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Pedro Chacón
Sábado, 29 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

La miseria moral de dos españoles al frente del PNV

Si el nacionalismo vasco es una anomalía histórica, producto del supremacismo de un individuo que se consideraba mejor que el resto de los españoles de su tiempo, básicamente por tener unos apellidos eusquéricos (no todos) que como mucho se remontarían al siglo XIV, cuando la gente normal y corriente empezó a apellidarse, no antes. Si esto es así, como digo, entonces el hecho de que a la cabeza del nacionalismo vasco estén ahora unas personas que no solo no tienen nada que ver con lo que el fundador del nacionalismo consideraba vasco sino que, encima, son la representación viviente de los que dicho personaje consideraba precisamente los antivascos, esto es, los españoles que empezaron a venir al País Vasco cuando Sabino Arana comenzó su patético proselitismo, y a quienes este veía como una lacra para el país de la que había que alejarse y a la que había que aislar como si fueran unos apestados. Si todo esto es así, como efectivamente lo es, entonces es que aquí tenemos un problema muy gordo de comprensión histórica y sobre todo de saber quién es cada uno.

 

Tendrían que haber visto esta mañana la cobertura que la televisión pública vasca ha hecho del acto en Guernica con la asistencia del Rey, el presidente de Alemania y demás autoridades. Han llegado a referirse incluso a una calle que hay en Berlín, en recuerdo de la legión Cóndor y que se llama calle España y que tiene una plaza que se llama plaza Guernica. Ha salido hablando la directora de una Euskal Etxea de allí. Lo de la plaza Guernica no le parecía mal, pero lo de la calle España es superior a sus fuerzas. Ha llegado a decir que le parece fascista que exista una calle en Berlín que se llame así. Se ve que con decir esas estupideces justifica el puesto. Habría que recordarle todas las calles y plazas que en el País Vasco francés, sin ir más lejos, llevan el nombre de España. Yo las tengo todas reseñadas en un artículo de El balle del ziruelo que se titula “Cuando Bilbao se quedó sin Plaza de España”.

 

Voy a empezar por relatarles los últimos movimientos de ese lendacari tan singular apellidado Pradales para que vean hasta qué punto este individuo está desnortado y no sabe ni quién es, ni quién fue su familia, ni quiénes fueron sus antepasados, ni qué es lo que él hace aquí, ni, sobre todo, para quién trabaja y se desvive a diario desde el palacete de Ajuria Enea donde reside habitualmente, en Vitoria, capital de Álava.

 

El viernes pasado se descolgó en el Parlamento Vasco demandando al Estado español un acto de desagravio por el bombardeo de Guernica. Esta es una petición que ya empezó a demandar en su momento, hace tres años, el anterior lendacari Iñigo Urkullu. Aquí sería importante precisar, cuando los nacionalistas demandan esa petición de perdón, si se refieren a España como país, al Estado español o al Gobierno de España. Porque si es a España como país, entonces todos tendríamos que pedir perdón a Guernica por el bombardeo. Aunque en la cabeza truculenta y delirante de los nacionalistas España es solo una cosa que hay del Ebro para abajo, quizás personificada en Madrid, vete a saber. Que pida perdón Isabel Díaz Ayuso a lo mejor es lo que quisieran. Seguramente que sí. O el presidente del PP o el de Vox o los dos a la vez. Si se refieren al Estado español, en cambio, aquí la cosa varía. Ya hablamos de una entidad, de una institución, de una estructura jurídico-política a cuyo frente está el Rey Felipe VI. Y aquí viene lo bueno porque ese viernes pasado, cuando Pradales hizo esa petición en el Parlamento, ya sabía que la visita del presidente alemán se iba a producir y ya debía saber también que el Rey Felipe VI iba a estar en los actos de Guernica. Y no solamente eso sino que ya sabía también que le habían invitado desde la Zarzuela a asistir al Palacio Real de Madrid a una cena de gala con el presidente de Alemania. Todo eso sabía ya el lendacari Pradales cuando hizo esas manifestaciones el pasado viernes. Y si sabía todo eso, ¿no sabía que el Rey Felipe VI iba a estar también con el presidente alemán en Guernica? Porque si lo sabía y aun así dijo lo de la petición de perdón, estaríamos ante una demostración de soberbia típica del nacionalismo, que quiso adelantarse a lo que sin duda sabía que iba a ocurrir y en lo que quería adelantarse por la mano y dar su peculiar versión de los acontecimientos. Para que la gente no interprete que el Rey viene a Guernica de motu propio, acompañando al presidente alemán a mostrar su repulsa conjunta por aquel bombardeo sobre la población civil, al lendacari Pradales se le ocurrió hacer como que le presionaba, en una pose muy típica del nacionalismo vasco, para que se sepa quién manda aquí, como queriendo demostrar que son alguien en el concierto internacional, cuando apenas son una minoría, no diré que insignificante en Europa, pero casi casi. Ahí está la muestra más evidente de esa miseria moral de la que hablamos en el título. Sabiendo que el Rey iba a venir a Guernica, se ponen ahora a decir lo de que España pida perdón y así todo el acto quedará impregnado del inconfundible tufo nacionalista supremacista que quiere hacer ver que aquí son ellos los que deciden quién tiene que pedir perdón y a quién hay que pedírselo. El caso es que cuando ya sabía que el Rey de España iba a venir a Guernica, este lendacari llamado Pradales recordó lo de que España tiene que pedir perdón, no vaya a ser que venga sin que nadie se lo haya pedido y decida hacer un acto de reconocimiento a las víctimas del bombardeo en nombre de toda España junto con el presidente de Alemania. Que es lo que efectivamente ha ocurrido, dicho sea de paso. Pero eso no pueden aguantarlo en el nacionalismo: que alguien venga sin tener que pedir permiso y haga lo que ha hecho el Rey en Guernica.

 

Y, por último, si la petición de perdón es al Gobierno de España, pues ahí tiene a Sánchez, a ver qué dice. Aunque después de todo lo que le han sacado (palacete de París incluido), no creo que estén en disposición de pedirle más, al menos de momento. Aunque en este punto de pedir, los nacionalistas no tienen medida porque son de aquella clase de gente que se cree merecerlo todo, por una extraña razón que solo ellos conocen y nadie más.

 

Pero, fuera aparte de estas precisiones protocolarias en cuanto al destinatario de la petición de perdón, la pregunta es: quién se cree que es este lendacari llamado Pradales para andar exigiendo que alguien pida perdón por el bombardeo de Guernica. Pero qué pasa aquí. ¿Qué se cree, que Guernica es suya, que él representa a todos los guerniqueses? Para eso, como dijimos en un artículo anterior de esta serie, de El balle del ziruelo, titulado “La petición de perdón del PNV a Guernica”, escrito hace tres años con motivo de aquella anterior demanda a España para que pidiera perdón del lendacari Urkullu, para eso tendría que pedir primero el fundador de su partido, Sabino Arana, perdón a los guerniqueses, a los que trató a baqueta toda su vida porque no le siguieron el juego cuando los primeros nacionalistas, que eran cuatro entonces, montaron aquel pollo de quemar una bandera de España en Guernica en la fiesta de San Roque del 16 de agosto de 1893. Y aparte del PNV y de su fundador, también le tendríamos que exigir a él mismo, Imanol Pradales, que pidiera también perdón por representar un movimiento como el nacionalismo que lo único que ha traído al País Vasco es pobreza intelectual, miseria moral y falta de futuro para las siguientes generaciones, convirtiendo esta bonita región del norte de España en un páramo de expectativas vitales frustradas, de donde los jóvenes se van. Un auténtico agujero negro de la alegría de vivir es en lo que ha convertido al País Vasco esta plaga nacionalista que nos ha caído encima.

 

Que les pregunte a sus abuelos, ya que sus padres parece ser que fueron los que le inculcaron el nacionalismo. Que les pregunte a sus abuelos, a los de la Ribera de Duero burgalesa, a otro abuelo que tiene de Valladolid y a otro de Cantabria. Que les pregunte, si pueden oírle, a ver qué les parece que él ande ahora exigiéndole a España que pida perdón a los vascos por el bombardeo de Guernica. Pensarán, desde sus tumbas en tierra recia castellana, que su nieto está trastornado. Qué pensarán desde su tumba esos abuelos castellanos de pura cepa ante una pregunta así de alguien que viene de su misma sangre y que les ha salido tan ajeno y tan distante a todo lo que ellos significan, junto con todos los demás antepasados de su estirpe y que representan lo que España ha sido desde siempre. Pero es que para eso dice Pradales que el nacionalismo vasco que él profesa es inclusivo y democrático, para poderse olvidar de todo lo que representan todos sus abuelos.

 

El siguiente movimiento de Pradales fue un par de días después, el domingo, yendo en procesión anual a la tumba del fundador del nacionalismo vasco, Sabino Arana, en Pedernales, anteiglesia vizcaína que fue rebautizada por estos nacionalistas y que ahora se llama Sukarrieta. Allí fueron los dos maquetos principales del PNV, Aitor Esteban Bravo e Imanol Pradales Gil, encabezando la comitiva y poniendo luego un gran ramo de flores en la tumba del prócer, encima de la lápida que ya no se veía de tantas coronas y ramos como tenía encima. Allí fue donde Aitor Esteban se refirió a los de la izquierda abertzale para decirles que los verdaderos antifascistas son ellos, los del PNV. Y que si los de Bildu quieren también ser antifascistas auténticos, pues entonces que se pongan a la cola, como debió de decir Manuel de Irujo, un nacionalista histórico, de los principales, de la época de José Antonio Aguirre, refiriéndose a unos falangistas de su tiempo. Ahí se ve cómo compiten las dos familias nacionalistas entre sí a ver quién es más antifascista y de paso más antiespañol.

 

Entonces comprendimos que este acto de Pedernales quedaba en medio de las declaraciones de Imanol Pradales del viernes y de los actos con el presidente de Alemania y con el Rey de España en Madrid y Guernica de esta semana y que por ello tenía toda la pinta de que había sido una demostración para marcar vena ortodoxa nacionalista y ponerse estupendo con lo de la petición de perdón.

 

Y así llegamos a este viernes, donde el que más se ha distinguido por su miseria moral es otro español que ahora está al frente del PNV, un tal Aitor Esteban Bravo, de quien conocemos sus orígenes sorianos por parte de madre, aunque no conocemos los orígenes por parte de padre, aunque tiene toda la pinta que de Arbácegui o alrededores no parece que sean precisamente. Este señor se ha despachado a gusto diciendo que el Rey de España, a pesar de que ha estado, esta mañana de viernes en que escribo estas líneas, ofreciendo un respeto por las víctimas del bombardeo de Guernica junto con el presidente alemán, no ha pedido perdón en nombre de España y además se trata de un Rey puesto por el régimen de Franco. Para este Aitor Esteban parece que los gestos no cuentan, necesita una declaración por escrito. Como si él fuera el representante supremo de las víctimas de aquel bombardeo. O como si el régimen político español entero, con el PNV incluido, no fuera una continuación, por medio de una Transición política, del régimen anterior. Como si la situación en el País Vasco que vivimos a partir de 1978 no fuera toda ella una continuación del régimen anterior, como si él mismo no fuera una continuación de la persona que se llamaba Aitor Esteban Bravo y que nació en el régimen anterior. Estos nacionalistas no solo pretenden cambiarnos la historia sino hacer que desaparezcan periodos enteros de la misma. Por debajo de todo ello lo único que hay es miseria moral, alma disfrazada, o mejor dicho encapuchada, para no querer ver lo que verdaderamente hay dentro. Y dentro lo que hay es un español que ha decidido no serlo. Él sabrá por qué. Lo único cierto es que, por mucho que se esfuerce, se le sigue notando a kilómetro de distancia que lo es, como al otro, a Pradales, y se les notará mientras vivan.

 

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