y han permitido un ligero repunte del PP.
Claro que como decíamos, pese a su carácter estructural, éste es un fenómeno que se diluye en el tiempo y que será sustituido por nuevos temas de interés. No olvidemos, por ejemplo, que el día 11 tenemos la huelga general por el coste de la vida y que su devenir condicionará la actitud de los electores.
Estamos, pues, metidos de hoz y coz, en plena campaña preelectoral y ésta es tan cambiante como lo sea el último hecho que tenga que ver con ella. De aquí al día 29 pueden pasar muchas cosas, aparte de permanecer en la conciencia el desastre de Urda, la situación de Ceuta o el problema de la vivienda y por eso la confrontación va a ser a cara de perro. Las encuestas dan, a fecha de hoy, otorgan una apreciable ventaja a la derecha con posibilidades bien reales de alcanzar la mayoría absoluta. Pero harían bien PP y Vox en no confiarse, pues acabamos de ver el impacto que un acontecimiento imprevisto puede tener en las expectativas electorales.
Aún en pleno impacto de la tragedia ferroviaria de Urda se reanuda la precampaña electoral. No ignoremos que aunque no haya comenzado la campaña propiamente dicha, desde el momento mismo de la convocatoria de elecciones, las maquinarias de los partidos se ponen a trabar como si los comicios fueran al día siguiente. Ahora, con un elemento más de confrontación: la tragedia que ha costado 69 vidas y que tiene conmocionada a la ciudadanía.
No será por falta de acontecimientos relevantes que polaricen la atención de los electores: desde la subida de las pensiones, hasta la ley de nietos, pasando por la invasión de Ceuta o el coste de la vivienda. Este último caso era hasta el presente el caballo de batalla al que se subía el PSOE y le permitía una ligera remontada demoscópica ante sus adversarios.
Pero lo que son las cosas. En un santiamén la preocupación de los ciudadanos ha cambiado temporalmente de escenario y la seguridad del tráfico ferroviario se ha convertido en un problema mayúsculo que absorbe todo su interés. La prueba la tenemos en los sondeos de opinión, que han penalizado por la tragedia al partido socialista y han permitido un ligero repunte del PP.
Claro que como decíamos, pese a su carácter estructural, éste es un fenómeno que se diluye en el tiempo y que será sustituido por nuevos temas de interés. No olvidemos, por ejemplo, que el día 11 tenemos la huelga general por el coste de la vida y que su devenir condicionará la actitud de los electores.
Estamos, pues, metidos de hoz y coz, en plena campaña preelectoral y ésta es tan cambiante como lo sea el último hecho que tenga que ver con ella. De aquí al día 29 pueden pasar muchas cosas, aparte de permanecer en la conciencia el desastre de Urda, la situación de Ceuta o el problema de la vivienda y por eso la confrontación va a ser a cara de perro. Las encuestas dan, a fecha de hoy, otorgan una apreciable ventaja a la derecha con posibilidades bien reales de alcanzar la mayoría absoluta. Pero harían bien PP y Vox en no confiarse, pues acabamos de ver el impacto que un acontecimiento imprevisto puede tener en las expectativas electorales.


















